NO AL 2x1 - Basta de domiciliarias a los genocidas! * SI NO HAY JUSTICIA... HAY ESCRACHE * A dónde vayan los iremos a buscar!

martes, 19 de septiembre de 2017

11 AÑOS SIN JORGE JULIO LOPEZ.

11 AÑOS DE IMPUNIDAD Y ENCUBRIMIENTO ESTATAL.
Por HIJOS La Plata


Jorge Julio López fue desaparecido por segunda vez hace 11 años, en las vísperas de los alegatos del primer juicio oral que condenó al genocida Miguel Etchecolatz, Director General de Investigaciones de la policía bonaerense durante la dictadura. López fue un testigo fundamental para probar los crímenes cometidos por Etchecolatz y otros integrantes de la bonaerense en los Centros Clandestinos de Arana, Comisaría 5ta, Comisaría 8va y en la Unidad 9 del Servicio Penitenciario Bonaerense.
Desde aquel 18 de septiembre de 2006 la lucha y la movilización por su aparición con vida ha sido incesante. La causa judicial que estuvo cargo de los jueces Arnaldo Corazza y Manuel Blanco, en cambio, acumula millares de fojas y expedientes paralelos con cientos de declaraciones, sin ningún resultado. Por su parte, el gobierno de Néstor Kirchner y luego el de Cristina Fernandéz, cubrió con un manto de silencio el caso, transformándose en cómplices del encubrimiento, junto a los gobernadores Felipe Solá y Daniel Scioli, y el Poder Judicial.
Con el secuestro de López los genocidas intentaron hacer caer los alegatos e impedir la condena de un fallo histórico. No pudieron. Intentaron reinstalar el miedo para que los juicios no continuaran. No pudieron. No solo fue la desaparición de López, también asesinaron a Silvia Suppo y hubo una avalancha de amenazas a sobrevivientes, jueces, miembros de organizaciones sociales y políticas.
Ninguno de estos hechos fue esclarecido. Lo que siguió fue una larga cadena de impunidad para ocultar a los autores materiales e intelectuales del secuestro y para encubrir la complicidad estatal en todas sus instancias. Hicieron todo lo necesario para que a 11 años el compañero siga desaparecido y no haya ni un solo culpable preso ni procesado. Sin embargo ninguna amenaza fue suficiente para frenar el reclamo en los tribunales y en las calles exigiendo Justicia.

CONTINUAMOS LA DENUNCIA
Además de estar todos los 18 en las calles de La Plata, en Mayo de 2014 desde el espacio Justicia Ya La Plata, que nuclea a organismos de Derechos Humanos independientes del Estado y los gobiernos, llevamos la causa López ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA. Agotadas las vías locales, al año siguiente repetimos el reclamo en el sistema internacional de DDHH, ante el grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas de la ONU con una lista detallada de los más de 210 casos de desaparición forzada en desde el '83 a esa fecha.
En ambas presentaciones afirmamos que el Estado argentino no aseguró las condiciones necesarias para avanzar en la obligación de asegurarles a las víctimas una investigación seria y objetiva que permita determinar todas las responsabilidades del caso vinculadas con el accionar ilegítimo por parte de los distintos funcionarios públicos.
El 28 de agosto pasado, tras 3 años de plazo, la CIDH notificó que se remitió nuestra denuncia al Estado Argentino, por el plazo de 90 días para que responda qué hizo en la causa Lopez desde 2006 hasta ahora. El macrismo seguramente eludirá el tema y dirá que fue parte de la “herencia recibida”. Sin embargo hoy deben responder como titulares del poder de turno.
El Estado argentino posee dos condenas clave de la CIDH en cuanto a crímenes cometidos por sus fuerzas de seguridad: en 2003 por el caso Walter Bulacio y la continuidad de las detenciones policiales arbitrarias; y en 2011 por el caso de Iván Torres y la continuidad de las desapariciones forzadas en gobiernos constitucionales. Ambos casos tuvieron consecuencias tardías y ambiguas: en el caso Bulacio una condena mínima al responsable de la razzia, Comisario Miguel Espósito, por la detención y no por las torturas seguidas de muerte a Walter, y la puesta al descubierto de la persistencia e incremento de normas y prácticas que facultan a la policía a detener personas más allá de la flagrancia o la orden judicial. En el caso Iván Torres un juicio fragmentado, al que su madre denuncia como una farsa, y la condena con penas mínimas (aunque sí por el delito de desaparición forzada de persona) a sólo 2 de los policías de Chubut que desaparecieron a Iván, más la modificación obligada del Código Penal incluyendo en el artículo 142 ter la figura de desaparición forzada de persona.
A 34 años de concluida la dictadura el Estado argentino sigue propiciando las condiciones para que se produzcan las desapariciones forzadas, esto es, sigue favoreciendo las detenciones ilegales y arbitrarias, y la negación de esas detenciones.
Este año nos encontró enfrentando la provocación del gobierno ajustador macrista de, además de convalidar con su Corte Suprema el 2x1 a los genocidas, intentar darle la libertad de irse a su casa al asesino Miguel Etchecolatz. La inmediata denuncia y la masiva respuesta popular puso al desnudo la maniobra de otorgar semejante beneficio a este genocida. El gobierno y la justicia tuvieron que retroceder. Haber frenado la domiciliaria a Etchecolatz es un gran triunfo porque si pasaba abría la puerta para que se la den a muchos represores más. Más de los 530 que ya gozan de ese beneficio. Hasta ahora tuvimos una política de juicios fragmentados y a cuenta gotas, por pocos casos y contra pocos genocidas, llegando a que los represores mueran sin condena. Esto es la impunidad biológica. Ahora quieren imponer la impunidad de las domiciliarias, donde no va a importar si los genocidas son condenados porque van a estar tranquilos en sus casas. Si esto ocurre, los juicios se transformarán en un mero trámite simbólico sin mayores consecuencias para los peores asesinos de nuestra historia.
Sumado a esto, tuvimos que asistir también a la repudiable decisión de la corte macrista que quiso otorgarles a los genocidas el beneficio del 2 x 1, premiándolos con la reducción de sus condenas. Pero una vez más con las masivas movilizaciones en todo el país los jueces debieron  revocar el escandaloso fallo.

LA HISTORIA SE REPITE
Hace más de un mes que  Santiago Maldonado fue desaparecido por el Estado, luego de la brutal represión de Gendarmería al interior de la Lof en ResistenciA de Cushamen (Chubut).
Desde el primer momento que a Santiago lo secuestró la gendarmería, y que por lo tanto el Presidente Macri, la Ministra Patricia Bullrich, el Jefe de gabinete del Ministerio de Seguridad, Pablo Noceti, y el juez Federal Otranto, que mandó el operativo y ahora dice investigarlo, son los responsables directos de su desaparición forzada.
Es completamente repudiable el rol que cumplió la Ministra desde que sucedió el hecho, defendiendo impunemente a la gendarmería y a su propia política represiva que tanto ella como Noceti llevaron adelante en la comunidad Mapuche.
Los mecanismos de encubrimiento con los que el gobierno trata de tapar lo sucedido, son iguales a los que utilizó el Kirchnerismo para encubrir la desaparición de Jorge Julio López: la negación, el silencio y el encubrimiento. Se plantan continuamente todo tipo de pistas falsas, se investiga a Santiago en lugar de investigar el accionar de la Gendarmería. Se orquesta una tremenda operación de prensa que apunta a deslindar la responsabilidad que tiene el gobierno en la desaparición de Santiago. Y se estigmatiza a las comunidades Mapuches de usurpadores y terroristas, lo cual no hace más que acudir una vez más a la teoría de los dos demonios.

SEGUIMOS LA LUCHA
Nuevamente la respuesta del pueblo ante la gravedad que implica la desaparición forzada de una persona en un acto represivo de tal magnitud como el que se dio en Chubut fue implacable, saliendo cientos de miles de personas a las calles a exigir la aparición con vida ya de Santiago. La fuerte presión social y el contundente  pedido de la familia promovió que la Fiscalía subrogante que tiene a cargo la investigación sobre el paradero de Santiago Maldonado re-caratule la causa 8232/2017 a “desaparición forzada” de persona.
Santiago Maldonado no es el primer desaparecido en democracia, ni tampoco el primero después de Jorge Julio López.
La continuidad de la práctica represiva de desaparecer personas tras detenerlas ha sido moneda corriente en todos los gobiernos durante los últimos 34 años de “democracia”. Desde 1983 hubo más de 215 casos de desaparición forzada en todo el país. Siendo la provincia de Chubut, en la que desapareció Santiago, una de las que cuenta con mayor índice de desapariciones forzadas, con 15 casos desde 1983 a 2017.
Varios son los “casos testigo”, en los que el desprecio por la vida, la selectividad represiva, la desidia investigativa y el funcionamiento de las fuerzas de seguridad como una corporación encubridora son el eje conductor.
En casos como los de Andrés Nuñez (La Plata 1990), Miguel Bru (La Plata 1993) e Iván Torres, (Chubut 2003) la pretendida denuncia de un delito menor se convirtió en secuestro, seguido de torturas en sede policial y ocultamiento del cuerpo para encubrir los hechos anteriores. En otra modalidad típica, como los casos de Daniel Solano (Rio Negro 2011) y Mario Golemba (Misiones 2008), la detención arbitraria y la eliminación de las víctimas se realizó por agentes del Estado en combinación con grupos económicos sobre conocidos referentes de organización sindical de base que luchaban contra situaciones de explotación laboral.
En casos como los de Luciano Arruga (La Matanza 2009) y Jonathan “Kiki” Lezcano (2009), la persecución previa de la policía da paso a las detenciones, que se suceden en torturas, homicidio y ocultamiento del cuerpo ”blanqueándolo” en el sistema formal de Hospitales, Morgues y Cementerios con la complicidad de toda la estructura estatal de gestión de la muerte.
En el caso de Santiago Maldonado la responsabilidad estatal es evidente, ya que fue detenido por una fuerza nacional en el marco de una represión abierta.
Por eso desde HIJOS La Plata decimos que Santiago no es solo un “artesano” y un “tatuador”, como le describen despectivamente los medios de comunicación. Santiago, “EL LECHUGA”, es sobre todo  un conocido compañero militante anarquista oriundo de 25 de Mayo e instalado en La Plata, solidario y comprometido con todas las luchas populares que en nuestra ciudad ha desarrollado experiencias de trabajo comunitario, educación popular y lucha antirrepresiva. Al “Lechuga” NO SE LO LLEVARON porque sí, por mera casualidad. Al Lechuga se lo llevaron por sus consecuentes convicciones políticas, por atreverse a ponerle el cuerpo al hecho de insurrección que significa la defensa de la justa causa del pueblo Mapuche. Asi como López quedará en la memoria social de nuestro pueblo por haberse animado a denunciar 30 años después a los verdugos de la peor dictadura de nuestra historia, por eso  lo desaparecieron.
Hoy más que nunca debemos sembrar conciencia de que los responsables de la desaparición forzada en el país de los 30 MIL son siempre los agentes del Estado. Por acción o por omisión. Es siempre el accionar del Estado, en el que algunos hoy están y otros que hoy se rasgan las vestiduras democráticamente planchadas estuvieron hasta hace un par de años. El caso de Santiago nos muestra que el aparato represivo sigue intacto y con renovadas modalidades.
En esta fecha seguiremos exigiendo que se esclarezca qué fue lo que pasó con López, con Maldonado y con todos los desaparecidos en democracia. Por el juicio y castigo a los responsables de todos estos crímenes.

-¡APARICIÓN CON VIDA YA DE JORGE JULIO LÓPEZ!
-¡BASTA DE SILENCIO, ENCUBRIMIENTO E IMPUNIDAD!
-¡JUICIO Y CASTIGO A LOS RESPONSABLES POLÍTICOS Y MATERIALES DE SU SEGUNDA DESAPARICIÓN!
-CÁRCEL COMÚN, PERPETUA Y EFECTIVA A TODOS LOS GENOCIDAS! NO AL 2 X 1! NO A LAS DOMICILIARIAS!
-¡APARICIÓN CON VIDA YA DE SANTIAGO MALDONADO! ¡FUERA PATRICIA BULLRICH!
-JORGE JULIO LOPZ PRESENTE!
-SANTIAGO MALDONADO PRESENTE!
-30.000 COMPAÑEROS DETENIDOS-DESAPARECIDOS PRESENTES!

SEGUIR LEYENDO [+]

miércoles, 6 de septiembre de 2017

DOCEAVA audiencia del juicio a dos represores de la CNU La Plata

LA BESTIA HABLA

En una nueva jornada del juicio a los represores Carlos Castillo y Juan José Pomares, el “Indio” Castillo pidió hablar y demostró su soberbia de asesino impune, un verdadero eslabón entre Terrorismo de Estado entre el tercer gobierno peronista y la dictadura genocida. Justificó su accionar como una “guerra”, citó a Perón y trató de defenderse de acusaciones puntuales pero sólo consiguió mostrarse impertinente frente al tribunal. El debate está llegando a la etapa de alegatos y se espera sentencia para octubre.

Por HIJOS La Plata
Fotos Juan Cicale


Carlos Ernesto “El Indio” Castillo es sin dudas el símbolo de la continuidad en nuestra zona de la represión del Terrorismo de Estado entre el tercer gobierno peronista y la dictadura genocida. Pero es también el símbolo de la soberbia impune de esos crímenes y su continuidad en 33 años de democracia.
Visiblemente molesto por la decisión del Tribunal 1 de retirar el crucifijo de la sala de audiencias al inicio del juicio, medida realizada a pedido de la querella de Justicia Ya, Castillo comenzó su ampliación de declaración indagatoria en tono profético. Al primer llamado de atención del juez Castelli de que se ciña a su defensa contestó: “Esto tiene mucho que ver, porque hay un conflicto de hace 2 mil años por condenar a un inocente”. A continuación leyó una cita del llamado “Juicio del Estado Soviético contra Dios”, y agregó que “100 años después la juzgada es la Constitución Nacional porque los juicios de lesa humanidad son ilegales”.
“Hoy se falsifica la historia para justificar el presente”, continuó leyendo el asesino, “se ha llegado al absurdo de sentar aquí a acusarme a verdaderos aficionados, a auto-titulados historiadores que no leyeron ni el Billiken. Nos quieren contar que hubo muchos que luchaban por un mundo mejor, cuando entre 1973 y 1975 había pleno empleo, poca pobreza y una república en todo su esplendor. Después del golpe del ’76 liquidaron el país y nos llevaron a índices peores que los países africanos”. En el intrincado esquema del jefe de la patota de la CNU La Plata “para eso sirvió el baño de sangre, y también para que bandas organizadas al amparo de las empresas de Derechos Humanos llenen sus bolsillos fabricando victimarios a costa del erario público”. Es notable la coincidencia con el planteo del actual gobierno sobre “el curro” de los Derechos Humanos.
A continuación Castillo abandonó la lectura y comenzó a intentar responder cuestiones puntuales sobre la acusación. Insistió varias veces en que ya fue juzgado en 1979 por los delitos que cometió, lo cual no es cierto ya que nunca recibió una condena por los secuestros y homicidios cometidos como miembro de la CNU.
Puesto a repasar su pasado, “El Indio” pretendió esbozar una singular sociología al decir que “la ciudad de La Plata era una ciudad que estaba viva en los años setenta: 80 mil estudiantes por año, con centros de estudiantes, peñas, fiestas. Infinidad de cosas que la hacían una ciudad vivible más allá de la violencia, que estaba limitada a aquellos que enfrentaban entre sí más allá de la gente común que seguía haciendo su vida. Nadie salía a la calle con chaleco antibala ni con casco y a nadie le pasaba nada más allá de las organizaciones que activaban en la ciudad”. No explicó con ello los actos de romper asambleas estudiantiles, de aprietes a referentes políticos de la izquierda, ni los 60 operativos en banda de secuestros, torturas y asesinatos de víctimas indefensas que cometió su grupo con connivencia policial. De hecho Castillo sintió la necesidad de aclarar la pertenencia de su padre a La Bonaerense y dijo: “Sí, mi padre era policía e integraba los servicios administrativos. Era más civil que una alpargata, no usaba arma ni uniforme. No tenía estado policial. En el año ’72 renuncia a la fuerza. Era técnico de laboratorio en la Facultad de Agronomía y por eso tenía una vivienda en una estación experimental en los fondos de la Facultad”. Aunque Castillo no lo reconozca completo, este dato es importante, ya que más que como técnico como un simple vigilante Castillo padre tenía a su cargo la custodia de los predios de Agronomía y Veterinaria. Y fue el trabajo de vigilancia en esas facultades la vía por la cual se incorporaron a la CNU a los policías Alfredo Lozano y Vicente Ernesto Álvarez, también vigilantes del predio de la UNLP. Además no casualmente la casa de la familia de Castillo, ubicada en calle 64 y diagonal 113, fue utilizada como lugar operativo de la banda paramilitar que comandaba este asesino. Ese lugar es presumiblemente, el sitio donde fueron llevadas 4 de las víctimas de este proceso para ser torturadas: Néstor Dinotto, Graciela Martini, Adelaida Barón y Daniel Pastorino. En marzo de 2016 la casa de estudios resolvió preservar por su vinculación con el accionar de la CNU la vivienda, ubicada en la finca que ocupa hoy el Instituto Nacional de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA).
El afán de Castillo por despegarse de la acusación y presentarse como una víctima de la situación abarcó varios tópicos: se quejó de que se citaran archivos de inteligencia policial para acusarlo y afirmó que lo único que tiene la DIPPBA de él es “que era ‘facho’ y tenía relación con los sindicatos, lo cual es cierto”. Además reconoció que la CNU tenía postas sanitarias en los sindicatos metalúrgico y de la construcción, para atenderse si sufrían bajas o heridos en los operativos. Y trató de justificar que iba al Hipódromo porque su mujer trabajaba allí y la pasaba a buscar. Sin embargo se ufanó de un manejo preciso de la conflictividad gremial que allí existía durante el gobierno de Victorio Calabró al decir: “Los que hicieron la huelga tenían menos poder de movilización que una manifestación de porteros adentro de un ascensor. Le hacían huelga a un gobierno democrático elegido por el 62% de los votos. Fueron una manga de papanatas que cuando vinieron los militares hacían cola para juntar la bosta con la mano. ¿Esos son los heroicos combatientes?”. Varios trabajadores del turf sufrieron la bestialidad de la CNU como Luisa Marta Córica, Eduardo Julio Giaccio, Enrique Rojas y los hermanos Gerardo y Raúl Arabel, todos asesinados por la patota. Una de las víctimas de este juicio, Carlos Domínguez, era secretario de la Agremiación de Empleados por Reunión del Hipódromo y fue secuestrado y asesinado por la patota de Castillo en febrero de 1976, en el mismo operativo que Roberto Fiandor, sobreviviente del hecho pero ya fallecido. Castillo relativizó su participación en el hecho de una manera cínica: afirmó que era vecino de la familia de Domínguez (sin mencionar el apellido) ya que “viví en 8 entre 32 y 33. Paseábamos el perro juntos y compartíamos la cochera. Los conocía desde el año ’71. Yo no mato a mis amigos, muchos menos a mis enemigos. De eso se encargan otros”. No explicó Castillo quiénes eran esos otros y en todo caso por qué se secuestraron en los allanamientos a su casa y la de su familia objetos robados a la familia Domínguez en el operativo, como la máquina de escribir con las iniciales de la hija del sindicalista y que le habían regalado al cumplir los 15 años.
A esta altura del relato, iba apareciendo de a poco el verdadero Castillo, un tipo rudo y amigo de las armas, que se hace cargo de parte de lo actuado. “El Indio” reconoció que antes que cayera toda la banda en mayo del ’76 hubo algunos CNU presos por robarle un cargamento de armas a la Fuerza Aérea en un desarme de aviones en Quilmes. “Eran dos de los compañeros que estaban en el taller mecánico con parte de esas armas, tratando de emplazarlas en una camioneta”, afirmó tranquilo,” fueron detenidos por la policía, que estaba haciendo un operativo por autos robados y se encontraron con ametralladores 12,7 ametralladoras 20 mm, 12,50 mm y calibre 757. Cumplieron su condena en la Unidad 9. Uno de ellos fue el hermano del coronel Guillermo Ernesto Trotz, posteriormente subjefe de policía, que no movió un pelo para sacarlo”.
A continuación instaló una versión propia de la teoría de los dos demonios al relatar: “Yo me encontré con algunos jefes montoneros en la década del ’80. Y después de tomarles un rato el pelo por su mala puntería nos fuimos a tomar café y terminamos siendo grandes amigos. La guerra ya había terminado. Por eso en el ’89 gente de las Fuerzas Armadas y de las organizaciones armadas firmamos un documento en aras de la pacificación”. Y hablándole directamente al presidente del Tribunal, Germán Castelli, continuó: “Yo le quiero hacer entender que hoy no hay razón para sostener un odio hacia nadie. La justicia es el fracaso de la civilización, porque usted puede encontrar un culpable, pero no obtener la pacificación”. No explicó Castillo por qué en su código de guerra estaba la técnica autodenominada “la virgencita”, consistente en colocar explosivos debajo de los cuerpos de las víctimas ya acribilladas para hacerlas volar por los aires. Tampoco detalló por qué causa luchaba en la década del ’80, cuando tuvo varias entradas y salidas de prisión por delitos contra la seguridad y el orden público, en sendos procesos por asociación ilícita, privación ilegal de la libertad y falsificación de documento, tenencia ilegal de armas, violación de domicilio y amenazas. Sólo reconoció el incidente de 1991 con el juez federal de San Isidro, Alberto Piotti, que lo declaró en rebeldía en una causa por infracción al artículo 213 bis del código, esto es una asociación ilícita para imponer sus ideas o combatir las ajenas por la fuerza o el temor. “Sólo me condenaron por tenencia de armas de guerra”, minimizó Castillo. En realidad, para diciembre de 1997, acumulaba 6 autos de prisión preventiva y 1 auto de rebeldía. Por entonces se desempeñaba como asesor de la Comisión de Drogadicción en la Cámara de Diputados de la Nación y como subsecretario general del partido MODIN, fundado por el militar carapintada Aldo Rico y el mayor del Ejército Ernesto Barreiro alias “El Nabo”, hoy condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad cometidos en la última dictadura en jurisdicción del Comando del Tercer Cuerpo del Ejército en Córdoba. En este sentido, Castillo se quejó de la paradoja que le arrojó el destino: “Yo estuve preso con los terroristas y ahora estoy preso con los militares”. Obvió mencionar que el proceso penal por el cual se los detuvo en el ’76 fue por la comisión de delitos comunes que realizaban haciéndose pasar por policías, no por sus crímenes políticos, que son los que recién hoy estamos juzgando.


“Nosotros jamás tuvimos zona liberada por la policía. No tuvimos vínculos con los militares. Yo no fui empleado de los militares, con los militares fui preso. Si salimos tirar petardos fue para defender un gobierno democrático”, señaló Castillo, ya acalorado. Y citó la ley 21.325 del ‘76, a través de la cual la junta militar declaraba la ilegalidad de más de 30 organizaciones políticas, entre ellas la CNU. El objetivo de la ilegalidad de la CNU fue notoriamente distinto a la ilegalidad de las organizaciones de izquierda, ya que por un lado la dictadura cívico-militar constituyó un nuevo modus operandi represivo, ya no se aniquilaba con 40 balazos a plena luz del día, sino que se optó por las detenciones-desapariciones. Los integrantes de la CNU se incorporaron a los grupos de tareas de la dictadura, pero continuaron realizando operativos por su cuenta con el modus operandi tradicional de la organización, es decir, desconocieron en parte el método de los operativos que diseñó la dictadura. Con lo cual la ilegalidad de la organización respondió a una forma de disciplinamiento por parte de la dictadura por desconocer sus directivas, no por ser perseguidos por la misma. Muestra de ello, es que fueron detenidos en un operativo de allanamiento y secuestro con la anuencia policial, pero no militar.
“El Indio” no perdió tiempo para defender a la CNU como parte del movimiento justicialista, y dijo “Nosotros estábamos al margen de la pelea entre izquierda y derecha, éramos los terceros en disputa. El Justicialismo fue siempre un movimiento popular, occidental y cristiano. Muchos intentaron infiltrarse y ser vanguardia en el movimiento peronista, pero no pudieron”. En su defensa cerrada del peronismo como “tercera posición” Castillo leyó la famosa carta de Juan Perón a los efectivos de la Guarnición de Azul, tras el ataque del ERP a la sede en enero del ‘74. Allí Perón les aclara que les habla “como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y soldado experimentado” y los felicita “por el heroico y leal comportamiento con que han afrontado el traicionero ataque”. La intencionalidad de Castillo iba al punto donde Perón afirma que “la lucha en que estamos empeñados es larga y requiere en consecuencia, una estrategia sin tiempo” para lo cual recomienda “actuar profundamente sobre las causas de la violencia y la subversión quedando la lucha contra los efectos, a cargo de toda la población, las fuerzas Policiales y de Seguridad, y si es necesario de las Fuerzas Armadas”, y donde sentencia que “el reducido número de psicópatas que van quedando, sea exterminado uno a uno para bien de la República”. A semejante confesión del empleo de la fuerza estatal en prácticas terroristas, se montó Castillo para esgrimir una tesis disparatada: “Perón se estaba defendiendo legítimamente. El estado no puede ser terrorista porque ejerce el poder de la mayoría, y el terrorismo es la acción de una minoría contra la mayoría. El concepto de Terrorismo de Estado es un concepto fallido. Hay estados que hasta habilitan los interrogatorios de 3er grado, es decir con violencia física, psicológica y moral”.
Finalizando el testimonio Castillo volvió a quejarse por los sufrimientos que este proceso le habría causado tanto a su familia como a él, que supuestamente denunció, según dijo, “ante los Tribunales de La Haya”. “Llevo 6 años de sufrimiento. Para ustedes yo soy culpable y para La Haya los delitos están prescriptos”. Entonces el juez Castelli le aclaró: “Nosotros lo estamos juzgando, todavía no emitimos fallo”. “El Indio” contestó con toda su soberbia: “¿A título de que legislación? Ustedes defiendan su negocio que yo defiendo mi libertad”. El juez Castelli intervino en seco: “Sr. Castillo, esa impertinencia no se la voy a permitir. Nosotros somos jueces de la Constitución”. El imputado ya se animaba a interrumpir al Tribunal: “Tengo el derecho de enojarme y de enojarme mucho. Ustedes tienen que ser jueces y punto. No juzgan por la Constitución”. El asesino Castillo, símbolo de 40 años de la represión y los grupos armados de la derecha en nuestro país terminó su intervención abruptamente: “le digo una sola frase y me callo la boca porque ya me hartó. Los árboles podridos sólo dan frutos podridos”.
Como anticipamos en la nota anterior de esta serie de crónicas, el juicio está llegando a su etapa final ya que, según lo estipulado por el tribunal, el lunes 4 de septiembre se decide la incorporación de algún testigo restante y de documentación complementaria requerida por las partes y el 11 dará inicio el alegato de la fiscalía.

LAS AUDIENCIAS CONTINÚAN EL LUNES 11 DE SEPTIEMBRE A LAS 10:30 HS EN LOS TRIBUNALES FEDERALES DE 8 Y 51. PARA PRESENCIARLAS SOLO SE NECESITA SER MAYOR DE EDAD Y PRESENTAR DNI.

SEGUIR LEYENDO [+]

martes, 22 de agosto de 2017

NO LO NIEGUEN MÁS!!!

SANTIAGO ESTÁ DESAPARECIDO, NO EXTRAVIADO.


En una muestra más de cinismo, el Ministerio de Seguridad que conduce la ministra Patricia Bullrich, difunde en el área de "Personas Buscadas" de su blog una imagen de Santiago Maldonado ofreciendo una recompensa de 500 mil pesos y con la leyenda "extraviado".
Lo decimos una y otra vez: SANTIAGO MALDONADO ES UN DETENIDO-DESAPARECIDO!!! No está extraviado ni perdido!!!
La definición estricta de la desaparición forzada de personas vigente en la Ley 26.679 es “la privación de libertad cometida por un particular o agentes del Estado, y donde la institución ha prestado su apoyo o aquiescencia y se niega a informar o reconocer esa privación de libertad”. Recordemos que el Artículo 142 ter del Código Penal, modificado por esa ley, no hace exclusivos en la definición de este delito a los casos con resultado de muerte probada o presunta, sino que pone el acento en la concurrencia de la complicidad estatal y la negativa a reconocerla o informarla debidamente.
Las pruebas son concluyentes, cada vez más testigos confirman que Santiago fue cercado por agentes de Gendarmería, golpeado, subido a una camioneta y luego trasladado con rumbo desconocido.
APARICIÓN CON VIDA YA DE SANTIAGO MALDONADO! 
CON VIDA TE LLEVARON, CON VIDA TE QUEREMOS!
FUERA LA GENDARMERIA DE CUSHAMEN!
MACRI, P.BULLRICH Y NOCETI SON RESPONSABLES!
LIBERTAD YA A FACUNDO JONES HUALA!

HIJOS LA PLATA

SEGUIR LEYENDO [+]

domingo, 20 de agosto de 2017

ONCEAVA audiencia del juicio a dos represores de la CNU La Plata

LA CONTUNDENCIA DE LOS DATOS

En una nueva jornada del juicio a los represores Carlos “Indio” Castillo y Juan José “Pipi” Pomares tres testigos aportaron su visión de la CNU desde las miradas documental, histórica y de investigación periodística. Apabullado ante la contundencia de la información, el “Pipi” Pomares pidió hablar y desvarió durante casi una hora haciéndose la víctima.

Por HIJOS La Plata


En primer término Claudia Bellingeri, perito judicial de la Comisión Provincial por la Memoria sobre el archivo de la ex Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA), continuó con la exposición que había iniciado la audiencia anterior. Completó la descripción de los archivos de inteligencia de la bonaerense, entre los que se encuentran las fichas personales de algunas de las víctimas del juicio como el gremialista del hipódromo Carlos Domínguez, asesinado por la CNU el 12 de febrero del ’76, de quien aseguró la perito que “aparece hasta el último volante que sacó la agrupación sindical, donde llama a los trabajadores a recuperar el gremio intervenido y a luchar por la reincorporación de los cesantes”. La misma información presentó en el caso de Leonardo Miceli, estudiante de la UTN y trabajador de una tercerizada de Propulsora, de quien figura información sobre una detención anterior que sufrió el 17 de octubre de 1970 y las denuncias que su familia realizó tras su secuestro el 20 abril de 1976, lo que según la perito “da cuenta de cómo la inteligencia policial construye a las víctimas”. Además, en el caso de Miceli se encontró en el archivo de inteligencia un legajo sobre el hallazgo de su cadáver acribillado junto a los de Horacio Urrera y Carlos Sathicq, hecho que la inteligencia de la bonaerense compartió especialmente con el Batallón 601 de inteligencia del Ejército en materia de antecedentes y evolución del caso.
También describió el legajo de hallazgo de los cadáveres de Néstor Dinotto y Graciela Martini, secuestrados y asesinados por la CNU el 4 de abril del ‘76, hecho que la inteligencia policial cifró como “Nº4815” en la Mesa “DS” del archivo, que hacía referencia a hechos sobre lo que calificaban “Delincuentes Subversivos”.
Respecto a los imputados figuran amplios antecedentes de ambos. De Pomares se consigna una detención y fichaje de mayo de 1972, cuando realizaba pintadas de la Concentración Nacional de Estudiantes Secundarios (CNES) colateral secundaria de la CNU que integraba junto a Néstor Causa, Gerónimo Gualla, Juan Carlos Gomila, Alberto Arana Maderna y Alberto Lampusano, entre otros.  En el caso de Castillo existen varios documentos sobre las causas por tenencia de armas, robos, atentados y asociación ilícita que continuó cometiendo en la década del ’80 y ’90. También figuran los contactos que la banda tenía con los grupos de tareas de López Rega y las áreas de inteligencia estatal, a través de una empresa privada de investigaciones denominada “Servicios Suratlánticos”, registrada en Mar Del Plata en los ’70 donde compartían negocios los peces gordos de la represión Aníbal Gordon, César Enciso, Leonardo Miguel Save y el mismísimo Otto Paladino, uno de los fundadores de la Triple A y en dictadura jefe de la SIDE. Finalmente la perito describió un organigrama de la CNU La Plata realizado por la DIPPBA donde ubican a Castillo como jefe, a Pomares como segundo o “Capitán” y a otros represores como “Pucho” Sánchez, Miguel “Turco” Nasif y Raúl “Chiche” Mendoza como integrantes de la banda.


El siguiente testigo fue el docente e investigador en Historia de la Facultad de Humanidades de la UNLP, Juan Luis Carnaghi, convocado para describir el contexto histórico en que se cometieron los crímenes de la CNU, principalmente a través de los conceptos de su tesis doctoral “Nacionalistas, católicos y peronistas. Auge, afianzamiento y reconfiguración de la CNU La Plata, 1955-1974”.
Carnaghi afirmó que su motivación inicial fue investigar con mayor profundidad lo que suele denominarse genéricamente como “derecha peronista”, precisar su cronología y el peso de la CNU dentro de ese espacio. Puesto a describir los orígenes y consolidación de la CNU como grupo con identidad y actividades propias, lo describe como el resultado de dos tradiciones distintas en el campo nacionalista: por un lado la trayectoria individual, político-intelectual, de su mentor Carlos Disandro, su proceso de radicalización de ideas sobre la tríada peronismo-universidad-catolicismo, y una trayectoria de militancia política del nacionalismo juvenil platense, básicamente el grupo Tacuara, que confluyó en el Instituto Cardenal Cisneros, que dirigía Di Sandro, en el germen de la CNU, cuyo nacimiento se ancla en 1965 pero tenía una década de formación. De hecho dos de los líderes de la primer CNU La Plata, Martín Salas y Félix Navazo, provenían de Tacuara.
Sobre el Programa político CNU, el docente afirmó que el grupo estaba muy anclado en la idea de reivindicar el restablecimiento de la ley universitaria peronista 13.031 de 1947, como una batalla contra la autonomía universitaria, por la designación de autoridades desde el ejecutivo nacional y de control del poder de los claustros. A su vez en términos de acción se basaban en la impugnación de otros actores políticos tanto humanistas como reformistas o de izquierda, ya que según Carnaghi “en su esquema no había lugar para esos actores”.
Con una etapa de crecimiento y despliegue de acciones en la universidad entre 1965 y 1971, según el historiador la CNU se reorganiza y baja su actividad desde ese año, en parte por las consecuencias legales del atentado y asesinato de Silvia Filler que cometieron en la Universidad de Mar Del Plata en diciembre del ’71. Desde allí para el año ’73 se reconfiguran en lo que Carnaghi denomina un “Cártel político sindical” (concepto que toma de la definición “power cartel” que el historiador británico Ian Kershaw realizó analizando el fenómeno del ascenso del nazismo) y donde distintos actores políticos, en este caso CNU y UOM-Juventud Sindical Peronista-62 Organizaciones, coincidían en la acción por tener un ideario común en el catolicismo ortodoxo y el anticomunismo y ciertos objetivos compartidos, centralmente hacer prevalecer el ala derecha del movimiento peronista en el proceso político. En ese sentido puede entenderse la evolución del grupo inicial de la CNU, el crecimiento de sus acciones violentas desde los hechos de Ezeiza en junio de 1973 y su vinculación desde 1974 con el Estado provincial, ahora en manos de un hombre de la UOM como Victorio Calabró, para cumplir un rol represivo.
Puesto a describir la relación entre Di Sandro y Perón, el historiador recordó las visitas del intelectual al líder en Puerta de Hierro en 1967, la copiosa correspondencia que fluía entre ambos y la adscripción del propio Perón al concepto de “sinarquía” para resolver la puja existente por la identidad peronista entre las diversas corrientes del movimiento.  Esa dinámica de “depuración ideológica” a la interna del movimiento peronista, según Carnaghi también se reflejó en la política universitaria local, en una lucha contra el modelo inclusivo de la UNLP que venían desarrollando los sectores ligados a la izquierda peronista, y con los asesinatos de los dirigentes Rodolfo Achem y Carlos Miguel en octubre de 1974 como máximo exponente.
En la concepción del historiador Perón realiza una opción por ese “Cártel político-sindical” y desacredita al sector de la Tendencia revolucionaria, a los que tacha de “infiltrados, apátridas o falsos peronistas”, sobre todo desde la puesta en práctica de Documento Reservado del Consejo Superior Peronista de octubre del ’73 que obliga a “denunciarlos y combatirlos por todos los medios”. Tal opción puede verse en el derrotero de Perón respecto a las ideas del marxismo, que según Carnaghi “primero lo desaprueba, luego en el exilio alienta a los sectores de izquierda del movimiento, pero finalmente ya en 1973 termina condenando la idea de quienes pugnaban por construir un socialismo nacional”.


A continuación el periodista Daniel Cecchini explicó los pormenores de la investigación que realizó junto a Alberto Elizalde Leal, que fue publicada por entregas en el semanario Miradas al Sur y está compilada en el libro “La CNU - El terrorismo de Estado antes del golpe”. El periodista dijo que la motivación esencial de su trabajo, iniciado en 2010, fue que si bien había investigaciones sobre la Tiple A o el Comando de Libertadores de América que operó en Córdoba, no existían muchos había trabajos sobre la CNU. Además como platense y militante en los 70, en su caso en el PRT, conocía a algunas de las víctimas. En la indagación periodística pudieron determinar al menos 68 casos de víctimas de la banda de Castillo contados al detalle en el libro. El autor aseguró que “siempre los blancos fueron estudiantes, docentes, sindicalistas de base, funcionarios de la universidad, y militantes, nunca personas armadas ni que pertenecieran a organizaciones armadas”. Describió al grupo como integrado por 40 o 45 personas, con un núcleo duro de 15 integrantes, más 5 o 7 que rotaban prestando apoyo. “Todas las fuentes coinciden en señalar que el jefe era Castillo y Pomares un integrante importante”, dijo Cecchini, y en el núcleo duro, o los que siempre estaban en los operativos, ubicó a Ricardo Walsh, Dardo Quinteros, Ricardo Calvo, Vicente Álvarez y Alfredo Lozano. Y algunos que actuaban aunque en menos ocasiones eran Jacek Piechoki, Gerardo Rafael Blas y Patricio Errecalde Pueyrredón, entre otros.
Además planteó tres etapas en la historia de la CNU: entre ‘67/’71 como grupo de choque de la derecha en la universidad, desde 1974 como herramienta del terrorismo de Estado del gobierno de Victorio Calabró, y desde Octubre de 1975 funcionando para la represión bajo la órbita del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército. Sobre la etapa inicial del grupo, Cechini recordó la figura de Carlos Di Sandro y contó que lo tuvo como profesor en el Colegio Nacional. También rememoró que en 1964 Perón había designado a Di Sandro como delegado de la juventud en el movimiento peronista, y que el profesor había nucleado varios pesados de la represión en su Instituto Cardenal Cisneros del barrio “El Mondongo” como Néstor Beroch, el subjefe del Distrito Militar, Mario Lopez Osornio y el policía Jorge Vicente Schoo. De hecho aseguró que a través de los contactos con Schoo, director del Liceo Policial y la Escuela Vucetich, Di Sandro daba cursos sobre la “sinarquía” en la Jefatura de Policía. Cecchini ubicó al grupo inicial de la CNU rompiendo asambleas universitarias y apaleando a estudiantes de izquierda. Pero ya a partir de los gobiernos de Héctor Cámpora y Oscar Bidegain, con la avanzada de la izquierda peronista en ámbitos de poder, el grupo realiza una escalada de violencia con atentados y amenazas de muerte. Sobre el período en que se desplegó el terror de Estado desde el gobierno de la provincia de Buenos Aires,  el periodista afirmó que “la CNU fue un engranaje de las prácticas del terrorismo de Estado en el gobierno de Calabró. Este accionar era no sólo tolerado, sino propiciado por el gobierno y se realizaba en conjunto con la burocracia sindical y la policía bonaerense”. Entonces recordó la primera operación grande de la CNU La Plata del 6 al 8 de agosto de 1974 tras cinco blancos: el militante de la JUP Luis Macor, el sindicalista del SUPE Carlos Enio Pierini, el histórico de la resistencia peronista Horacio Chaves y su hijo Gonzalo, secretario de la JTP, y la docente y decana de Humanidades Reyna Diez. Para Cecchini es el hecho inaugural del modus operandi de sembrar cadáveres acribillados como un mecanismo de diseminación del terror. Sobre los contactos de la CNU con la policía bonaerense, el periodista recordó que el coordinador desde la Unidad Regional era Julio Cesar Garachico, que hubo al menos 3 policías en la banda (Alfredo Lozano, Roberto Storni y Vicente Álvarez) y que varios de los operativos tenían obvia cobertura policial o “zona liberada”, como los casos del asesinato de Mario Gershanik, realizado a una cuadra de la Jefatura, o de Ricardo “Patulo” Rave, con dos patrullas cortando la calle mientras era secuestrado a pocas cuadras de la comisaría 2da. “Una fuerza irregular no puede hacer esos operativos, y si tiene protección policial de fuerza irregular no tiene nada, es parte del aparato represivo”, sentenció Cecchini. Finalmente sobre el período final de la CNU, Cecchini opinó que en el contexto de la puesta en vigencia a nivel nacional del decreto de “aniquilamiento de la subversión” de 1975, se dio la coordinación de acciones entre la inteligencia militar y las bandas paraestatales. Contó que con Elizalde Leal pudieron constatar que a partir de una reunión en el Sindicato de Papepleros en Bernal se acordó que la CNU pasaba a depender del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército. La investigación de Cecchini y Elizalde Leal detalla que por órdenes del coronel Alejandro Arias Duval, jefe del Destacamento de Inteligencia 101 de La Plata, se juntaron el jefe de Prensa y Difusión del Ministerio de Bienestar Social, Miguel Ángel Tarquini (a su vez jefe de la Zona Sur de la CNU), el agente del 601 Orestes Vaello, gente del sindicalista papelero Fernando Donaires y varios suboficiales de la Bonaerense, del Ejército y de Prefectura, y el comisario mayor Alberto Pacheco (alias “El Mono”), encargado desde la Bonaerense de bajar las órdenes a la banda de Castillo. El testigo dijo que este pase de mando del grupo puede constatarse tanto en el pasaje del CNU Emilio Centeno Quiroga al Destacamento 101, como en el accionar de la banda en el cordón industrial del gran La Plata, con los asesinatos de Salvador Delaturi, Carlos Scafide, Leonardo Miceli y Carlos Satich, todos militantes y trabajadores en empresas de aquella zona. “Después del golpe los grupos que habían participado en el terrorismo de Estado previo al golpe se integran al plan represivo. Y pasamos de los cuerpos acribillados en descampados a la desaparición forzada de personas”, concluyó Cechini que habló por casi dos horas.


Sobre el final de la audiencia, el asesino Juan José “Pipi” Pomares realizó una ampliación de indagatoria, derecho que tiene como imputado pero que no utilizó para defenderse de hechos puntuales sino para desvariar. Con un discurso desordenado y lastimoso, sin aceptar preguntas de las querellas, el “Pipi” trató durante tres cuartos de hora de pintarse como una víctima de la situación y en el intento debió ser asistido por las instrucciones de su abogado Néstor Salas, a quien definió como su “amigo”. Comenzó diciendo que hablaba porque había escuchado “muchos disparates y mentiras” durante todo el juicio. Prometió decir la verdad “sin provocar a nadie” y en una muestra de su primaria mixtura de peronismo y cristianismo aseguró “La verdad es la única realidad. La verdad es una sola, aunque cada uno tiene su propia verdad”. Siguiendo con los pasajes místicos dijo que “a Dios no lo echa nadie de ningún lado, él está acá escuchando todo”, en clara alusión al pedido de retiro del crucifijo de la sala de audiencias que había realizado la querella de Justicia Ya. “Cuando la majada es flaca el cordero es gordo” se entusiasmó Pomares, “y a mí me vienen engordando desde hace 10 años, cuando leí en internet: ‘Pomares, la cara más visible de la CNU’”.
Intentó despegarse de la banda de la derecha peronista diciendo que nunca fue a la universidad, y que recién está terminando el secundario. “Me han salpicado con sangre que nunca derramé. No soy el que ustedes quieren que yo sea”. Relató que fue detenido y sufrió cárcel en la Unidad 9 en dictadura, sin agregar que en una causa por cometer robos comunes haciéndose pasar por policía junto al resto de los CNU, y sentenció: “Ninguna fuerza me protegía, me torturó la policía de Camps”. La única defensa puntual que realizó sobre lo que se dijo en el juicio fue contestar a la declaración de Daniel Pastorino, uno de los sobrevivientes del operativo donde la CNU asesinó a Néstor Dinotto y Graciela Martini, que había dicho que quien manejaba el auto en que los secuestraron era Pomares y que lo reconoció con bigote en una rueda de fotos que le exhibieron en el juzgado de instrucción. Pomares intentó desligarse diciendo que cuando joven no tenía bigote porque no le salía, y que no tenía registro para manejar, aunque sí lo hacía porque dijo que le robaba el Siam Di Tella al padre, que lo castigaba por ello. Tras hablar largo tiempo con los ojos cerrados, llorar, gritar y hasta recitar unos versos de la marcha de la bronca dijo: “Fui, soy y seré un militante peronista. Fui un eslabón más en la cadena de la resistencia peronista. Yo me enamoré del león herbívoro”, en alusión a Perón. Y agregó que “los peronistas fuimos víctimas siempre, fuimos el fiambre del sándwich, por derecha y por izquierda siempre nos fagocitaron”.
El asesino denunció que como parte del tratamiento que recibe por una hemorroide crónica le hicieron en Marcos Paz una colonoscopía sin anestesia que lo dejó sangrando: “Uso toallas femeninas para no manchar la silla”, dijo, y agregó que “esto es por ser preso de lesa humanidad, si fuera preso común me atenderían mejor”. Y hasta se animó a emular a su ex mentor Carlos Di Sandro al asegurar que “en la historia del mundo la lengua ha matado más que la espada”, una críptica declaración que Pomares y sus compinches de la CNU aún vivos sabrán mejor que nadie lo que significa.
El juicio está llegando a su etapa final ya que, según lo estipulado por el tribunal, el lunes 28 de agosto se escuchará una ampliación de declaración del “Indio” Castillo y se dará inicio al alegato de la fiscalía.

LAS AUDIENCIAS CONTINÚAN EL LUNES 28 DE AGOSTO A LAS 10 HS EN LOS TRIBUNALES FEDERALES DE 8 Y 51. PARA PRESENCIARLAS SOLO SE NECESITA SER MAYOR DE EDAD Y PRESENTAR DNI.

SEGUIR LEYENDO [+]

jueves, 17 de agosto de 2017

DESAPARECIDOS EN DEMOCRACIA: DISTINTOS GOBIERNOS, LA MISMA IMPUNIDAD.

Pese a la campaña de confusión de los medios de comunicación, Santiago Maldonado está desaparecido. Ni perdido, ni extraviado. Aun así, no es el primer desaparecido en democracia, ni tampoco el primero después de Jorge Julio Lopez.
La continuidad de la práctica represiva de desaparecer personas tras detenerlas ha sido moneda corriente en todos los gobiernos durante los últimos 34 años. Hoy el macrismo suma una nueva víctima a la lista de más de 215 casos de desaparición forzada en “democracia, esta vez la de Santiago, “EL LECHU”, conocido compañero militante anarquista de La Plata, solidario y comprometido con las luchas populares.


LOS HECHOS
Desde martes 1 de agosto  Santiago Maldonado se encuentra desaparecido, luego de la brutal represión de gendarmería al interior del Lof en Resistencia de Cushamen (Chubut) por parte de más de cien efectivos de esa fuerza nacional de la que es responsable la Ministra de Seguridad de la Nación Patricia Bullrich.
Las fuerzas de seguridad responsables de la represión fueron los Escuadrones de Gendarmería N°34 de Bariloche, N°35 de El Bolsón, N°36 de Esquel, el Escuadrón de Ramos Mejía y Rawson, encabezadas en forma personal por el jefe de gabinete del Ministerio de Seguridad, Pablo Nocetti.
Este repudiable funcionario fue asesor de Patricia Bullrich cuando era diputada y saltó con ella al gabinete nacional. Fue abogado defensor de genocidas procesados por crímenes de lesa humanidad en juicios realizados en Entre Ríos y La Pampa, sostuvo que aquellos procesos eran la “legalización de una venganza, estructurada y diseñada en el poder político” y atacó la legalidad de la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y la imprescriptibilidad de los delitos de la dictadura.
Esto es una clara muestra más de la relación que persiste entre la Impunidad de ayer y de hoy, denuncia que venimos realizando desde HIJOS hace más de 22 años. 


CONSIDERACIONES SOBRE LA DESAPARICIÓN FORZADA DE PERSONAS 
La definición estricta de la  desaparición forzada de personas vigente en la Ley 26.679 es “la privación de libertad cometida por un particular o agentes del Estado, y donde la institución ha prestado su apoyo o aquiescencia y se niega a informar o reconocer esa privación de libertad”. Recordemos que el Artículo 142 ter del Código Penal, modificado por esa ley, no hace exclusivos en la definición de este delito a los casos con resultado de muerte probada o presunta, sino que pone el acento en la concurrencia de la complicidad estatal y la negativa a reconocerla o informarla debidamente.
En nuestro país la mayoría de los casos de desaparición de personas no se investigan, o bien llegan a juicio con figuras penales morigeradas o fragmentarias (como los apremios, las vejaciones, y en los menos de los casos la tortura seguida de muerte) que no explican la dimensión real de la prepotencia impune con que actúan los agentes del Estado en la represión cotidiana.
Por eso, para denunciar las desapariciones forzadas negamos el homicidio simple y la averiguación de paradero, y afirmamos que se trata de verdaderos hechos de desaparición cometidos por parte de agentes del Estado. Esto es lo que sucede con Santiago, se niega su desaparición efectuada por parte de la gendarmería, y solo se investiga el hecho como una averiguación de paradero.

LOS DATOS 
Desde 1983 hubo más de 210 casos de desaparición forzada en todo el país.
Pese a la continuidad de los gobiernos constitucionales, tantas veces defendida como garantía suficiente del respeto a la vida y la libertad ambulatoria, la protección frente a las detenciones arbitrarias y las torturas, los casos se han seguido acumulando con los años.
Los picos represivos en materia de desaparición forzada han sido los años 1994 (17 casos), 1997 (12 casos), 2001 (13 casos), 2003 (13 casos), 2006 (13 casos) y 2009 (13 casos).
Esto implica que durante los seis años del gobierno de Alfonsín se produjeron el 7% de las desapariciones forzadas, durante los diez años del Menemismo el 33%, en los 3 años en que Gobernó De La Rúa 9%, en la gestión de Duhalde también el 9%, y durante los doce años de gobierno de Néstor y Cristina Kirchner se produjeron 39% del total de desapariciones.
Estos datos evidencian por qué el Kirchnerismo y todos sus aplaudidores intentan lavarse la cara reclamando a cuatro voces la aparición con vida de Santiago, y ocultando que durante su gobierno desaparecieron al menos 90 personas. Entre  estos podemos mencionar los emblemáticos casos de Iván Torres (Chubut-2003), Sergio Ávalos (Neuquén-2003), Julio Lopez (La Plata. Bs. As.-2006), Luciano Arruga (Bs. As.-2009), Luciano González (Chubut-2009), Mario Golemba (Misiones-2008),  Daniel Solano (Río Negro-2011).
La provincia de Chubut, en la que desapareció Santiago, es una de las que cuenta con mayor índice de desapariciones forzadas, con 15 casos desde 1983 a 2017. Allí fue desaparecido Luciano González de 41 años en 2009, detenido por el GEOP en Cerro Centinela en el marco de un operativo de cacería al poblado de Corcovado (Departamento Futaleufú), por la muerte de un policía y en un hecho represivo similar al de Cushamen. Sus restos fueron hallados e identificados en 2013 y el caso sigue impune.
No podemos tampoco dejar de mencionar que durante el gobierno de Cristina F. de Kirchner, el genocida César Milani, como jefe mayor del ejército fue el encargado del armado de la estructura represiva en la Patagonia y en todo el país.
Además que en relación a los pueblos originarios se encargaron de hostigar, robarle tierras a la comunidad Quom.
Pero, por supuesto de todo esto los Kirchneristas no dicen ni una palabra.
 Descargar documento: 

ALGUNAS MODALIDADES 
Varios son los “casos testigo”, en los que el desprecio por la vida, la selectividad represiva, la desidia investigativa y el funcionamiento de las fuerzas de seguridad como una corporación encubridora son el eje conductor. En casos como los de Andrés Nuñez, Miguel Bru, (durante el gobierno de Carlos Menem), y de Iván Torres, (durante el gobierno de Néstor Kirchner), la pretendida denuncia de un delito menor se convirtió en secuestro, seguido de torturas en sede policial y ocultamiento del cuerpo para encubrir los hechos anteriores.
En casos como los de Luciano Arruga y Jonathan “Kiki” Lezcano, la persecución previa de la policía da paso a las detenciones, que se suceden en torturas, homicidio y ocultamiento del cuerpo “blanqueándolo” en el sistema formal de Hospitales, Morgues y Cementerios con la complicidad de toda la estructura estatal de gestión de la muerte.
Si bien puede señalarse a un actor básico como ejecutor, la práctica de la desaparición forzada no es exclusiva de los agentes de policías provinciales o federales, como lo muestra el caso de Sergio Ávalos, donde la detención fue practicada en un sitio de diversión nocturna por su sistema de seguridad, que contaba con 40 integrantes del Ejército que realizaban adicionales.
En otra modalidad típica, como los casos de Daniel Solano y Mario Golemba, la detención arbitraria y la eliminación de las víctimas se realizó por agentes del Estado en combinación con grupos económicos sobre conocidos referentes de organización sindical de base que luchaban contra situaciones de explotación laboral.
Pero quizás el hecho que marca a fuego esta práctica perversa, y que une la continuidad del aparato de poder organizado para reprimir, es la segunda desaparición forzada de Jorge Julio López, porque se trata de un sobreviviente del Genocidio expuesto como testigo en una causa de lesa humanidad que dio inicio al proceso de juzgamiento de los crímenes del Terror de Estado con renovada impunidad. Definen el caso el señalamiento de las organizaciones de DDHH a la propia Policía Bonaerense, el silencio del gobierno Kirchnerista al respecto, pese a la gravedad material y simbólica que presenta, y la apertura de una nueva categoría: el ex detenido desaparecido en dictadura, aparecido y vuelto a desaparecer en democracia.

LA RESISTENCIA:
 

Hace varios años los pueblos originarios vienen sufriendo la persecución, criminalización, y represión, además  del robo constante de sus tierras por parte de empresarios como Benetton o hasta los de la propia familia del presidente Macri. En todo el territorio, estos crímenes se incrementan cada vez más.
Por eso el ataque del Lof en Resistencia de Cushamen, porque necesitan aleccionar y borrar del mapa a los que luchan y resisten. Por eso la desaparición de Santiago, para intentar ejemplificarnos una vez más, para implantar el terror y el pie de plomo, creyendo que con eso van a dominar la rebeldía de los oprimidos. Rebeldía que los 300.000 compañeros detenidos desaparecidos nos enseñaron con el ejemplo de su lucha, poniéndole el cuerpo a las balas de los milicos asesinos.
Rebeldía  que hoy con este gobierno de cipayos represores continua más vigente que nunca.


APARICIÓN CON VIDA YA DE SANTIAGO MALDONADO! CON VIDA TE LLEVARON, CON VIDA TE QUER
EMOS!


FUERA LA GENDARMERIA DE ESQUEL!

MACRI, P.BULLRICH Y NOCETI SON RESPONSABLES!!!

LIBERTAD YA A FACUNDO JONES HUALA!

ESCLARECIMIENTO DE LA DESAPARICIÓN FORZADA DE TODOS LOS DESAPARECIDOS EN DEMOCRACIA!

BASTA DE REPRIMIR AL PUEBLO!

HIJOS LA PLATA

SEGUIR LEYENDO [+]

jueves, 10 de agosto de 2017

DECIMA audiencia del juicio a dos represores de la CNU La Plata

LÚCIDOS CONTRA DESMEMORIADOS

En una nueva jornada del juicio a los represores Carlos “Indio” Castillo y Juan José “Pipi” Pomares dos testigos de las defensas de los asesinos no lograron velar el oscuro pasado de la derecha peronista. Además, dos testigos de la querella de Justicia Ya echaron luz sobre el pasado de la banda de la CNU y su activo rol en la represión del terrorismo de Estado.

Por HIJOS La Plata


En primer término dio su testimonio Juan Destéfano, ex presidente de Racing Club, ex secretario general de la UOM Avellaneda y ex secretario general de la Gobernación de la provincia de Buenos Aires en la gestión del burócrata sindical de la derecha peronista Victorio Calabró entre 1974 y 1976. Convocado por la defensa de Pomares, Destéfano, sufrió 18 meses como detenido ilegal en dictadura en los CCD de Puesto Vasco y COT de Martínez y Arana, y ya había testimoniado en el juicio al capellán policial Christian Von Wernich en 2007. El testigo no logró exprimir lo suficiente su memoria pese al alto cargo que ocupó en la Gobernación. Contó que conoció a Pomares y Castillo en los pabellones 10 y 11 de la Unidad 9, cuando fue legalizado como preso político y ambos asesinos estaban detenidos en una causa por tenencia de armas y robos que cometían haciéndose pasar por policías en paralelo a los secuestros y ejecuciones de la CNU.
Destéfano, que se definió en la audiencia como “peronista ortodoxo, de Perón y Evita”, fue detenido junto a casi todos los ministros del gabinete de Calabró, como el titular de la cartera de Economía, Ramón Miralles, de Asuntos Agrarios, Pedro Goin, y corrió el mismo destino que familiares, socios y empleados del banquero y empresario David Graiver. Al respecto dijo que “todos fuimos tachados de subversivos” y agregó curiosamente que “en la mayoría de los casos erróneamente”.
Develando nuevamente la intención de la defensa de presentar a los asesinos como víctimas de la dictadura, Destéfano definió a Pomares como “un joven normal, que no fue subversivo. En la cárcel forjamos una amistad, al igual que con todos los que padecimos semejantes injusticias”.
Consultado por su tarea como secretario general de la Gobernación contestó que era la mano derecha del gobernador, y que se encargaba de realizar la coordinación institucional desde el ejecutivo provincial con los presidentes de las cámaras de senadores y diputados. Por las dudas aclaró: “Nunca recibí a los integrantes de la CNU como funcionario, sólo los vi como preso en la Unidad 9”. Requerido para que explique qué directivas había impartido Calabró a sus ministros frente al clima de violencia que se vivía, trató de explicar que siempre se actuó “con la policía y dentro de la ley” y que “éramos todos peronistas y católicos, de manera que por orden expresa del gobernador estaba prohibido maltratar o torturar a nadie”.
A una pregunta específica sobre si conoció el Documento Reservado del Consejo Superior Peronista de octubre de 1973, que ordenaba combatir por cualquier medio, perseguir y expulsar a los “infiltrados marxistas” del movimiento, respondió simplemente “no”.
Preguntado sobre si conocía al dirigente de la Agremiación de Empleados por Reunión del hipódromo asesinado por la CNU, Carlos Domínguez, dijo que no. E Indagado sobre cómo era la relación de la Gobernación con la Dirección Provincial de Hipódromos, y si conoció si hubo conflictos gremiales en el ámbito, dijo que suponía que había reclamos por salarios, pero que en la conducción del hipódromo estaban los funcionarios Edwin, Néstor Otero e Isidoro Donaires, y agregó “nosotros no pisábamos el hipódromo porque se nos acusaba permanentemente de que Calabró tenía caballos de carrera, entonces estaba vedado ir”.  En realidad ya desde su rol de vicegobernador de Oscar Bidegain, obligado a renunciar por Perón por vincularlo a la Tendencia Revolucionaria, Calabró aspiraba a acumular poder político y realizar negociados manejando la Dirección de Hipódromos, la presidencia del Banco Provincia y la jefatura de Policía.
Todo el gabinete de Calabró, que esgrimía amplios acuerdos políticos con el ministro José López Rega y con la burocracia de la CGT nacional y platense, conocía a Domínguez por encabezar la huelga que paralizó el turf entre diciembre del ’75 y enero del ’76. Tal es así que la Dirección de Hipódromos, que dependía directamente de la Gobernación, publicó una solicitada tergiversando los reclamos de la Agremiación y declarando ilegal la huelga impulsada por los trabajadores. En este mismo debate, la hija de Domínguez relató que en un episodio de fines del ’75 en que su padre caminaba con su madre por el centro de La Plata fue levantado por una patota que lo llevó directamente al despacho del gobernador Calabró y le dijeron “levantá la huelga porque te hacemos boleta”.
La memoria del secretario del “Taño” Calabró parece ser muye endeble a sus 83 años, pero tanto las familias de las víctimas como los sobrevivientes del genocidio saben muy bien quién fue cada quién en aquellos años. Al concluir su testimonio Destéfano fue aplaudido tibiamente por un grupo de seis personas que acompañaron el juicio en evidente apoyo a los asesinos Castillo y Pomares. Todo un símbolo.

A continuación fue presentado en calidad de testigo el genocida de la Policía Bonaerense Julio César Garachico, condenado a cadena perpetua en 2014 por los homicidios de Marcelo Bettini y Luis Bearzi en noviembre de 1976 y señalado en su testimonio de 2006 por Jorge Julio Lopez como uno de sus torturadores en los CCD de Arana. Lo insólito de la situación, que un genocida sea llamado como testigo, no se sostuvo por mucho tiempo. Convocado por el abogado defensor del asesino Castillo, el represor contestó las preguntas de rigor se adujo como última ocupación “trabajar en una empresa privada en el sur durante 15 años”. Dijo que a Pomares y Castillo los conoció en Marcos Paz por compartir la detención por cometer delitos de lesa humanidad.
Garachico, oficial principal de la Unidad Regional La Plata de la bonaerense, debería estar imputado en esta causa por su complicidad liberando las zonas en los secuestros y torturas cometidos por la CNU en La Plata.
Preguntado por si participó en 1976 de “algún operativo o allanamiento” en el domicilio de alguno de los imputados, dijo que en abril o mayo de ese año lo enviaron a un operativo en la casa de Castillo. “Una señora me hizo pasar y Castillo no estaba. Listo. No hubo nada raro”. Afirmó no acordarse si intervino en actuaciones judiciales sobre la banda de la CNU, pero que recordó se secuestraron algunas cosas robadas “de un hecho en Villa Elisa”. Según el represor las cosas secuestradas, en su mayoría electrodomésticos, luego se las llevó el Ejército desde la Unidad Regional. En ese momento la farsa se develó: el testigo le reconoció al abogado que lo llamó a declarar que “Usted me pregunta cosas que yo no recuerdo. En realidad yo ni sabía a qué venía acá. Me enteré hoy a la mañana”. A semejante confesión al Dr. Buján no le quedó otra que decir: “No tengo más preguntas”. Como a todos los represores de la dictadura, al “Gordo” Garachico no le conviene recordar que estuvo a cargo de la patrulla policial que detuvo a la banda de Castillo el 29 de abril de 1976, cuando el grupo de tareas de la CNU intentaba secuestrar a Juan Carlos “Vaca” Arias, que relató el hecho en las audiencias de este juicio. Hasta entonces las autoridades militares y el jefe de la Unidad Regional, Carlos Masulli, encargaban a Garachico y al suboficial Alberto Bilardo la tarea de liberar las zonas para que la CNU pudiera perpetrar sus secuestros y asesinatos.
Para ubicar al represor-testigo en su lugar, la querella del espacio “Justicia Ya” le preguntó por los hechos que se investigan en el juicio y dijo desconocerlos. Requerido por los procedimientos que realizaba la Policía bonaerense en aquellos años, dijo que no recordaba. Pero además se le hizo una pregunta fundamental: “¿Usted puede aportar algún dato sobre el paradero del señor Jorge Julio Lopez?”. El represor se mostró asombrado y dijo “¿Pero qué es esto?”. La causa que investiga la desaparición de Lopez en 2006 aporta varios datos interesantes que responderían a la pregunta de Garachico. En octubre de 2006, cuando Lopez lo mencionó en su testimonio, gestionaba el casino Punto y Banca en Puerto Madryn. Circulaba por la ciudad en un auto de alta gama y realizaba “tours de juego” junto a encumbrados funcionarios menemistas como Carlos Spadone y Moisés Ikonicoff, pero al quedar en evidencia se desvinculó de la empresa y se fugó. Fue detenido en Mar Del Plata en abril de 2012, por un dato aportado exclusivamente por la querella de los organismos de Derechos Humanos.
Según el testimonio de Lopez, Garachico integraba el “grupo de picaneadores” que actuaba en el CCD de Arana junto a represores como Hugo Guallama, Carlos “Manopla” Gomez, Gregorio Medina, Manuel Aguiar, Francisco Urcola, Raúl Muñoz, José Orellana, Jorge Ponce, Tránsito Gigena, “Rudi” Calvo y el propio Miguel Etchecolatz. A 11 años del segundo secuestro y desaparición de Lopez no hay un solo imputado por el crimen. El espectro del testigo ausente continúa sobrevolando los juicios de lesa humanidad de La Plata, en momentos en que las desapariciones forzadas en democracia se renuevan con el caso de Santiago Maldonado.


A continuación se escuchó un completo y extenso testimonio de dos horas de parte del profesor de Historia y Doctor en Ciencias Sociales por la UNLP, Juan Luis Besoky, convocado por la querella del espacio Justicia Ya La Plata para describir el contexto histórico en que se cometieron los crímenes de la CNU, principalmente a través de los conceptos de su tesis doctoral “La derecha peronista. Prácticas políticas y representaciones (1943-1976)”.
En una exposición que resulta irreproducible para una síntesis como la actual, y que se alargó por las preguntas que los propios jueces realizaron queriendo ilustrarse sobre el período histórico, el despliegue conceptual de Besoky se basó en desarrollar 5 puntos esenciales:

                             -  El origen de la CNU en otros grupos de la derecha nacional como Tacuara, y su prédica desde el nacionalismo católico, y el anticomunismo. La figura central del profesor Carlos Di Sandro, su obra y su acción política bendecida por Perón. El concepto de “sinarquía” como la elaboración de un otro a combatir.
                             -  El desarrollo alentado desde el Estado de los grupos de la derecha peronista para combatir la “infiltración marxista” en el movimiento y expulsar a los gobernadores y otros funcionarios de la Tendencia Revolucionaria.
                               -  La presencia del Documento reservado del Consejo Superior Peronista de octubre de 1973 como elemento de puesta en marcha del accionar represivo del Estado, desde diversos grupos para-estatales como la CNU.
                               -  La elaboración de un andamiaje de legislación represiva en el tercer gobierno peronista para, como la Ley de Asociaciones Profesionales, la Ley de Prescindibilidad de empleados públicos , las leyes 20.642 de reforma del código penal, 20.840 de represión de delitos “terroristas” y el decreto secreto de 1.302 del denominado Operativo “Topo”, que legalizaba la “lucha contra la subversión”.
                              -  La continuidad del esquema represivo del tercer gobierno peronista en la dictadura a partir de los decretos de “aniquilamiento de la subversión”, y la prolongación de objetivos con el cambio de modalidades hacia una mayor centralización del mando en las Fuerzas Armadas.

En un intento por deslegitimar la impecable exposición de Besoky, el abogado de Castillo se atrevió a consultarlo por la fuentes de su tesis, a lo que el profesor respondió que la mayoría de las fuentes eran las propias publicaciones de la derecha peronista (como la Juventud Sindical, la JPRA o la propia CNU), la prensa escrita o entrevistas a militantes de la ortodoxia peronista. En el mismo sentido el defensor de Pomares trató de confundir al testigo y preguntó si un peronista de derecha podía ser considerado “subversivo” por la dictadura: Besoky respondió con altura que la mayoría de los militantes de la derecha que fueron detenidos luego fueron liberados, suerte que no corrió el grueso de los militantes de izquierda secuestrados, fueran peronistas o de otras vertientes de la izquierda local.
El aporte del testigo resulta ineludible para comprender el contexto real en que se produjeron los crímenes del terrorismo de Estado en el tercer gobierno peronista. Algunos de los trabajos de Besoky pueden consultarse en


La última testigo fue la directora del área de Justicia por Delitos de Lesa Humanidad de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), Claudia Bellingeri, quien realiza tareas peritaje judicial sobre el archivo de la ex Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA).
La perito presentó al tribunal un informe realizado por la CPM que incluye los registros de la DIPPBA tanto de la CNU como organización criminal, como las fichas policiales de los imputados Castillo y Pomares, pasando por los legajos que la policía confeccionó de varias de las víctimas de esta causa, como Carlos Domínguez, Leonardo Miceli, Néstor Dinotto y Graciela Martini.
Bellingeri desarrolló la existencia de varios legajos referidos a la CNU en la Mesa de “Factor Estudiantil” de la DIPPBA que dan cuenta de que la Policía bonaerense conocía a la banda de Castillo desde sus inicios en el año 1967. Los archivos describen las actividades políticas del grupo como charlas y actos, y sus intervenciones violentas en distintas facultades de la UNLP como Arquitectura y Agronomía. Los documentos también dan cuenta de los estrechos lazos de la CNU con la JPRA, la Juventud Sindical Peronista y las 62 Organizaciones.
A esa altura de la jornada, el presidente del TOF1, Germán Castelli, cortó la exposición de la testigo alegando que el Tribunal tenía otros compromisos “impostergables” y se comprometió a seguir escuchándola en la siguiente audiencia.

LAS AUDIENCIAS CONTINÚAN EL LUNES 14 DE AGOSTO A LAS 10 HS EN LOS TRIBUNALES FEDERALES DE 8 Y 51. PARA PRESENCIARLAS SOLO SE NECESITA SER MAYOR DE EDAD Y PRESENTAR DNI.

SEGUIR LEYENDO [+]

viernes, 4 de agosto de 2017

DESAPARICIÓN FORZADA DE SANTIAGO MALDONADO

SOLICITAMOS LA MAYOR DIFUSIÓN.


Compartimos un Spot denunciando la desaparición forzada de Santiago Maldonado en la represión que la Gendarmería desató en el Lof en Resitencia de Cushamén, en Esquel-Chubut, en tierras ancestrales mapuches que pretende usurpar el empresario italiano Luciano Benetton.



Sumamos un entrevista a Fernando Jones Huala, hermano del Lonco Facundo Jones Huala, realizada por los compañeros de Radio Futura de La Plata y que describe la situación.




APARICIÓN CON VIDA YA DE SANTIAGO MALDONADO

POR LA LIBERTAD DE FACUNDO JONES HUALA.
BASTA DE REPRESIÓN AL PUBELO MAPUCHE.
EL ESTADO ES RESPONSABLE.



SOLICITAMOS LA MAYOR DIFUSIÓN.

SEGUIR LEYENDO [+]