NO AL 2x1 - Basta de domiciliarias a los genocidas! * SI NO HAY JUSTICIA... HAY ESCRACHE * A dónde vayan los iremos a buscar!

viernes, 7 de noviembre de 2014

HACIENDO LA PLANCHA

Balance 2014 de los juicios a los Genocidas 

Presentamos a continuación un informe sobre los procesos contra los genocidas de la última dictadura llevados adelante desde la anulación de las leyes de impunidad en 2003 hasta noviembre de 2014. Destacamos sólo los procesos que han pasado por la etapa de juicio oral y tienen sentencia de un tribunal federal del país, porque dan una idea más acabada del número de condenas a que se ha llegado en estos años.

Los datos son de elaboración propia de HIJOS La Plata en base a información pública tanto de las investigaciones de los organismos de DDHH, como del Ministerio Público Fiscal( http://www.mpf.gov.ar yhttp://www.fiscales.gob.ar) y del Poder Judicial (http://www.cij.gov.ar). Nuestra base de datos puede consultarse en http://www.hijosprensa.blogspot.com.ar

Un año de plancha 
Con 14 juicios parciales concluidos y 72 condenas en lo que va de 2014 (ver tabla 1 adjunta en PDF), las causas contra los genocidas se van desdibujando entre la repetición de imputados y el estiramiento indefinido de la obligación del Estado de investigar y condenar. Si 2013 significó 2 juicios menos que 2012, y consolidó el estancamiento del proceso de juzgamiento en dos decenas de juicios con un centenar y medio de condenas por año, las tres cuartas partes de 2014 fueron incluso menos productivas que los últimos dos años. 
Lo más probable es que reste sólo 1 sentencia en lo que queda del año: el juicio realizado en Luis donde hay 29 represores imputados por 46 víctimas, y aunque todos sean condenados no cambia el panorama general. 

Desde la caída de las leyes de impunidad al 1 de noviembre de 2014 el Estado argentino sólo efectivizó 125 juicios orales con sentencia en todo el país. En esos 125 juicios estuvieron procesados 708 represores, y hubo como resultado 635 condenas sobre 519 represores, 67 absueltos y 6 muertos impunes mientras duraba el proceso, por un universo de 3098 víctimas. Esto quiere decir que sólo alrededor del 36% del total de los 2.000 procesados desde 2003 fue llevado a juicio, y un 27% de ese número de procesados fue condenado. 

Si tomamos como dato los 600 Centros Clandestinos de Detención que funcionaron en todo el país durante la dictadura, los 519 condenados siguen representando, a casi de 11 años de anuladas las leyes de impunidad, menos de 1 represor condenado por CCD. Para completar el cuadro, hay menos de 100 represores cuya condena ha sido confirmada por los tribunales superiores del país. Esto marca claramente que la pretensión punitiva de estos procesos lejos está de representar la dimensión real del aparato represivo del Terrorismo de Estado. 

Entonces, comparado con los miles de represores implicados en el Terrorismo de Estado entre el ’76 y el ’83, e incluso, comparado con los cerca de 2.000 procesados, ese 27% de condenados es menos auspicioso que lo pretendido desde los sectores oficiales como una “política de Estado” basada en “Memoria, Verdad y Justicia”. 

Análisis en todo el país 
En cuanto a las zonas represivas de la dictadura y a las fuerzas que participaron del Terrorismo de Estado, si subdividimos el total de juicios y condenas efectivizados por zona y por fuerza represivas, la perspectiva es mucho más desalentadora. Y obtenemos que respecto a las 3 zonas represivas más importantes, en lo que corresponde al Ejército y las policías provinciales se han hecho: 
- 31 juicios en jurisdicción del Comando del Primer Cuerpo (Bs.As. y La Pampa) con 178 condenas. 
- 28 juicios en jurisdicción del Comando del Segundo Cuerpo (NEA) con 128 condenas. 
- 36 juicios en jurisdicción del Comando del Tercer Cuerpo del Ejército (NOA) con 200 condenas. 

Es lógico que las cifras sean mayores en esas jurisdicciones porque concentraron mayor número de centros clandestinos y de efectivos por ser las zonas más pobladas y de mayor actividad organizativa militante. Pero si revisamos otras jurisdicciones como la del Comando del Cuarto Cuerpo de Ejército, que incluyó 8 partidos del norte bonaerense vemos que el juzgamiento fue de 11 procesos con 45 condenas, la mayoría por hechos del CCD Campo de Mayo. 
Y en el caso del Comando del Quinto Cuerpo, que abarcaba a toda la Patagonia, sólo se realizaron 9 juicios que condenaron a 64 policías y militares: 3 procesos en Neuquén, 3 en Chubut, 2 en Bahía Blanca y 1 en Río Negro. 

En cuanto a los crímenes de la Armada, sólo se logró condenar a 37 integrantes de las patotas de esa fuerza, 2 prefectos y 8 civiles cómplices: Ortiz y Pertusio en la primera parte de la causa de Base Naval de Mar del Plata, 10 marinos y 2 prefectos en el segundo tramo de esa casusa, 17 de los 18 represores imputados en Causa ESMA 2, Policarpo Vázquez, su mujer y la partera que los asistió en la apropiación de Evelyn Bauer-Pegoraro, 3 de los 4 represores del arma acusados en causa “Plan Sistemático”, 3 de los 5 marinos imputados por la “Masacre de Trelew”, el médico del hospital Naval Jorge Magnacco en “Plan Sistemático” y en la rémora de la causa Bauer-Pegoraro, el marino entregador (Juan Carlos Herzberg, también condenado en Causa La Cacha de La Plata) y el apropiador civil de Natalia Suarez Nelson-Corvalán; a 3 de los civiles apropiadores de Federico Cagnola Pereyra desde la Esma; y a 1 prefecto en el juicio Campo de Mayo 9. 

Además sólo 7 fueron los integrantes de la Fuerza Aérea condenados a la fecha (Barda, Comes, Mariani, Molina, Beccaria, Sambuelli y Benitez) en las causas Mansión Seré, Área Mar del Plata, Hospital Posadas, Furío y Base Aérea Reconquista. Y hubo sólo 10 integrantes de Gendarmería condenados, Víctor Rei, en el caso de la apropiación de Alejandro Fontana-Sandoval, los alferez Guillermo Cardozo y Eugenio Pereyra, en causa ABO 1, José San Julián en causa Unidad Penal 1 de Córdoba y 6 de los 7 gendarmes imputados la causa Arsenales-Jefatura de Tucumán. 

Qué tipo de juicios tuvimos 
Si revisamos las características de los juicios en cuanto al número de imputados que incluyeron veremos que de los 125 procesos realizados, casi la cuarta parte tuvieron un solo imputado en el banquillo, más de la mitad tuvieron entre 1 y 5 imputados, y las tres cuartas partes de ellos entre 1 y 10 imputados. Ese patrón responde a la lógica de juzgamiento sólo de las responsabilidades de los altos jefes del mando militar o policial que funcionaron como responsables en la estructura orgánica de las zonas represivas, pero no contempla a la totalidad de los represores que actuaron en cada CCD ni mucho menos a la totalidad de víctimas que por ellos pasaron. 

Si analizamos la característica de las penas, surge que sólo el 41% de los represores fueron condenados al máximo de la pena (prisión o reclusión perpetua). En efecto, el 11% de los condenados recibió 25 años de prisión, y el restante 48% a menos de 25 años. Esto nos hace reflexionar sobre la calidad de la condena con que el Estado valora los crímenes que está juzgando, que son de lesa humanidad, y por lo tanto imprescriptibles, y fueron cometidos en grupos de tarea, utilizando el aparto de Estado y con acumulación de casos; pero que muchas veces son equiparados en sentencia en el monto de las penas a delitos graves y de sangre, pero cometidos por delincuentes comunes. 

Además hubo en estos 11 años 67 polémicas absoluciones, de las cuales 15 se produjeron en 2013 y 5 en lo que va de 2014. Los perdones por “duda razonable” sobre connotados represores se siguen repitiendo. Desde la incial absolución otorgada al represor Miguel Angel Trimarchi, perdonado en el juicio por la Masacre de Fátima por el Tribunal Oral Federal Nº 5 de Capital Federal; pasando por el torturador de la Policía Federal Juan Carlos Falcón, eximido en el juicio parcial del Circuito Club Atlético-El Banco-El Olimpo por el Tribunal Oral Federal Nº 2 de Capital Federal; el reguero de perdones que despachó el TOF Nº 1 de Córdoba sobre 7 imputados de un total de 31, en el proceso por los hechos de la Unidad Penal Nº 1 de esa provincia; el escandaloso perdón en los 13 casos en que se acusaba al torturador Juan Carlos Rolón en el juicio parcial por hechos ocurridos en la ESMA, y el cúlmine de 9 absueltos sobre 22 imputados con que el TOF de Neuquén marcó al segundo juicio por el CCD La Escuelita de Neuquén como el más impune. 
Este año 3 prefectos fueron absueltos en el noveno proceso por el CCD Campo de Mayo, donde los doctores Sagretti, Milloc y Barroetaveña del TOF de San Martín anularon sin más sus indagatorias de hace 5 años y los mandaron a casa. Además el agente “S” de inteligencia de la Policía de Rosario, Pedro Travagliante, fue dejado libre de cargos por los jueces Berros, Lopez Arango y Vella. Y el auxiliar de la Sección Interior del Destacamento de Inteligencia 101 de La Plata recibió pedido de absolución por los fiscales Schapiro y Fernández en el juicio La Cacha, pese a que figura como “sargento 1° de Infantería” en la nómina de integrantes de esa dependencia en todo el período '76/'83. Con ello los jueces del TOF 1 de La Plata Vega, Jantus y Rozanski (en eterna disidencia) lo absolvieron, además de apartar por “cuestiones de salud” al subdirector de Seguridad de la bonaerense de Camps, Eduardo Gargano, a quien tuvieron a disposición y en perfecto estado durante todo el juicio. 

Estos casos alertan sobre la necesidad de mejorar el trabajo fiscal y de jueces de instrucción para completar las investigaciones incriminatorias preliminares sobre cada imputado, y para arribar a la etapa oral sin dar posibilidad a las “dudas” absolutorias. 
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El estancamiento 
Curiosamente venimos escuchando desde los sectores oficialistas que cada año que se inicia será realmente “el año de los juicios”, valoración propia de quien analiza en abstracto el proceso en lugar de ir a los números concretos. Si tomamos los últimos 5 años veremos que lejos de crecer exponencialmente, el proceso anual de juzgamiento se va estancando en dos decenas de juicios con un centenar y medio de condenas cada año. En 2010 hubo 19 juicios con 114 condenas, mientras en 2011 hubo 21 procesos finalizados con 86 condenas, en 2012 fueron 25 juicios llegados a sentencia con 131 condenas, y en 2013 el proceso se estancó en 23 juicios concluidos con 161 condenas . Este 2014, a que le quedan dos meses, sumó entonces la magra cifra de 14 juicios concluidos con 72 condenas. 
Es grave el estancamiento de la tendencia, a corroborar este año, si se tiene en cuenta que la cantidad de procesos venía creciendo paulatinamente desde los 2 juicios de 2006, los 2 de 2007, los 5 de 2008 y 13 de 2009. 
En este sentido es llamativo el optimismo que trasmite el informe sobre el estado de las causas que el Ministerio Público Fiscal publicó en octubre pasado, y que replicaron los medios oficialistas sin el menor análisis. Allí se destacan las afirmaciones parciales e interesadas. Por ejemplo se señala que “las estadísticas muestran que desde diciembre de 2007 la cantidad de procesados creció en más de un 300%” o que “las condenas vienen experimentando un crecimiento de más de un 1.400% desde 2007”. Ello es verdad, pero podría complementarse diciendo que si el proceso de juzgamiento, es decir realizar efectivamente los juicios y llegar a sentencia, se viene estancando, más procesamientos generan un cuello de botella más cercano a un problema que a una solución. Y que, con la misma liviandad que los empleados de Auat y Parenti, se puede afirmar algo tan cierto y relativo como que la cifra de absueltos creció más de un 1.000% desde 2007 o que “sólo en los primeros diez meses de 2014 concluyeron 14 juicios”, cuando es difícil que el año tenga más de 12 meses y lo cierto es que desde 2011 ese promedio anual no bajaba de 20. 

El único dato interesante que aporta el informe de los fiscales es que “en este contexto, sólo hay 125 condenas firmes -es decir, sin posibilidad de revisión- en 54 causas, que involucran a 114 personas”. Entonces, las 125 condenas firmes son mucho menos alentadoras que las 635 de primera instancia logradas de 2006 a la fecha. Y mueven a la carcajada si constatamos que, como informan los fiscales, “buena parte de estas condenas firmes son por juicios llevados a cabo en la década de 1980 y casos de apropiación de menores”. Ello da una muestra de la falta de celeridad en el trabajo tanto de la Corte Suprema como de las Salas de la Cámara de Casación, encargadas de revisar (para confirmar o rectificar) los fallos de primera instancia. 
Aquí es donde entra a pesar la fragmentación de las causas que llegan a juicio, y por eso sostenemos la necesidad de acumular las causas para juzgar por circuito represivo o por CCD: porque sabemos que incluso más juicios por año no es necesariamente más justicia, y porque sumar juicios en abstracto no es lo mismo que destacar que en 2010, 7 de los 19 juicios fueron a 1 o 2 represores, y que esa cifra aumentó en 2011 a 9 de los 21 procesos, se sostuvo en 2012 en 9 juicios, creció a 11 en 2013 y en este año fueron 6 sobre 14 los procesos que juzgaron a 3 represores o menos. 
Claro que no siempre esto es destacado por funcionarios de Justicia o Derechos Humanos del Poder Ejecutivo, ni por el Ministerio Público, ni por la prensa adepta al gobierno, que viene pregonando “el año de los megajuicios” desde comienzo de 2013 y destacando el supuesto “salto cualitativo en el juzgamiento” o afirma que “comenzaron a realizarse los llamados ‘megajuicios’”. Y si bien es cierto que las causas “ESMA3” en la Ciudad de Buenos Aires o “La Perla” en Córdoba llevan más de un año y medio aletargan el conteo de juicios concluidos, habría que recordarle a esa prensa obseKuente que en 2012 sólo 6 de los 25 juicios terminados juzgaron a 10 o más represores, que en 2013 representaron sólo 7 de los 23 procesos concluidos, y que en 2014 sólo el juicio “La Cacha” entró en esa categoría. Es decir que lo que viene habiendo año tras año son largamente más “mini-juicios” que “mega-juicios” terminados. 

La distribución geográfica de los procesos llegados a sentencia hasta el 31 de diciembre de 2013 en las 26 jurisdicciones Federales, continuó destacando a la Ciudad de Buenos Aires (con 22 debates concluidos, sólo 1 en 2014), como la jurisdicción donde mayor cantidad de juicios hubo en todo el proceso, seguida de La Plata y San Martín (11 cada una), Tucumán (9), Mar Del Plata (7), y Santa Fe (6). 
Sigue siendo crítica la situación de los juicios en los juzgados el interior del país, sobre todo en lo que fueron en dictadura zonas represivas importantes como Córdoba (37 condenas en 5 juicios), Rosario (37 condenas en 6 juicios) y Neuquén (26 condenas en 3 juicios). Peor es el panorama en las provincias de noroeste y noreste del país, que en general no superan los 5 procesos terminados. Los casos más extremos lo representan las provincias de Jujuy y Entre Ríos (2 juicios concluidos cada una) y Río Negro, que tuvo hace 3 años su única sentencia de este tipo de juicios. 

Apropiaciones y delitos sexuales 
En cuanto a los juicios por la apropiación de los hijos de los compañeros desaparecidos (contemplados en las figuras de supresión de identidad, retención y ocultamiento de un menor, falsificación de documento público y supresión de identidad), el panorama de juzgamiento ha avanzado con las mismas contradicciones que el resto de los procesos. 

Un total de 19 juicios en 11 años, que incluyeron 64 casos y donde se obtuvieron 78 condenas sobre similar número de represores. En esos 64 casos juzgados, siendo que el total de restituciones es de 115 identidades, y pese a haberse juzgado a algunos de los represores responsables de su apropiación, encontramos que en 14 de estos casos los jóvenes aún no han sido restituidos a su verdadera identidad. 
La comisión de delitos sexuales como parte del plan represivo, pero como un delito autónomo al de tormentos, sigue siendo resistida por la mayoría de los tribunales del país. En los últimos años sólo los represores Musa Azar y Miguel Garbi en Santiago del Estero han sido condenados por estos delitos. La querella de Justicia Ya La Plata planteó en el juicio La Cacha un concepto 
amplio de violencia sexual, que no se reduce tan solo a las violaciones o abusos, sino también la exposición a la desnudez, los insultos, el ir al baño con un hombre mirando, la higiene personal, lo que implicaba ser objeto de cosificación dentro del CCD. Pero los planteos fueron rechazados por el TOF 1 porque “no integran el objeto procesal de la causa”. 
Sólo los fiscales Nebbia y Palazzani en Bahía Blanca se han atrevido a romper la inercia imperante, y han planteado ampliar indagatorias a un grupo de imputados en esa localidad por delitos sexuales específicos. Recientemente la Cámara Bahiense hizo lugar al planteo, aunque no aceptó el criterio de que esa violencia tuvo un fuerte contenido de género y que todos los delitos sexuales son autónomos a los de tormento. 
El castigo, la humillación contra las mujeres incluía los abusos y ataques sexuales y eran acciones cotidianas sin sanción para sus ejecutores, conocida por todos los estamentos militares y formaban parte del plan aún sin la existencia de órdenes expresas y servían para doblegar a la víctima y para aterrorizar al resto. 
Tanto la violencia sexual como el miedo a ella constituyen parte integral del "control social de las mujeres", volverlas sumisas y obedientes, y está motivada por el deseo de dominar y castigar antes que por el deseo sexual. por lo tanto, el delito de violencia sexual ocurrió en un contexto de Plan Sistemático contra la población civil y es un crimen de Lesa Humanidad. 
Estas violaciones a los derechos humanos de las mujeres han sido invisibilizadas durante mucho tiempo, por la vergüenza, la culpa, el temor y la estigmatización de las que son objeto las mujeres afectadas. Si la sociedad post dictadura no estaba dispuesta a escuchar y mucho menos a comprometerse en este reclamo, y tuvo que pasar mucho tiempo para poder romper el silencio y poder testimoniar este horror vivido, ahora es tarea de la justicia recepcionar de una vez por todas estos hechos para dar cuenta completa de o que sucedía en los CCD. 


La Corte y las domiciliarias 
En septiembre pasado la Corte Suprema reabrió la polémica por las domiciliarias a los genocidas, tras flexibilizar su propio criterio y otorgarle domiciliaria a Roque Pappalardo, condenado a perpetua por el TOF de Mar Del Plata en marzo de 2012 por el asesinato del abogado laboralista Carlos Moreno. 
Para la Cámara de Casación y la Corte los más de setenta años del represor y sus problemas cardíacos, convalidados por el dudoso Cuerpo Médico Forense, ameritan su cómodo alojamiento domiciliario. El cambio de criterio es patente, porque hasta ahora la Corte Suprema priorizaba la cárcel común al contemplar que tuvieron y conservan poder y capacidad de escaparse y complicar las investigaciones. La desaparición aún impune de Jorge Julio López no ha sido suficiente aviso de la capacidad operativa de para los cortesanos. 

Tampoco fueron suficientes los casos del represor Carlos Hidalgo Garzón, condenado por apropiación y enviado a un geriátrico abierto hasta que la propia nieta apropiada lo denunció; ni el de Juan Antonio Azic, sentenciado a 14 años como apropiador de Victoria Donda, que se pegó un tiro en el mentón cuando ordenaron detenerlo en la clínica adonde el tribunal lo había enviado; o el caso del médico de Jorge Magnacco, condenado como entregador de Javier Viñas y Evelyn Bauer, y descubierto violando la domiciliaria con caminatas por el centro porteño; o el de Juan Miguel Wolk, procesado en causa Pozo de Banfield y enviado a su casa para profugarse unos meses con ayuda de su hija policía; o el escándalo de los genocidas Jorge Olivera y Gustavo De Marchi, que tras ser condenados en San Juan se fugaron mientras eran traídos al Hospital Argerich con ayuda de la esposa de uno de ellos, a la sazón enfermera del lugar. Entonces, no sólo se avalan beneficios no otorgados al resto de los condenados comunes, sino que no se controla su cumplimiento, lo que ya generó un precedente aplicado en otros casos (Carlos Mulhal y Miguel Gentil en Salta) y un reguero de pedidos de otros genocidas. 


La Plata sigue impune 
Para La Plata el año 2014 sumó condenas en el juicio por La Cacha, uno de sus CCD más importantes en cantidad de compañeros que por allí pasaron como en coordinación represiva. Pero el juicio siguió marcando el clásico desgüace de las causas. Tras tener 10 años la causa en sus manos, el juez Manuel Blanco y su secretaria Ana Cotter se dedicaron a fragmentar la causa y parcializar las imputaciones. El resultado fue que en marzo de 2012 Blanco clausuró la instrucción y elevó la causa a juicio, incluyendo a sólo 17 genocidas por 127 casos del año '77. Así quedaron fuera de este proceso decenas de compañeros cuyo paso por este campo está denunciado hace décadas, igual que un grupo de penitenciarios que nunca fue procesado. 
Antes de que la causa llegara a juicio oral murieron impunes 2 de los mayores responsables del campo: el gobernador militar, Ibérico Saint Jean y el jefe del Destacamento 101, Alejandro Arias Duval. En la causa continúa prófugo el represor Teodoro Gauto, y fue detenido fuera de término en Panamá Ricardo Von Kyaw. 
Con un juicio como éste, fragmentado y tardío, se perdió la oportunidad de investigar en unidad el funcionamiento de la maternidad clandestina más grande de la zona (no formaron parte de la acusación casos de apropiación), el rol operacional del esquema de inteligencia militar y la coordinación represiva para el exterminio entre los grupos de tareas del Servicio Penitenciario, la Armada y el Ejército (tampoco se contemplaron la mayoría de los homicidios probados). 
Con esto suman 62 los genocidas condenados en La Plata desde la reapertura de las causas (ver tabla 2 adjunta en PDF), la mitad de ellos sentenciados a perpetua. La cifra sigue siendo poco representativa para una ciudad que contó con al menos 12 CCD y miles de víctimas de la represión, y mucho más para una jurisdicción federal donde se juzgan los delitos cometidos en los 29 CCD de la Bonaerense de Camps, más las responsabilidades de como las patotas del Ejército, la Armada, el Servicio Penitenciario y agentes civiles de Inteligencia o grupos paraestatales como el CNU. 
Pero además hay en la jurisdicción federal de La Plata unas 25 causas fragmentadas en instrucción con procesamientos que incluye nada más que a 90 represores a ser juzgados en próximos juicios. Es decir que, aun presuponiendo la efectiva condena de todos los represores procesados en la jurisdicción federal La Plata, no superaríamos los 150 genocidas condenados en el horizonte de juzgamiento que el Estado propone, al menos sobre el circuito represivo de la Policía Bonaerense en dictadura. 



Conclusión 
En general, y siempre comparando lo que se ha hecho con la dimensión histórica real de participación de agentes militares, policiales y civiles en la represión, es necesario un mayor impulso de avance en los procesamientos, así como mayor acumulación de las causas hacia la lógica del CCD o el Circuito represivo. Eso se logra sólo con un mayor impulso político general del proceso juzgador, que este gobierno no está dispuesto a dar. 

Hace poco el presidente del TOF 1 de La Plata, Carlos Rosanzki, enunció el gran secreto a voces de los juicios a los genocidas. A la pregunta del portal Infojus sobre cuándo se terminará de juzgar estos procesos afirmó: “El final lo va a marcar la naturaleza, y no algún funcionario del Estado. Yo hice una proyección, hace cinco años, que los juicios tardarían 100 años en terminarse”. (1) 
Así planteados, estos procesos continúan reproduciendo la situación de impunidad porque sólo serán juzgados una serie de casos emblemáticos, altos mandos y reputados represores, mientras el conjunto de miembros de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y de Inteligencia que planificaron y ejecutaron el genocidio quedará relegado a juzgarse en futuros inciertos debates o, si la tendencia actual se consolida, completamente libre. 

Por ello, la voluntad manifiesta del oficialismo de “clausurar esta etapa histórica” antes de retirarse en 2015 es, además de impracticable, una efectiva clausura, pero que dejará a miles de represores libres, a miles de familias sin respuesta por tantos años de lucha por Justicia y a una sociedad toda engañada sobre una política a medias de Juicio y Castigo. 
(1)http://www.infojusnoticias.gov.ar/nacionales/etchecolatz-se-quiso-parar-al-principio-de-la-audiencia-pero-lo-frene-6277.html 

A 38 años del golpe genocida seguimos luchando por:
- CÁRCEL COMÚN, PERPETUA Y EFECTIVA A TODOS LOS GENOCIDAS. JUSTICIA POR TODOS LOS COMPAÑEROS.
- JUICIOS POR CENTRO CLANDESTINO DE DETENCIÓN O CIRCUITO REPRESIVO.
- RESTITUCIÓN DE NUESTROS HERMANOS APROPIADOS. NO AL TRASLADO DEL BANCO NACIONAL DE DATOS GENÉTICOS.
- JUICIO Y CASTIGO A LOS RESPONSABLES DEL SECUESTRO Y DESAPARICIÓN DE JORGE JULIO LOPEZ.
- BASTA DE AMENAZAS A LOS TESTIGOS EN LOS JUICIOS. JUSTICIA POR SILVIA SUPPO.
- BASTA DE GATILLO FÁCIL. FUERA LA POLICÍA DE NUESTROS BARRIOS.
- BASTA DE REPRESIÓN Y PERSECUSIÓN A LOS QUE LUCHAN. LIBERTAD A TODOS LOS PRESOS POLÍTICOS. AMNISTÍA O DESPROCESAMIENTO A LOS LUCHADORES POPULARES. 



30.000 COMPAÑEROS DETENIDOS-DESAPARECIDOS
¡¡¡PRESENTES!!!
¡¡¡AHORA Y SIEMPRE!!!

HIJOS LA PLATA

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lunes, 27 de octubre de 2014

El Genocida Etchecolatz amenaza a testigos

 


El día 24 de octubre fue leída la sentencia a 21 imputados acusados por su actuación en el CCD La Cacha y por los asesinatos de Marcelo Bettini y Luis Sixto Bearzi .
Durante la parte de la lectura en que se condenó a Miguel Osvaldo Etchecolatz (MOE), por cuarta vez, a cadena perpetua por su harta comprobada actuación en el genocidio perpetrado durante la dictadura, el reo pretendió exhibir un papel escrito de su puño y letra con el nombre de nuestro compañero Jorge Julio López y la palabra secuestrado.
Queremos recordar que López desapareció por segunda vez en el marco del primer juicio a este genocida y que su secuestro fue cínicamente anunciado por el propio MOE.
Pasaron 8 años desde la desaparición de López y nada serio se ha hecho por averiguar y castigar a sus desaparecedores. Desde un primer momento Justicia Ya pidió que se investigue en el círculo de allegados a Etchecolatz y a la bonaerense en donde más de 9.000 de sus integrantes eran miembros de esta fuerza una de las principales perpetradoras del genocidio.


Nuevamente este genocida amenaza a los testigos, una vez más pone impunemente en evidencia su participación en el segundo secuestro y desaparición de Jorge Julio López.
No fue esta la única amenaza proferida por los reos durante este juicio. Desde nuestra querella denunciamos públicamente las reiteradas veces en que el Oso Acuña (también condenado a perpetua) amenazo intentando amedrentar a testigos.
La desaparición aún impune, de Jorge Julio López, el asesinato a Silvia Suppo, los secuestros de Gerez y Puthod nunca aclarados, hacen que el gobierno y la justicia deban tomar estas amenazas con la urgencia y responsabilidad que le caben.
La fragmentación de los juicios a los genocidas, como lo sucedido en La Cacha donde se elevó por los casos de un solo año de los 3 que funcionó este CCD, hacen que los testigos deban exponerse una y otra vez y por lo tanto es directamente funcional a que sucedan este tipo de amenazas.

Ante esto Justicia Ya La Plata exige:

INMEDIATA INVESTIGACIÓN DE ESTA NUEVA AMENAZA
ESTRICTO CONTROL A LOS CÍRCULOS DE ALLEGADOS A LOS GENOCIDAS DE LA CACHA.
JUICIO Y CASTIGO A LOS RESPONSABLES DE LA DESAPARICIÓN DE JORGE JULIO LÓPEZ.
BASTA DE FRAGMENTACIÓN DE LOS JUICIOS, JUICIO Y CASTIGO A TODOS LOS GENOCIDAS Y POR TODOS LOS COMPAÑEROS.

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martes, 21 de octubre de 2014

SENTENCIA EN EL JUICIO POR EL CCD LA CACHA


MIERCOLES 22 DE OCTUBRE – DESDE LAS 10 HS
Audiencia juicio La Cacha – Continúan las palabras de los genocidas.
Convocamos a repudiarlos con nuestra presencia.
Sala de Audiencias – 4 e/51 y 53

VIERNES 24 de OCTUBRE – DESDE LAS 16hs
JORNADA DE LUCHA EN LA ESQUINA DEL TRIBUNAL - 4 Y 51
(RADIO ABIERTA – MÚSICA – ARTE)



El Centro Clandestino de Detención “La Cacha” fue creado en el Área 113 del Comando del 1er Cuerpo del Ejército para desmantelar los últimos vestigios de resistencia organizada a la dictadura. Funcionó entre mediados del ‘76 y fines del ‘78 en la antigua planta transmisora de Radio Provincia, al lado de la Cárcel de Olmos. El nombre “La Cacha” se refiere al personaje la bruja Cachavacha de la tira “Hijitus”, del dibujante García Ferré, que “hacía desaparecer gente”.
Los primeros relatos sobre el lugar, su funcionamiento y apodos de represores los tiene la justicia hace 30 años, y fueron producidos por el denominado grupo CLAMOR en San Pablo.

Tras tener 10 años la causa en sus manos, el juez Manuel Blanco y su secretaria Ana Cotter se dedicaron a fragmentar la causa y parcializar las imputaciones. El resultado fue que en marzo de 2012 Blanco clausuró la instrucción y elevó la causa a juicio, incluyendo a sólo 17 genocidas por 127 casos del año '77. Así quedaron fuera de este proceso decenas de compañeros cuyo paso por este campo está denunciado hace décadas, igual que un grupo de penitenciarios que nunca fue procesados.
Antes de que la causa llegara a juicio oral murieron impunes 2 de los mayores responsables del campo: el gobernador militar, Ibérico Saint Jean y el jefe del Destacamento 101, Alejandro Arias Duval. En la causa continúa prófugo el represor Teodoro Gauto, y fue detenido en Panamá Ricardo Von Kyaw.
Con un juicio como éste, fragmentado y tardío, se pierde la oportunidad de investigar en unidad el funcionamiento de la maternidad clandestina más grande de la zona, el rol operacional del esquema de inteligencia militar y la coordinación represiva entre los grupos de tareas del Servicio Penitenciario, la Armada y el Ejército.

A pedido de la familia Bettini se sumó al juicio la causa por los asesinatos de Marcelo Bettini y Luis Bearzi en noviembre del ’76, donde están imputados Smart, Etchecolatz, Luján, Gargano y Garachico, uno de los represores mencionados por Lopez en su testimonio sobre los CCD de Arana.
Este juicio es fiel reflejo del proceso de “juicios a cuentagotas” en todo el país, que en 11 años sólo ha condenado a 496 represores por 2970 víctimas. Ello representa sólo el 25% de los 2.000 genocidas procesados en estos años.
En La Plata llegamos a esta sentencia con 46 represores condenados en 10 juicios fragmentados, mientras hay otros 90 genocidas a la espera de ser juzgados. Es decir que el esquema de juicios que el Estado propone no incluye para el Circuito Camps (29 CCD en toda la zona) más que 150 represores.
Seguimos denunciando la impunidad de ayer y de hoy, porque sigue al frente del Ejército un genocida de inteligencia de la dictadura, porque se sigue criminalizando la protesta social y porque sigue muriendo un pibe pobre día por medio en cárceles y comisarías.

JUICIO Y CASTIGO A TODOS LOS GENOCIDAS.
CON MILANI, BERNI Y GRANADOS CONTINÚA LA IMPUNIDAD.
BASTA DE AJUSTE Y REPRESIÓN K.


MIERCOLES 22 DE OCTUBRE – DESDE LAS 10 HS
Audiencia juicio La Cacha – Continúan las palabras de los genocidas.
Convocamos a repudiarlos con nuestra presencia.
Sala de Audiencias – 4 e/51 y 53

VIERNES 24 de OCTUBRE – DESDE LAS 16hs
JORNADA DE LUCHA EN LA ESQUINA DEL TRIBUNAL - 4 Y 51
(RADIO ABIERTA – MÚSICA – ARTE)

LA MEMORIA ES DEL PUEBLO, 
NO DE LOS GOBIERNOS
MULTISECTORIAL 
LA PLATA-BERISSO-ENSENADA

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Ante la aparición del cuerpo de Luciano Arruga desde HIJOS La Plata decimos: UNA VEZ MÁS EL ESTADO ES RESPONSABLE


En estos años de lucha hemos aprendido varias cosas. Entre ellas que el Estado siempre es reticente si se trata de probar la verdad de sus propios crímenes atroces y que nunca le alcanzan las pruebas para encontrar a los verdaderos responsables.
La intencionada versión del accidente de tránsito parece una burla más a la lucha de todos estos años por encontrar a Luciano, y en todo caso no exculpa las responsabilidades por esta trama de encubrimiento y desidia política-policial-judicial en el destino del cuerpo. Sea cual haya sido su trágico final.
No queremos una versión a la medida del momento político, queremos saber la verdad. Y tenemos sobrados antecedentes para afirmar que el Estado se niega a reconocer las desapariciones forzadas como tal. De hecho la “déKada ganada” dio continuidad a esa práctica a poco de echada a andar: en octubre de 2003 la policía de Chubut secuestraba, torturaba y desaparecía a Iván Eladio Torres, un joven de 26 años de Comodoro Rivadavia que ya venía sufriendo amedrentamientos por el solo hecho de ser joven y pobre. Como Luciano. El caso Torres resultó una marca para esta gestión, pues a partir de un fallo condenatorio de la Corte Interamericana de DD.HH. en 2011 fue conminada a incluir la figura específica de la desaparición forzada de persona en su ordenamiento legal. Esto es: en el país de los 30 mil desaparecidos, el Estado argentino tardó 28 años en reconocer la entidad del delito con la ley 26.679, y sólo lo hizo tras recibir una sanción externa, como medida parcial por un caso aún impune en plena “democracia”.
En los casi 6 años de lucha por Luciano, quedan muchas preguntas pendientes:
¿Qué pasó con los testimonios que al inicio del hecho convalidaban la versión de una detención de Luciano con destino incierto?
¿Qué pasó con la detección por el sistema AVL de que un móvil de la 8va y del Destacamento de Lomas estuvo ausente la noche del hecho?
¿Qué pasó con la investigación inicial realizada por la fiscal Castelli y el comisario Javier Chebriau, de conocido pasado en la Delegación Drogas de la Maldita Bonaerense de los '90?
¿Qué pasó con las indagatorias a Diaz, Herrera, Monte, Marquez, Sotelo, Fecter, Vazquez y Zéliz, los 8 efectivos del Destacamento puestos en disponibilidad por la fiscal Cejas?
¿Qué pasó con los libros de registros allanados por la fiscalía en la seccional 8va de Quintana y en el Destacamento?
¿Qué pasó con las pruebas de luminol para encontrar rastros de sangre, hechas a dos años del hecho?
¿Qué pasó con la preventiva pedida por la fiscal Cejas sobre los dos policías responsables de detención y golpes a Luciano en la primavera anterior al verano de los hechos?
¿Por qué, al igual que en el caso Lopez, la investigación la inició la propia Policía bonaerense, en el fuero ordinario, como si se tratara de una búsqueda de persona?
¿Por qué se tardó tanto en aceptar la radicación de la causa en el fuero federal, que es el que investiga delitos complejos como la desaparición de persona?
¿Por qué se tuvo que exigir el llamado a interpelar a los responsables de Seguridad, Justicia y Derechos Humanos para poder seguir avanzando en la causa?
¿Por qué se tuvo que llegar a la Cámara de Casación Penal para que se habilitara el Habeas Corpus, que fue el que dio este resultado?
Tantas preguntas parecen apuntar a una sola dirección: impunidad y encubrimiento.

Los “accidentes viales” con la Policía de por medio tienen serios antecedentes. En 1997 el sargento Omar Aquirino Díaz conducía un colectivo policial de infantería e iba siguiendo a un colectivo trucho para requisarlo. El móvil policial tenía sede en La Plata, pero estaba operando en Quilmes. En la esquina de Belgrano y Mosconi embistió a Gerardo Godoy, un joven que iba paseando en ciclomotor con un amigo. Gerardo estuvo cinco días en coma y falleció. A partir de allí su familia comenzó a luchar por justicia en el caso. Y conocieron el manto de encubrimiento que la bonaerense despliega cuando uno de los suyos está en problemas. Descubrieron que el sargento Díaz no tenía registro para manejar el colectivo, sino móviles sólo de carga de hasta 350 toneladas. Nunca le retiraron el registro. Fue juzgado por un simple delito de tránsito. El padre de Gerardo dijo en el juicio, en este caso siendo literal: “No olvidemos que quien maneja un vehículo también porta un arma”. Agregamos “porta un arma y viste gorra azul”.
También la modalidad policial de asesinar para luego hacer pasar como accidente tiene ejemplos claros. En enero de 2002, el cuerpo inconsciente de Christian “El Rusito” Pérez fue arroyado por un tren cerca de la estación de City Bell. Había sido detenido de madrugada en la comisaría 10ma de City Bell, llevado por un grupo de personas que lo acusaba de haber atropellado al hermano de un policía. Trasladado luego al Cuerpo Médico, le constataron “lesiones leves” en un acta que no tenía su firma. Luego lo llevaron nuevamente a la comisaría, donde lo cruzó el hermano del supuesto policía atropellado. A las 6:20 según un acta policial, con firma también falsa, el joven se habría retirado de la comisaría. A las 8:30 su cuerpo era arroyado por un tren, cuyo maquinista declaró que pudo observar a distancia un cuerpo inmóvil sobre las vías y que no tuvo posibilidad de frenar a tiempo. El fiscal Leandro Heredia convalidó la versión policial de “suicidio”, y delegó la investigación en la fuerza. Hubo dos autopsias que se contradecían sobre la causal de muerte. Las ropas y pertenencias de Christian desaparecieron, mientras que las muestras de ADN entre sus dedos, así como el libro de guardia, fueron ocultados por 7 años. A pesar de esto, la carátula de suicidio se mantuvo. Doce años después, y por la intervención del Colectivo de Investigación y Acción Jurídica, se logró impedir el cierre de la causa y se logró la detención de 4 policías por “homicidio agravado por alevosía”.

Hace poco, desde HIJOS contrastábamos la actuación médico-policial en la Morgue local durante la dictadura, que salió a luz en el juicio por el CCD La Cacha; con el ocultamiento de cuerpos que siguió a las inundaciones del 2 de abril en nuestra ciudad. Y decíamos que se continuaban hasta hoy las mismas prácticas de ayer: identificación irregular de los cuerposcomo NN, falseamiento de las causales de muerte, asentamiento irregular de muertes traumáticas como decesos naturales, inhumación en doble sepultura, autorización indebida de la cremación de cuerpos para borrar prueba, déficit estructural de la documentación del caso sin protocolo de acción, sin código de seguridad, sin régimen de entrega del cuerpo al familiar.
38 años después, la misma mecánica. Ayer el Terrorismo de Estado, falseando cuerpos NN de personas a las que habían investigado, detenido y asesinado planificadamente, como último eslabón de la cadena de crímenes impunes. Hoy la desidia política-policial-judicial para encubrir el crimen social que significaron las inundaciones.
Todos los funcionarios de la morgue policial de La Plata en dictadura siguen impunes y trabajando como médicos. Por la actuación como parte de la burocracia desaparecedora de cuerpos tras el 2 de Abril en La Plata están procesados los titulares de las comisarías 4ta de La Loma, 6ta de Tolosa y 11va de Ringuelet, y una médica policial. Pero la cadena de responsabilidades se extiende más allá y llega al superintendente de Investigaciones en Funcion Judicial, comisario Jorge Narsala,; al Superintendente de Policía Científica, comisario Pablo Vazquez; al delegado departamental de la Científica, Carlos Jaime; al jefe de la Morgue Policial, comisario Sergio Marano, a los médicos de la morgue Juan Alsina y David Costi; al juez Atencio que intervino en el caso; y a los responsables políticos del área de Seguridad y Justicia en la provincia, por aquel entonces juntas en manos del ex Alcaide Mayor del SPB en dictadura, aún hoy ministro, Ricardo Casal.

A esta altura una cosa queda clara: no necesitamos más muertes impunes para confirmar la continuidad de las vejas prácticas de encubrimiento de los crímenes de Estado.
No necesitamos que el Estado nos diga que va a combatir su propia “violencia institucional”: Scioli, Casal y Espinoza son responsables por este crimen.
Va toda nuestra solidaridad para los familiares y amigos de Luciano en estos momentos de dolor. Para su mamá Mónica, para su hermana Vanesa y para todos los que las acompañaron estos años. Hacia adelante haremos lo que mejor aprendimos: seguiremos la lucha por justicia en el caso, por la memoria de Luciano y de los más de 200 desaparecidos en estos últimos 31 años.

HIJOS La Plata
Octubre de 2014

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miércoles, 1 de octubre de 2014

ALEGATOS CCD LA CACHA - Justicia YA!

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INDICE:
1. Presentación 2
2. Introducción 2
3. Los Genocidas
3.1 Zonificación. 7
3.2 Actas, Reglamentos y Ordenes que marcaron el accionar Represivo de la última dictadura Militar 7
3.3 Reglamentos y Ordenes que marcaron el accionar del Destacamento de Inteligencia 101 como unidad de Inteligencia del Ejército 11
3.4 Articulación entre las distintas fuerzas 15
4. Relación de La Cacha con otros CCDs y coordinación con otras fuerzas 26
5. Iglesia y dictadura 31
6. Genocidas civiles 32
7. Actuación del cuerpo médico policial 34
8. Los Compañeros.
8.1 Movimiento obrero 48
8.2 Movimiento universitario 49
8.3 Organizaciones políticas 51
8.4 Conscriptos 52
9. Embarazadas 53
10. Historia de la causa La Cacha. Mecánica de Juzgamiento y desguace 60
11. Delitos sexuales y sus consecuencias. Solicitamos cambio de calificación 66
12. Allanamientos y robos 73
13. Condiciones de vida en el CCD 74
14. Resistencia y solidaridad en el campo 75
15. Efectos psicosociales de la represión 76
16 Calificación legal 82
17. Autoría 95
17.1 De la ley penal aplicable 97
17.2 Concurso de delitos 100
17.3 Cambio de Calificación. Homicidios 100
18. Imputación 102
19. Atenuantes y agravantes 124
20. Acusación 125
21. Petitorio 143 

1.- PRESENTACION
Como hicimos en aquel primer juicio desde la declaración de la nulidad de las leyes de impunidad, que se llevó adelante contra Miguel Osvaldo Etchecolatz, vamos a alegar un colectivo de abogados: Ailìn Álvarez, Carolina Vilchez y Pía Garralda en representación de la querella unificada, integrada por la Asociación de Ex - Detenidos Desaparecidos, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, organismos que, junto a la Asociación de Profesionales en Lucha (APEL), Centro por los Derechos Humanos Hermanos Zaragoza; Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH); Comité de Acción Jurídica (CAJ); Federación Universitaria de La Plata (FULP); HIJOS La Plata; Liberpueblo; Unión por los Derechos Humanos, integramos el colectivo Justicia YA! La Plata y la querellante particular María Laura Bretal, Norma Aquìn, Nora Gutiérrez Penette, Inés Paleo y Silvia Cavecchia.
Y finalmente lo hacemos también, habiendo pasado 8 años de impunidad, por nuestro compañero Jorge Julio López, desaparecido por segunda vez el 18 de Septiembre de 2006; quien seguramente de no ser por este secuestro y desaparición, estaría presente en esta sala.
En primer lugar, a fin de evitar reiteraciones innecesarias, plantearemos oportunamente, en los puntos en los cuales exista coincidencia, las adhesiones al Alegato Fiscal.

2.- INTRODUCCION
Para comenzar este alegato, creemos importante destacar que si hoy estamos acá, acusando a los imputados en este juicio, es producto de la enorme lucha que han dado las organizaciones defensoras de los derechos humanos, sociales, políticas, los sobrevivientes, los familiares y todos los que desde el inicio de la dictadura y durante estos años, hemos luchado incansablemente contra la impunidad de los crímenes cometidos desde el aparato del Estado. Muchas de las personas que declararon en este juicio dieron cuenta de esta incansable lucha contra la impunidad.
Manifestamos que luego del extenso debate oral, consideramos demostrado que los delitos que aquí se juzgan no son hechos susceptibles de ser valorados aisladamente, sino que constituyeron parte de un plan sistemático de exterminio, un proceso genocida que llevaron adelante las fuerzas represivas del país, en forma sistemática y organizada desde el propio Estado; y que así solicitaremos que se lo reconozca y califique. La militarización del país comenzó mucha antes del golpe, la Triple A, el decreto de aniquilación de la subversión, el golpe policial (Navarrazo) en Córdoba en febrero del ’74, la militarización de la cuenca del Paraná con motivo de la huelga de los metalúrgicos de Villa Constitución, desapariciones y asesinatos por motivos políticos, son sólo algunos antecedentes.
Ya en dictadura, el Estado centralizó la organización del terror a través de la persecución, el hostigamiento, la desaparición forzada, la tortura, el asesinato, la apropiación, el encarcelamiento, las violaciones, abusos y el exilio de miles de personas, con la finalidad de exterminar a aquellos que participaron en todos los niveles de organización de la vida social argentina: partidario, estudiantil, gremial, cultural, barrial, etc., quienes luchaban por una sociedad sin opresión y sin explotación. Estos grupos organizados fueron el obstáculo para el afianzamiento y la consolidación del sistema político, económico, social y cultural de las clases dominantes, por lo que se constituyeron, para estos genocidas, en el grupo nacional a eliminar.
Dicho disciplinamiento fue necesario para alinear al país de acuerdo a las necesidades de los países imperialistas y para aumentar la explotación de la clase trabajadora y del pueblo en su conjunto.
El entender que los crímenes aquí juzgados son hechos individuales y sentenciarlos como tal, implicaría, a nuestro entender, una grave lesión no sólo a la justicia real, sino también a la construcción histórica necesaria para que hechos como los comprobados en este debate no se repitan. Y así sea por apegos a interpretaciones arcaicas y formalistas del derecho penal o para justificar de alguna manera (teoría de los dos demonios, estado de guerra interior, etc.) ¿ no lo hiciéramos, negaríamos no sólo la reparación por justicia real, sino también la posibilidad de sanear, aunque sea en parte, el daño social producido por los crímenes cometidos por la dictadura instaurada en marzo de 1976.
No es éste el primer genocidio perpetrado en nuestro país, pero sí lo es la posibilidad histórica, hecha en base al esfuerzo de víctimas sobrevivientes, familiares, testigos, organismos de DDHH, organizaciones sociales y sectores populares de juzgar y construir verdad.
El intento de amedrentar a los testigos, la desaparición de Jorge Julio López, el asesinato a Silvia Suppo, las amenazas de todo tipo, incluso las proferidas a viva voz por imputados dentro del propio espacio en donde se los juzga, siguen siendo posibles producto de una justicia parcial, fragmentada, desguazada, instruida en base a criterios que pueden parecer caprichosos pero que niegan implícitamente el carácter sistemático y planificado de los crímenes cometidos por el Terrorismo de Estado.
El CCD y E La Cacha, creado en el Área 113 del Comando del 1er Cuerpo del Ejército funcionó entre mediados del ‘76 y fines del ’78, en la antigua planta transmisora de Radio Provincia, al lado de la Cárcel de Olmos Fue uno de los CCD más sofisticados de la dictadura, por la participación que tuvieron el Ejército, la Marina, las Policía Bonaerense y Federal, el Servicio Penitenciario Bonaerense y el SIE (Servicio de Inteligencia del Ejército)
Este juicio representaba la oportunidad histórica de investigar en conjunto la coordinación represiva, además de lo que fue una de las maternidades clandestinas de la zona.
Creemos comprobado a lo largo del debate oral, que la creación de este Centro Clandestino de Detención y Exterminio tuvo un fin específico y particular. No perteneció exclusivamente a ninguna fuerza, no dependía operacionalmente, sólo de Policía como los casos de Arana y prácticamente todas las comisarías y comandos; tampoco del Ejército como el reg. 7 y el SIE 101, o de la Marina como el BIM3, ni tampoco a los penitenciarios U9, Maternidad de Olmos, etc. La creación de este CCDy E estuvo dada en la necesidad de coordinación de los estamentos de inteligencia de todas las fuerzas del terrorismo de estado.
Una vez más, quedó en evidencia en este juicio, que este genocidio no hubiera sido posible sin la participación y el sustento de diversos sectores sociales. La arenga permanente desde el sector mayoritario de la Iglesia, que en su cruzada occidental y cristiana justificó hasta los vuelos de la muerte; los partidos tradicionales que aportaron gobernadores, intendentes y funcionarios a la dictadura; los grandes medios de prensa; el Poder Judicial que hoy clama por la República, y juró en masa por el Estatuto del Proceso (la mayoría de las leyes que se sancionaron bajo la dictadura genocida hoy siguen formando parte de nuestro ordenamiento jurídico). Tampoco podemos dejar de mencionar a aquellos que se beneficiaron directamente al amparo del terror como la Sociedad Rural, banqueros, los grandes empresarios que a principios de febrero del año 1976 convocaron a un gigantesco paro patronal para denunciar las vacilaciones que percibían entre los militares para consumar el golpe; burócratas sindicales que aportaron listas donde se señalaban a los obreros combativos y pusieron interventores en los sindicatos al servicio de la represión. Todos constituyeron “la pata civil” del genocidio.
Sin embargo, por otro lado, y a pesar de un plan económico impuesto sobre la sangre de 30.000 compañeros detenidos desaparecidos y sobre el terror de todo el pueblo, escuchamos en estos debates cómo fue posible la resistencia. La de las madres y abuelas son un ejemplo, pero también en este Centro Clandestino de Detención y Exterminio y en las condiciones infrahumanas de tormento permanente a las que fueron sometidos los secuestrados, la palabra de aliento al compañero, el recordar nombres, teléfonos o direcciones para, en caso de lograr la salida del campo de concentración, contactar e informar a familiares de quienes permanecían desaparecidos, el intentar guardar el nombre de cada compañero, el conservar en la memoria un mapa del lugar, construido ante la imposición de la capucha, en base a pasos, orientado por voces, ladridos de perros, pasos de trenes, cantidad de escalones, etc. Hoy gracias a estas resistencias y a pesar de un estado que continúa organizado legal e institucionalmente para proteger los mismos intereses económicos que fueron los beneficiados por la dictadura, es que son posibles estos juicios, que como siempre decimos desde esta querella unificada, son los que tenemos y no los que queremos ya que seguimos exigiendo juicios a todos los genocidas y justicia por todos los compañeros.
A ustedes les consta, Sres. Jueces, que hemos sido muy críticos de cómo llega a esta instancia el presente proceso, de esta administración de justicia en cuentagotas, parcializada, distorsionada que se constituye como parte de una nueva construcción de impunidad.
Dicha impunidad se ha intentado desde el período dictatorial( por ejemplo la ley de autoamnistía), pero sin dudas ha perdurado bastante más allá de los límites de la dictadura. Establecido ya el régimen constitucional, el presidente RAÚL ALFONSÍN decidió que se publique la lista de víctimas elaborada por la CONADEP, pero se opuso a que se haga pública la lista de represores, también compilada por la CONADEP. Sin dejar de mencionar la Ley de Obediencia Debida y de Punto Final y los Indultos bajo el gobierno de Menem.
Pero fundamentalmente los represores juzgados por los crímenes que aquí nos convocan, continúan beneficiados por la persistente negativa del estado a la apertura integral de los archivos. A esta protección legal, basada en la desaparición de esta prueba documental y al intento de desprestigiar las pruebas testimoniales, apelan una y otra vez las defensas. Sin embargo esta negativa a la apertura de los archivos va mucho más allá, nos impide saber el destino de la inmensa mayoría de los compañeros detenidos desaparecidos, impide recuperar la identidad a más de 400 hijos apropiados, impide, en definitiva, el juzgamiento a miles de genocidas que continúan caminado libremente por las calles o muriendo tranquilamente en sus casas sin haber sido juzgados. La apertura de los archivos es una decisión política y judicial que exigimos al gobierno, para el esclarecimiento de esa etapa nefasta de la historia de Argentina, que ninguno de los juicios por genocidio que se desarrollan en la actualidad puede suplir.
Creemos que el genocidio es una construcción, tiene sus antecedentes y también sus consecuencias y el intento de la impunidad es una de ellas. La impunidad es, para los perpetradores, necesaria tanto para evadir las consecuencias legales y sociales de los actos cometidos, como facilitadora y posibilitadora de futuros actos a cometer. La utilización de la desaparición forzada por motivos políticos o sociales que suman más de 200 casos desde el regreso de gobiernos constitucionales, es una prueba de ello.
Que la causa que investiga la desaparición forzada de nuestro compañero Jorge Julio López no tenga ningún imputado, significa el encubrimiento a la policía bonaerense.
Esta impunidad ha hecho posible la reciente designación de Cesar Milani en la jefatura del Ejército, quien estuvo a cargo de una dependencia similar al 101 que aquí se está juzgando, la Dirección de Inteligencia del Ejército. Milani está siendo investigado por la desaparición del conscripto Alberto Agapito Ledo, Pedro Olivera y su padre, Alberto Olivera. Su designación implica un intento por parte del gobierno de devolver protagonismo político a los militares, esta vez bajo un disfraz “nacional y popular”.
Si el decreto de eliminación de la subversión es el antecedente al que apelan los genocidas como el que los habilitó a cometer los crímenes de lesa humanidad que realizaron, nos preguntamos ¿qué es lo que podrá justificar en el futuro la implementación de la ley anti-terrorista? No es ajeno a esta impunidad el Proyecto X como forma de espionaje. En este mismo debate hemos escuchado lo sucedido cuando el enemigo a espiar es el que protesta y se opone al hambre, la desocupación y la miseria o, como cuando las fuerzas legales apelan a la ilegalidad con el fin de criminalizar a quien se manifiesta. Los cinco mil procesados por luchar, la condena arbitraria a prisión perpetua a los petroleros de Las Heras bajo testimonios obtenidos mediante la tortura, la constante represión que sufren los trabajadores que están enfrentando las suspensiones y los despidos, el gatillo fácil, la desaparición de Luciano Arruga, los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán , Carlos Fuente Alba, la continuidad de burócratas sindicales como Gerardo Martínez, actual Secretario general de la UOCRA, quien fue integrante del Batallón 601 del Ejército, el asesinato de Mariano Ferreyra por parte de una burocracia sindical entrelazada con el Estado, el gobierno, y con la complicidad de la policía, son algunos ejemplos de la continuidad de las políticas represivas contra los trabajadores y el pueblo que se desarrollan al cobijo de esta impunidad.
Este juicio es fiel reflejo del proceso de juzgamiento en todo el país, que en 10 años sólo ha condenado a 403 represores por 2400 víctimas en 104 juicios en todo el país. Ello representa el 20% de los 2.000 genocidas procesados en estos años. El año 2013 representa un estancamiento de juicios llegados a sentencia: 16 en todo el año, contra 25 concluidos en 2012. Este juicio era también la oportunidad de comenzar a juzgar los delitos sexuales cometidos en los CCD, pero juzgarlos en conjunto al resto de los demás delitos del plan genocida. Así lo entendemos, y así lo pidió la querella del espacio Justicia Ya La Plata. Pero la Justicia sigue sin hacerse cargo de estos planteos.
En La Plata, se llegó a fines de 2013 con 46 represores condenados en 10 juicios fragmentados, mientras hay otros 80 represores a la espera de ser juzgados. Es decir que el proceso que el Estado propone cerrar en 2015, no incluye para el Circuito Camps (29 CCD en toda la zona) más que 150 represores.
Esta forma parcial de juzgar a los genocidas -que se reproduce en prácticamente la totalidad de los juzgados del país- resulta funcional a los intereses políticos, tanto de aquellos que pretenden mantener la impunidad absoluta, como de quienes pregonan que es suficiente con juzgar a unos pocos asesinos paradigmáticos. Estos reclamos, no se dirigen sólo al tribunal o al Poder Judicial, los dirigimos con mayor énfasis al poder político que, ante esta práctica judicial, que no genera soluciones reales sino que reitera un discurso vacío.
Por esto, señores jueces, hacemos nuestra la responsabilidad de dejar aquí sentado que no es simplemente objeto de nuestra intervención que se pruebe la autoría de cada caso particular, cada hecho, cada delito. Nuestro objetivo es mucho más ambicioso, es lograr que se juzgue y se condene a todos y cada uno de los genocidas y que se los juzgue y condene por todos y cada uno de los compañeros secuestrados, desaparecidos, torturados y asesinados.

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viernes, 26 de septiembre de 2014

A 24 Años sin Andrés Nuñez!

Sábado 27 de septiembre
13 a 19 hs – 7 entre 56 y 57
Radio Abierta – Arte – Bandas


Andrés Alberto Nuñez fue secuestrado en su domicilio la madrugada del 27/9/90 por personal de la Brigada de Investigaciones de La Plata, y con la excusa del robo de una bicicleta fue llevado a esa sede (61 e/12 y 13) donde lo torturaron hasta la muerte. Luego condujeron su cadáver a un campo en General Belgrano (Estancia El Roble) donde lo incineraron sobre una chapa dentro de un tanque australiano en desuso.
A 24 Años del secuestro, asesinato y desaparición de Andrés, sus familiares y amigos ratificamos nuestra voluntad inquebrantable de buscar verdad y castigo a todos los responsables de los hechos. El caso de Andrés fue símbolo de continuidad de las prácticas represivas con que la Maldita Policía Bonaerense de la dictadura siguió actuando durante la gestión de Eduardo Duhalde, Alberto Piotti y Pedro Klodzyck en los ’90, y que hoy nos sigue asesinando por gatillo fácil a un pibe de los barrios cada 28 horas.
La causa por el crimen de Andrés es una muestra más del oscuro entramado de complicidades políticas, policiales y judiciales: el campo donde encontraron a Andrés pertenecía al comisario de la Brigada de Lanús, Mario “Chorizo” Rodriguez, y el puestero del lugar se apellidaba, como dos de los responsables materiales y políticos del caso, Gerez Duhalde.
En diciembre de 2010 los policías Víctor Dos Santos y Alfredo Gonzalez fueron condenados a perpetua por torturas seguidas de muerte, sentencia confirmada en agosto de 2012. Pero no actuaron solos. Durante 20 años el coautor del crimen, Luis Raúl Ponce, estuvo prófugo de la justicia. Recapturado en agosto de 2012 en una cinematográfica persecución en Neuquén, Ponce fue procesado en la causa Nuñez y está requerido por delitos de lesa humanidad en la Causa 271 (Residual de Comisaría 5ta) por su actuación en dictadura en ese CCD. Fue mencionado por Jorge Julio Lopez en su testimonio de 2006.
Uno de los máximos responsables de la muerte de Andrés, el policía Pablo Martín Gerez, permanece prófugo. La familia de Andrés pide a los ministros Alak, Casal y Granados que arbitren los medios para detener a este peligroso criminal para poder enjuiciarlo.
El ex juez Amilcar Vara (destituido en 1998 en juicio político por encubrimiento en la causa Miguel Bru y en más de 27 casos de crímenes policiales) fue mencionado en el juicio Nuñez de 2010 por varios testigos como cómplice de las torturas a Andrés en la Brigada. Tras años de titubeos de los fiscales para pedir su procesamiento, Vara murió impune en marzo pasado y se llevó los secretos de dos décadas de complicidad judicial-policial.
Pese a los veloces sobreseimientos del juez Ricardo Szelagowski, reemplazante de Vara en la causa, en mayo de 2013 la Suprema Corte bonaerense resolvió que no está prescripta la acción sobre otros 5 policías responsables del asesinato y ocultamiento del cuerpo de Andrés. Y en marzo de este año, apoyándose en la doctrina surgida de los casos “Bulacio” y “Bueno Alves”, dijo que el caso de Andrés es una “grave vulneración a los DD.HH.” y que se impone “extremar la diligencia judicial” para procesar y juzgar a los responsables.
Pese a los gobiernos que dicen defender los Derechos Humanos, las fuerzas de seguridad han asesinado en todo el país desde 1983 a más de 4.000 personas con el gatillo fácil, las torturas y el fusilamiento público. La Bonaerense es denunciada por más de 1.200 casos mensuales de aplicación de tormentosen sedes policiales. Las desapariciones de Iván Torres (Chubut 2003), Jorge Julio Lopez (La Plata 2006), Luciano Arruga (La Matanza 2009), Daniel Solano (Río Negro 2011), Facundo Rivera (Córdoba 2012) y Cesar Monsalve (Trelew 2013) a manos de las distintas policías provinciales engrosan la lista de más de 200 casos de desaparición forzada vinculada a motivos sociales y políticos registrados en las últimas 3 décadas.


Por todo esto, la lucha por justicia en el caso de Andrés no está concluida. Por la condena a Ponce, Gerez, y todos los cómplices, exigimos:
*JUICIO Y CASTIGO A TODOS LOS RESPONSABLES
DEL ASESINATO DE ANDRÉS NUÑEZ.
*QUE BUSQUEN Y ENCUENTREN AL PRÓFUGO GEREZ YA!
*BASTA DE MUERTES POR TORTURAS EN COMISARÍAS Y CÁRCELES.
* JUICIO Y CASTIGO A LOS DESAPARECEDORES DE LOPEZ, ARRUGA, SOLANO Y TODOS LOS DESAPARECIDOS EN “DEMOKRACIA”.


Familiares y Amigos de Andrés Nuñez
HIJOS La Plata

Contacto:
Mirna Gomez (viuda de Nuñez) (0221) 155968507
Julio (HIJOS La Plata) (0221) 155892221

Ernesto Ferreyra (Abogado de Mirna) (0221) 155069885

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lunes, 22 de septiembre de 2014

Estos son los GENOCIDAS de la CACHA!



Desde Justicia Ya! convocamos a organizaciones gremiales, políticas, estudiantiles y todos quienes quieren justicia a acompañar los alegatos en el juicio La Cacha el día miércoles 24 de Septiembre a las 13hs. (aproximadamente).

Cárcel común, perpetua y efectiva a todos los genocidas por GENOCIDIO y por todos los compañeros.


Los esperamos!!!!!!
30.000 compañeros desaparecidos presentes!!!
Ahora y siempre!!!!

Miércoles 24/9 - 13hs - Calle 4 e/ 51 y 53


ESTOS SON LOS GENOCIDAS... Perea Luis Orlando, Fernández Ricardo Armando, Grande Claudio Raúl, Amigo Miguel Ángel, Cacivio Gustavo Adolfo, Di Pasquale Jorge Héctor, Balmaceda Roberto Armando, Herzberg Juan Carlos, Acuña Héctor Raúl, Herrero Anzorena Emilio Alberto, Romero Pavón Carlos María, Palavezatti Anselmo Pedro, Miranda Isaac Crespín, Espinoza Raúl Ricardo, Batalla Rufino, Hidalgo Garzón Carlos del Señor, Etchecolatz Miguel Osvaldo, Garachico Julio César, Gargano Eduardo, Luján Horacio Elizardo, Smart Lamont Jaime.

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