lunes, 21 de marzo de 2016
40 AÑOS DE IMPUNIDAD DE LOS CRÍMENES DE ESTADO
martes, 15 de marzo de 2016
lunes, 14 de marzo de 2016
CHARLA DEBATE
viernes, 4 de marzo de 2016
La causa “Favero” a juicio oral
DANE Y PAULA PRESENTES!!!
Desde el próximo 7 de marzo se juzgarán las desapariciones de Daniel Omar Favero y su compañera María Paula Alvarez, secuestrados en junio de 1977 en el centro de La Plata. Están procesados Miguel Etchecolatz, Raúl Machuca, Julio Argüello y Fernando Svedas. El jefe de la Brigada La Plata murió impune en el caso.
Por HIJOS La Plata (necesaria y urgente difusión…mínimo citar la fuente)


Los hechos
Daniel Omar Favero nació en La Plata el 30 de julio de 1957. Creció en un barrio de calle de tierra y zanja, y cursó sus estudios en la Escuela Nº8, y luego del Colegio Nacional. Estudiaba letras en la facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata, y era escritor y músico. Conocido como “Dane” para su familia y “Severino” por sus compañeros, militaba en la Juventud Universitaria Peronista y vivía con su compañera María Paula Alvarez en un departamento en la calle 57 entre 12 y 13.
Tenía 19 años cuando, el 24 de junio de 1977, una comisión policial de la Brigada de Investigaciones comandada por el policía Raúl Orlando Machuca se presentó en el departamento y los secuestró. Según una testigo, Daniel y Paula fueron sacados vivos. Machuca había tratado de secuestrar a Daniel previamente, su hermana Claudia fue secuestrada en febrero del ’77 y su hermano Luis en mayo del mismo año. Ambos llevados a la Brigada de y torturados para obtener el paradero de Daniel. Daniel y Paula continúan desaparecidos.
Entre la copiosa prueba ya sumada en instrucción, se destacan los hábeas Corpus presentados por la familia, los testimonios de vecinos que presenciaron el operativo, las actuaciones en el Juicio Por la Verdad, la actas de un sumario del Consejo de Guerra Especial Estable del Comando del Primer Cuerpo del Ejército del año ’77 instruido contra Daniel y Paula, por atentado y resistencia a la autoridad; y un sumario policial por las lesiones sufridas por el represor Argüello en el operativo.
El debate oral será la instancia para terminar de dilucidar la verdad de los hechos, y dar definitivamente por tierra con la teoría del enfrentamiento que los represores quisieron instalar desde un primer momento.
Los represores imputados en la causa no debutan en estas instancias. Como todos sabemos, Miguel Etchecolatz, Director General de Investigaciones de la Bonaerense de Camps, fue condenado a 7 años por la apropiación de Carmen Gallo Sanz, y a 3 perpetuas en los juicios de 2006, “Circuito Camps” y “La Cacha”. En tanto el jefe de la Brigada de Investigaciones de La Plata, Rubén Oscar Páez, murió impune en esta y otras causas en febrero de 2012, a los 76 años.
El resto de los integrantes de la Brigada procesados en esta causa recibió condenas en el denominado juicio “Circuito Camps” de 2012, por hechos de los CCD Brigada y Arana. Machuca, Argüello y Svedas recibieron perpetua por medio centenar de secuestros y tormentos, sumados a 8 homicidios y la retención de Mercedes Molina Galarza.
La causa
Tras 14 años de intrincado camino judicial, llega a juicio uno de los hechos emblemáticos de la represión del Terrorismo de Estado en La Plata. Si bien las investigaciones se iniciaron a fines de los ‘80 con la denuncia realizada por Luis Eugenio Favero, y varios familiares declararon en el ‘99 en el Juicio Por la Verdad de La Plata, pasó mucho tiempo hasta que el expediente comenzó a prosperar. La causa se inició en 2002 con la denuncia del Fiscal Félix Crous y los fiscales Molina y Dulau Dumm, que acusaron por los hechos a Rubén Páez, jefe de la Brigada de Investigaciones de La Plata, y a sus subordinados Raúl Machuca, Julio Argüello y Mario Sita. Pero allí empezó el arduo derrotero del expediente: el Juzgado Nº3 platense se declaró incompetente y giró la causa a la Cámara de Apelaciones de la CABA, entendiendo que debía investigarse como parte de los crímenes cometidos por el Comando del Primer Cuerpo del Ejército. Los fiscales se opusieron argumentando que pautas utilitarias hacían recomendable que la pesquisa se hiciera en La Plata, donde se juzga (siempre a paso cansino) la estructura represiva del denominado “Circuito Camps”. Recién en 2006 el Juzgado 3 platense aceptó su competencia y recibió el expediente, pero en pocos meses quedó firme su declinatoria anterior, con lo cual la causa volvió a la Cámara porteña como expediente anexo en la causa “Suárez Mason”. Con oposición del fiscal porteño Delgado y con los abogados de los represores aprovechando la reyerta entre jurisdicciones, recién en 2008 se saldó la cuestión con un fallo de la Sala I de la Cámara porteña que devolvió la causa al Juzgado Federal Nº3 de CABA. En diciembre de 2009 el juez Daniel Rafecas procesó con preventiva a Etchecolatz, Páez, Machuca y Argüello por la privación de la libertad de Daniel y Paula.
En julio de 2010 la Sala I de la Cámara Federal porteña ratificó el procesamiento de Etchecolatz, Páez y Argüello, y decretó la falta de mérito con relación a Machuca, que de todas formas continuaba excarcelado. Por entonces, los jueces Ballestero y Farah consideraron que las pruebas para vincular a Machuca “se aprecian insuficientes”. Todo esto pese a la estampa de su firma en el acta que dio inicio a un Consejo de Guerra que se llevó adelante contra los detenidos, y pese a las declaraciones de familiares, que habían sido detenidos meses antes del hecho investigado y que habían mencionado a Machuca al mando de la patota que irrumpió en la casa de la familia.
Sin embargo, y ante apelación de la Secretaría de DDHH de Nación, en diciembre de 2013 Sala IV de la Cámara Federal de Casación revocó aquella medida y confirmó su procesamiento. Los jueces Hornos, Gemignani y Borinsky dijeron que la desvinculación de Machuca de la causa era prematura habiendo constancias que lo ubican en el lugar del hecho con total certeza.
Además, en 2012 Casación había confirmado el procesamiento de Fernando Svedas, dictado en octubre de 2011.
Tras este derrotero en el fuero penal porteño, finalmente la causa irá a juicio en La Plata, de donde nunca debería haber salido.
El efecto Etchecolatz
El juicio en la causa “Favero” será el primero de una etapa que hemos denominado “efecto Etchecolatz” y que generó el apartamiento del presidente del Tribunal Oral 1 de casi todas las causas de Lesa Humanidad de la jurisdicción. Recordamos que en abril de 2015, el juez Carlos Rozansky denunció que recibió intimidaciones graves contra él y sus colaboradores en llamados telefónicos, mensajes de voz en los celulares, correos electrónicos y cartas, respuesta a la sentencia del juicio por el CCD “La Cacha” a fines de 2014. Y si bien el magistrado ya había sido blanco de intimidaciones en el juicio a Etchecolatz y Circuito Camps, esta vez realizó la denuncia en el Juzgado 1, por entender que había “una avanzada estructura logística con información sobre el entorno social y familiar de cada uno de los destinatarios”.
Con una investigación penal de por medio, y un civil detenido vinculado a Etchecolatz, esta campaña de amenazas causó que Rozansky, se excusara de participar en todas las causas en las que esté procesado Etchecolatz y que lleguen a sus manos para realizar los juicios orales. Esto, que en principio podría ser producto de una pretendida garantía de imparcialidad para poder avanzar sin nulidades en los juicios y en la investigación de las amenazas, tiene graves consecuencias. La pulseada comienza ganarla Etchecolatz, símbolo de la represión en nuestra zona, que de alguna manera le torció el brazo a uno de los jueces más prolijos de toda la justicia Federal de nuestro país.
El nuevo TOF1 se compondrá con los jueces Cesar Álvarez, Germán Castelli y se agrega Roberto Lemos Arias, procedente de la Sala I de la Cámara Federal platense.
Así las cosas, el “efecto Etchecolatz” se repetirá y seguirá creciendo, si tenemos en cuenta que luego del juicio a la Fuerza de Tareas 5, el ex Director de Investigaciones dela bonaerense está imputado en todas las causas grandes elevadas o a elevar, como las referidas al Pozo Banfield y de Quilmes, a la Brigada de Investigaciones de San Justo, a la residual de Comisaría 5ta-Arana-Brigada de La Plata y en este caso en la causa “Favero”. Sólo está excluido en las causas por los crímenes de la CNU y por el CCD de Infantería de 1 y 60. Así, el desempeño de un tribunal que comenzó su tarea condenando a Etchecolatz por Genocidio en 2006, comienza a desdibujarse en el potencial rol de nuevos magistrados más permeables a los planteos de los defensores de los genocidas, como el otorgamiento de domiciliarias, la existencia de atenuantes a la hora de dictar condenas o las “dudas razonables” para sobreseer a probados asesinos. Sin lugar a dudas esto afectará el futuro de los juicios contra los genocidas en La Plata, que ya viene siendo fragmentario y tardío. Las 15 causas próximas a juicio incluyen un total de 41 procesados que no han sido juzgados previamente y otras 32 que sí, un total de 73 represores para uno de las zonas más castigadas por la represión del Terrorismo de Estado en el país. Pero además, La Plata es la jurisdicción donde mayor cantidad de represores murieron impunes antes de llegar a juicio: 22 imputados. Para quien quiera verla en su crudeza o bien disfrazarla de Justicia, esta es la realidad de los juicios a los genocidas en nuestra ciudad.
Finalmente se empieza a hacer carne aquella sentencia espetada por Etchecolatz en el rostro del TOF 1 en 2006 antes de que lo sentencien: “No es este tribunal el que me condena, son ustedes los que se condenan”.
Las audiencias comienzan el lunes 7 de marzo a las 10hs en la sede del TOF1 de La Plata, 4 entre 51 y 53. Son públicas y para presenciarlas sólo es requisito ser mayor de edad y concurrir con DNI.
El miércoles 9 de marzo darán su testimonio Claudia Favero, Miguel Carnabali y otros.
HIJOS La Plata
Marzo de 2016
viernes, 26 de febrero de 2016
lunes, 8 de febrero de 2016
Más represores condenados y procesados con prisión domiciliaria
BASTA DE BENEFICIOS A LOS GENOCIDAS
Desde el espacio Justicia Ya La Plata repudiamos las decisiones de la justicia federal que han beneficiado con prisión domiciliaria a un grupo de 9 represores procesados o condenados en causas por delitos cometidos como parte del genocidio cometido en la última dictadura, y que se sustancian en el fuero federal platense.
La justicia penal federal continua desplegando generosidades hacia los represores de la última dictadura: en diciembre pasado denunciábamos el apartamiento de las causas por “incapaz” al jefe de operaciones e inteligencia del Ejército en nuestra zona, el envío a su casa al marino Juan Carlos Herzberg, que suma 3 condenas y ya violó la domiciliaria ocultando un arsenal en su casa, y sobreseimiento del policía Luis Raúl Ponce en la acusación por el primer secuestro de Jorge Julio López en su casa de Los Hornos. Ahora denunciamos que la Cámara de Casación Penal y el Juzgado Nº1 revirtieron lo actuado por los tribunales platenses con 4 fallos que benefician con la prisión domiciliaria al ex jefe de la Unidad Regional La Plata de la bonaerense en dictadura, Horacio Elizardo Luján, con dos condenas a perpetua a cuestas; al ex integrante del Destacamento 101 del Ejército Ricardo Von Kyaw, que estuvo prófugo 4 años y fue capturado en Panamá; al ex integrante de las patotas de la Brigada de Investigaciones de San Justo, Alfredo Boan; y a un grupo de 6 marinos y prefectos condenados en octubre pasado en el denominado juicio a la “Fuerza de Tareas 5”.
Muy activos durante la feria judicial, los jueces de Casación Ángela Ledesma, Roberto Boico y Norberto Fontini entendieron que la permanencia de Luján en una cárcel común podría “agravar el riesgo respecto de la salud del imputado, con compromiso de vida, de no recibir control periódico clínico, neurológico y cardiológico”.
Según se desprende del fallo, tienen en cuenta que “Luján se encuentra cumpliendo prisión preventiva desde el 23 de octubre de 2006 y superó los 80 años de edad”. Pero resulta que Luján no solo está procesado, sino condenado a perpetua por 25 casos de Comisaría 5ta, entre ellos el de Jorge Julio Lopez, en el juicio “Circuito Camps” de 2012; y a perpetua por los homicidios de Marcelo Bettini y Luis Bearzi en el juicio por el CCD “La Cacha” en 2014.
Respecto a Von Kyaw, ex miembro de la Central de Reunión de Información del Destacamento 101, el juez Laureano Durán le otorgó el arresto domiciliario con monitoreo electrónico y custodia de Gendarmería en el marco de la residual de causa “La Cacha” porque el represor padece cáncer de pulmón. Además, Durán aceptó que el hijo del represor, Kurt Von Kyaw, sea el garante del beneficio siendo que la pesquisa para su detención comenzó por el propio Kurt, que manejaba las tarjetas de crédito y la empresa de seguridad privada del padre mientras este estaba prófugo. El juez Ernesto Kreplak hizo extensivo el beneficio en las causas “Pozo de Quilmes” y “Pozo de Banfield”.
Además, el trío Ledesma/Boico/Fontini otorgó la domiciliaria al represor Rubén Alfredo Boan, procesado junto a otros 30 genocidas en la causa por los crímenes cometidos en la Brigada de Investigaciones de San Justo. Según los informes médicos, Boan, que cumplió 70 años en agosto pasado, padece cáncer de próstata y requiere acompañamiento para ir al baño y una dieta acorde a paciente oncológico. Y pese a que en el penal de Ezeiza donde se encontraba alojado están dadas todas las condiciones para atenderlo o trasladarlo a donde necesite, los jueces afirmaron que no se ha acreditado cuales son los riesgos que se pueden presentar para que Boan no se encuentre detenido en su casa. Es interesante que la justicia entienda que la domiciliaria es la regla y no la excepción, siempre que el fiador de la privación de la libertad de una persona es el propio Estado, que no puede garantizar las condiciones mínimas de detención y elude el problema enviando a los genocidas a sus casas mientras mantiene igualmente sucios, hacinados y violentados a la mayoría de los internos del Servicio Penitenciario, a merced de su mafia uniformada específica.
Para completar el cuadro, los jueces de la Sala II de Casación, Pedro David, Alejandro Slokar y Ángela Ledesma, echaron atrás la revocatoria de las domiciliarias de que gozaban la mayoría de los represores juzgados en el proceso a la “Fuerza de Tareas 5”, decidido en octubre pasado por el Tribunal Oral federal 1 de La Plata.
La decisión, que se resolvió para el caso del marino condenado Jorge Errecaborde pero se hizo extensiva a Antonio Vañek, Carlos Schaller, José Fernandez Carró, Luis Rocca y Eduardo Meza, pretende fundamentarse en que los genocidas cumplen el requisito formal de edad que establece la ley que otorga el beneficio, pero que además “la revocación de la prisión domiciliaria fue dispuesta por el tribunal sin haber invocado la concurrencia de alguno de los presupuestos que habilitan el dictado de la medida” y que tampoco se acreditó en autos cuáles son los riesgos que impidan que cumplan condena en sus domicilios.
Pareciera que para los magistrados haber sido probada su responsabilidad en el Genocidio y haber recibido condena de primera instancia no varía en nada la situación de los represores. Por lo demás, no es cierto que no se haya argumentado debidamente, ya que 10 de las 611 páginas de los fundamentos del fallo se dedican a la cuestión. Basta remitirse al voto del juez Carlos Rozansky en el fallo, quien dijo que existen razones jurídicas y éticas claras e imperativas para tal decisión: el beneficio de la domiciliaria reviste carácter excepcional, que la gravedad de los delitos y las altas penas impuestas así lo ameritan, que el hecho de que el beneficio fuera otorgado en la instrucción de la causa no resulta vinculante y que sostener lo contrario transforma la pena de prisión efectiva en una “mera formalidad”. La mera formalidad viene siendo regla, incluso para el TOF1 de La Plata, que, con disidencia de Rozansky, le concedió la domiciliaria al marino Juan Carlos Herzberg un mes y medio después de haberlo condenado y pese a que había escondido un arsenal en su casa durante todo el juicio a la “FT5”.
Mientras en muchos sectores preocupa la continuidad en abstracto de los juicios a los genocidas, va quedando cada vez más en evidencia que la tardanza del Estado en acelerar los procesos juega a favor de la impunidad biológica de los represores, y los criterios ambiguos para sostener las acusaciones, aportar prueba y conceptuar el debido cumplimiento de las condenas está llevando a un cuello de botella donde cada vez más genocidas quedarán fuera de futuro juicios.
El canallesco editorial del diario La Nación, publicado insidiosamente horas después de resuelto el balotaje presidencial, reinstaló a la derecha en el debate sobre la significancia profunda de los juicios al igualar primero a todos los organismos de Derechos Humanos con el proyecto político del kirchnerismo, y al intentar luego confundir al pueblo sobre el proceso de juzgamiento con supuestas “nuevas violaciones de derechos humanos”. La derecha, que se ha cansado de quejarse de que los organismos defendemos “los derechos de los delincuentes”, sale ahora a pedir a los “políticos responsables” y a “los jueces compenetrados de su misión” actuar “en consonancia con la verdad histórica y los principios básicos del derecho penal”, es decir el retardo de los juicios y la impunidad biológica de los peores asesinos de nuestra historia tranquilos y en sus casas.
Pero el reclamo de la “tribuna de doctrina” de los Mitre no es el único cuestionamiento a la cárcel común: recordamos el grave antecedente de septiembre de 2014, cuando la Corte Suprema reabrió la polémica por las domiciliarias a los genocidas, tras flexibilizar su propio criterio y otorgarle por razones médicas el beneficio a Roque Pappalardo, condenado a perpetua por el TOF de Mar Del Plata en marzo de 2012 por el asesinato del abogado laboralista Carlos Moreno. El cambio de criterio fue patente, porque hasta ahora la Corte priorizaba la cárcel común al contemplar que los genocidas han cometido delitos graves y conservan poder y capacidad logística para fugarse y complicar las investigaciones.
Sobre esas grietas se montan los sectores que buscan impunidad para cuestionar todo el proceso como una revancha. Por primera vez sectores que reivindican la teoría de los dos demonios y reclaman “memoria completa”, como el Celtyv, se reúnen con ministro y secretario del área de DD.HH. Con este antecedente cabría preguntarse cuánto pesarán a partir del nuevo escenario político los reclamos de impunidad de la derecha, cuando el propio Estado ha reconocido que en la “década ganada” el 40% de los pocos represores judicializados cumplió arresto domiciliario.
Nosotros seguiremos exigiendo Cárcel común, perpetua y efectiva para todos los genocidas y sus cómplices, sin ningún beneficio.
sábado, 16 de enero de 2016
Siguen los decesos impunes ¿Ni uno menos?
Murió impune un policía federal en una causa de Lesa Humanidad de La Plata
Reseñamos la muerte del subcomisario Alberto Larroca en la causa por el CCD de 1 y 60 . Analizamos el rol de la Policía Federal en la represión en La Plata. Y una reflexión sobre el agravamiento de la situación de los juicios por la tardanza del Estado en impulsar los procesos.
El pasado 18 de diciembre el titular del Juzgado Federal N°1 de La Plata, Laureano Durán, informó la muerte del imputado Alberto Larroca, 2° jefe de la Delegación La Plata de la Policía Federal, en la causa por el CCD de Caballería e Infantería de la Policía Bonaerense durante la dictadura. Además, el magistrado clausuró la instrucción y elevó el expediente a juicio oral.
El subcomisario Larroca, de 82 años, era oriundo de Trenque Lauquen y falleció en su casa del barrio CECO de Olavarría el 5 de octubre pasado, según si obituario “confortado por los auxilios espirituales”. Está acreditado que prestó funciones en la Delegación La Plata de la Policía Federal Argentina entre el 16 de marzo de 1976 y el 3 de enero de 1977. Al igual que su jefe en la delegación, Rafael Pochelú, los cabos de esa fuerza José Luis Benítez, Carlos Hugo Leguizamón y Roberto Gigli, y Carlos “el Indio” Castillo, estaba imputado desde diciembre de 2013 por los secuestros y tormentos de que fueron víctimas los militantes peronistas de una Unidad Básica del barrio de La Loma Luis Julián Farina, su esposa Nélida Leonor Balbi y Roberto Mario Carattoli.
De hecho en la causa consta información de todos estos represores a través de un incidente colateral al allanamiento del domicilio de la pareja Farina-Balbi. Al parecer, a raíz del extravío de la credencial del oficial Fontana en el operativo, Pochelú designó a Larroca para realizar un sumario administrativo. De la declaración de Fontana ante sus jefes surgen detalles del operativo: “un procedimiento antisubversivo, el 3 de abril de 1976 entre las 2 y las 5 horas, en una finca sita en calle 23 n° 221 de La Plata”, donde Fontana y otros 4 agentes allanaron y “detuvieron a su ocupante que identificaron como Luis Julián Farina, vinculado con la agrupación 'Montoneros'. Aproximadamente veinte minutos más tarde arribó al domicilio su concubina Nélida Leonor Balbi, a quien también detuvieron, acompañada de una persona de sexo masculino que identificaron como Roberto Mario Carattoli. Este último, para evitar ser detenido, intentó darse a la fuga emprendiendo veloz carrera por calle 23 en dirección al norte. Fue perseguido por parte de la comisión policial, que luego de unos 250 metros de ardua y peligrosa persecución consiguió herirlo de bala en su pierna izquierda a la altura del tobillo, reducirlo y detenerlo, secuestrándole además una pistola calibre 22, con su respectivo cargador y proyectiles 'punta hueca'”. Tras el operativo, los detenidos fueron trasladados encapuchados a la Delegación La Plata de la Federal, a la mañana siguiente entregados a las autoridades militares de la Jefatura del Área 113 y depositados en el CCD de la Brigada de Caballería de la bonaerense en 1 y 60. Pasaron 10 días allí, siendo sacados varias veces a torturar a Arana y devueltos a Caballería, para terminar blanqueados en la Unidad 9 los hombres y la mujer en la cárcel de Olmos.
Tanto Farina como Balbi dieron testimonios coincidentes en el marco del Juicio por la Verdad en julio de 2002 y en la causa “1 y 60” en junio de 2013. Sobre el primer lugar detención, Farina lo describió como una comisaría por el ambiente, el ruido, la radio que transmitía los datos y los números de documentos, y dijo “esto era, digamos, un ámbito Policial”. Balbi afirmó que los traslados a Arana y a Olmos los hacía personal militar, que tenía mando sobre la tropa, que era personal de la bonaerense. Respecto a los integrantes del operativo, ambos sobrevivientes afirmaron que el grupo que los detuvo en su domicilio estaba conformado por aproximadamente cinco personas, todos vestidos de civil, entre los que se encontraba quien luego supo que era “el indio” Castillo, de quien dijo que “Caminaba tipo robot, con el pelo caído sobre la frente y daba la impresión de que era quien comandaba el grupo...”, y que fue éste quien persiguió e hirió de bala a Carattoli en su intento de fuga. Señaló también que luego pudo identificar a Gigli como otro de los integrantes del grupo, y que fue él mismo quien lo sometió a sesiones de tortura mientras estuvo detenido en 1 y 60.
Llamado a indagatoria en diciembre de 2013, Larroca refirió ante el juez Manuel Blanco no recordar el hecho del 3 de abril de 1976, aunque sí dijo que conocía a Fontana -que estaba en Inteligencia-, a Leguizamón y al Comisario Pochelú, con quien señaló “no tenía muy buena relación ya que no congeniaban”. Dijo que como segundo de la delegación se encargaba del control del personal administrativo y realizaba guardias. Sin embargo trató de excusarse en que, pese a su posición jerárquica, no se enteraba de las cosas que sucedían en el lugar por no estar de acuerdo, y negó la instrucción del sumario en cuestión al decir: “ Yo nunca instruí un sumario administrativo, ni lo se hacer. Las firmas que están en el expediente yo no las reconozco como mías. Puede ser que lo haya firmado, pero no me acuerdo”. Pese a todo reconoció la Comunidad represiva existente entre la PFA y las Fuerzas Armadas, al decir que su jefe Pochelú “era quien tenía el poder de mando sobre la gente de inteligencia, exclusivamente él. El ejército y la Marina, el BIM 3, venían mucho a la Delegación y se reunían solamente con el jefe, con Pochelú”.
LA CAUSA 1 Y 60
La causa esta denominada con el nombre del represor de más alto mando en la cadena de responsabilidades, el coronel Alberto Jorge Crinigan, hombre ligado al área de inteligencia del Ejército desde el Batallón 601 y que estuvo activo en la fuerza hasta 2002.
Implica imputaciones sobre 22 represores por unas 190 víctimas. Algunos de estos represores ya fueron juzgados y condenados en el proceso por el CCD “La Cacha”, como Gustavo Adolfo Cacivio, Miguel Ángel Amigo, Ricardo Armando Fernández, Emilio Alberto Herrero Anzorena y Anselmo Pedro Palavezzati; otros citados sólo como testigos en el juicio “Circuito Camps” de 2012 por los hechos de la casa Mariani-Teruggi, como Héctor Reynaldo Amnchástegui, Juan Rafael Pochelú y José Clemente Forastiero; el referente da la CNU en nuestra zona, Carlos Ernesto “El Indio” Castillo; y un grupo de 14 genocidas que será juzgado por primera vez en esta causa: Alberto Jorge Crinigan, Oscar Antonio Gómez Migenes, Carlos Hugo Leguizamón, Roberto Arturo Gigli, José Luis Benitez, Alberto Larroca, Claudio Rubén Mejías, Tomas D'Ottavio, Raúl Ricardo Monzón, Adalberto Oscar Rincón, Juan Antonio Vidal, Alberto José Esteban Pulvermacher, Ismael Ramón Verón y Lucas Marcelo Castro.
El juicio será una importante ocasión para desentramar la red de conexiones que existieron entre las distintas Fuerzas Armadas, policiales, penitenciarias y parapoliciales, ya que el CCD de calle 1 y 60 conlleva casos de detenidos que eran trasladados allí desde y hacia unidades del Ejército y la Policía. Ya en el juicio “FT5” del año pasado se han ventilado varios casos de detenidos que eran llevados desde 1 y 60 ida y vuelta a los CCD de Armada y Prefectura. O bien que eran blanqueados hacia la Unidad 9 del Servicio Penitenciario. A su vez, se ha puesto en evidencia la actuación de elementos de la CNU tanto en los centros policiales como penitenciarios. Y los casos referidos a la actuación de la Policía Federal reseñados más arriba completan un cuadro donde no hubo fuerza represiva que no actuara en coordinación con detenidos llevados a la sede de 1 y 60.
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| Plano del CCD de 1 y 60 |
El rol de la Policía Federal en la represión en La Plata, desde su sede en calle 15 y 49, tiene una causa específica en La Plata. En mayo de 2014 la fiscalía platense que instruye las causas contra los genocidas en nuestra región pidió la elevación a juicio de un grupo de policías federales que participaron de una cacería con el resultado de tres homicidios y tres desapariciones en 1977. Y como en el caso de Pochelú, Larroca y sus muchachos, la trama se reveló con el hallazgo de un documento interno donde el jefe del grupo disponía medidas sobre sus subordinados.
Los 9 ex “federicos” acusados en el requerimiento fiscal son el comisario y jefe de la Delegación La Plata de la PFA en 1977, Martín Eduardo Zuñiga, el inspector Rafael Oscar Romero, el sargento Horacio Alfredo Ortiz, los cabos José Carlos Sánchez y Jorge Alberto Blanco, los efectivos Carlos Omar Gómez y Adalberto Abel Maciel (ya fallecidos), y el subcomisario prófugo Emilio Alberto Rimoldi Fraga. Completa la lista el cabo Roberto Arturo Gigli, también imputado en la causa por el CCD de 1 y 60.
Todos están acusados por los homicidios de Adela Esther Fonrouge, Juan Oscar Cugura y de un hombre apodado “La Chancha”; la privación ilegal de la libertad, las lesiones graves y tormentos sufridos por Juan José Libralato; la privación ilegal de la libertad de Mauricio Emeraldo Mansilla y de Irma Guzman de Arteaga, y el robo de objetos en la casa de Mansilla.
La investigación detalla que en septiembre de 1977 la Policía Federal capturó en la Capital Federal al militante platense de la JUP Juan Carlos Rodríguez. La PFA logró su identificación gracias al aporte que le brindó su delegación de La Plata a través de los canales de inteligencia. Pero los aportes llegaban también a lo operativo: la noche del 11 de octubre del '77 una brigada de la Dirección General de Inteligencia de la Superintendencia de Seguridad Federal se constituyó en la delegación platense de la PFA con información sobre el domicilio de Rodríguez. Desde allí pidieron “zona liberada” al Área Operacional de la Subzona 113 y al Destacamento de Inteligencia Militar 101, allanaron diversos domicilios hasta completar la acción dos días más tarde y repartirse los detenidos con el Ejército.
La actuación del grupo imputado se reconstruyó a partir de un policial que revela los crímenes y que pide el ascenso para los policías. Suscripto por el jefe Zúñiga, el documento fundaba los ascensos en la ley orgánica de la Federal, que preveía reconocimientos para quien "lleve a cabo actos de arrojo o de habilidad profesional, cuyas consecuencias sean de gran importancia moral o material, y, en general el que ejecute acciones encomiables dignas de premio a juicio de la superioridad".
JUICIOS ETERNOS
Como sabemos, las causas llevadas adelante por el Estado argentino contra los represores de la última dictadura son delitos de lesa humanidad, lo que los hace imprescriptibles. Ahora bien, ello no quiere decir que tal carácter habilite a la justicia a realizar juicios infinitos, en un proceso general que dure 40 años.
Si tenemos en cuenta que de las 30.000 las víctimas que pasaron por más de 600 centros de detención clandestinos, en los que actuaron alrededor de 200.000 represores, sólo han sido procesados 2.100 represores y condenados unos 650 por unas 3.800 víctimas, veremos que falta la mayor parte de la tarea si lo que se quiere es justicia y no condenas aisladas.
Mayor es la preocupación si entendemos que falta juzgar a la mayoría de las segundas y terceras planas de policías, penitenciarios, militares, gendarmes, prefectos, y a la totalidad de los cómplices civiles del genocidio, sean estos empresarios, burócratas sindicales, parapoliciales, sacerdotes o dueños de medios de comunicación.
La tardanza del Estado en completar las imputaciones y avanzar en la investigación de la trama de complicidades viene siendo patente. Y es necesario aquí plantear que habiendo llegado a juicio casi la mitad de los procesamientos en 13 años, resulta claro, sobre todo por razones biológicas de los imputados, que la otra mitad no podrá esperar otros 12 o 15 años y quedará impune (como los 300 procesados que fallecieron en estos 13 años) si no se acelera el proceso.
De hecho, en todas las grandes causas que llegaron a juicio en La Plata hubo muertos impunes: En el proceso denominado “Circuito Camps” fallecieron el gobernador de facto Ibérico Saint Jean, el jefe del Destacamento de Inteligencia 101 Alejandro Agustín Arias Duval y el jefe de la Brigada de Investigaciones Rubén Oscar Páez. En el juicio por el CCD “La Cacha” de 2014 también faltó el principal acusado, precisamente Arias Duval. En la causa por los crímenes de la Armada y Prefectura en nuestra zona, llamado “Fuerza de tareas 5”, murieron sin llegar a juicio el prefecto Tomás Méndez y el segundo comandante del BIM3 Antonio Mocellini.
El esquema se repite en las causas en instrucción: en la residual por los homicidios de Marcelo Bettini y Luis Bearzi murió el represor Norman Miniot en abril 2014; en la misma fecha pero en causas Brigada de San Justo y Pozo de Quilmes falleció el genocida Lucas Belich; y en las más importantes que restan juzgar, Pozo de Banfield 2, Brigada de San Justo y Pozo Quilmes falleció el general Jorge Olivera Rovere en abril de 2015.
Y la tardanza también juega a favor de los genocidas que reciben beneficios de prisiones preventivas domiciliarias o en geriátricos, en regímenes que nadie controla, o bien excarcelaciones por motivos de salud o lisos y llanos apartamientos por incapacidad. Este elemento se profundizará en los próximos años si los procesos continúan así planteados.
Porque resulta que en lugar de acelerarse, el proceso general de juzgamiento viene decreciendo año a año, sin poder sostener el promedio de 20 juicios concluidos y 150 condenas cada 12 meses. Las voces que hoy contrastan el rol de garante de impunidad y olvido que por 15 años había mantenido el Poder Ejecutivo nacional, con los pequeños avances de los últimos años basan su convicción de la continuidad de los juicios en que la mayoría de la sociedad apoya simbólicamente estos procesos. Para nosotros, que no dejamos nunca de estar en las calles denunciando los crímenes de Estado de ayer y de hoy, estos 13 años están marcados por la segunda desaparición forzada de Jorge julio Lopez y el asesinato de Silvia Suppo, hechos sobre los que seguimos sin obtener respuesta del Estado Nacional y provinciales sobre estos gravísimo crimen perpetrados contra la continuidad de los juicios a los genocidas en nuestro país, y que cubrió con un manto de impunidad ese pretendido proceso de justicia. El expediente por la segunda desaparición de Lopez es un verdadero laberinto de la impunidad, que ningún gobierno se atreve a desandar. Quizás porque han pactado con las viejas prácticas de las fuerzas de seguridad provinciales y federales, que han asesinado a más de 4600 personas con gatillo fácil y torturas, y desaparecido a más de 200 en 32 años de democracia. Recordemos que este año la campaña de amenazas sobre el Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata tuvo sus efectos: el presidente del Tribunal, Carlos Rozansky, se excusó de participar en todas las causas en las que esté procesado el comisario Miguel Etchecolatz y que lleguen a sus manos para realizar los juicios orales. La pulseada comienza a ganarla Etchecolatz, símbolo de la represión en nuestra zona, que de alguna manera elije quién lo juzgará torciéndole el brazo a uno de los tribunales más prolijos de toda la justicia Federal de nuestro país.
Pero esta puesta en perspectiva histórica del Genocidio y de las consecuencias de la tardanza de 30 años del Estado en iniciar el juzgamiento de aquellos crímenes parece ser poca cosa frente a nuevas incertidumbres que se abren con la gestión de la derecha macrista, que ha dado sobradas muestras de que posee más apego por el emprolijamiento de la gestión para los negocios que por la Memoria contra el Genocidio. Así lo preanuncian los currículum del joven de la Fundación Konrad Adenauer y nuevo ministro de Justicia, Germán Garavano, como el de su próximo secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, hombre de la Daia en épocas de Rubén Beraja, mentor del pacto PRO-FPV para le gestión de edificio de la ESMA y quien le acercó a Macri a Jorge “Fino” Palacios.
En general, y siempre comparando lo que se ha avanzado con la dimensión histórica real de participación de agentes militares, policiales y civiles en la represión, es necesario un mayor impulso de avance en los procesamientos, así como mayor acumulación de las causas hacia la lógica del CCD o el Circuito represivo. Eso se logrará sólo con un mayor impulso político general del proceso juzgador, que debemos imponer en la agenda al nuevo gobierno, sumando a este reclamo todas las luchas contra la impunidad de los crímenes de Estado en democracia.
Lo único claro es que todas aquellas organizaciones de Derechos Humanos independientes del Estado y los gobiernos, que luchamos tantos años por reabrir estos procesos, no cejaremos en el reclamo a partir del nuevo escenario político nacional. Debemos redoblar la presencia en las calles y avanzar con mayor claridad en nuestros planteos políticos sobre los juicios. La primer prueba de ello será el 24 de marzo, cuando se estén cumpliendo 40 años de inicio de la dictadura. Y un primer balance lo tendremos en septiembre próximo, al cumplirse 10 años del segundo secuestro de Lopez.
HIJOS LA PLATA
Enero de 2016
viernes, 15 de enero de 2016
7 AÑOS SIN LUCIANO ARRUGA - 4 DÉCADAS DE DESAPARICIÓN FORZADA
miércoles, 13 de enero de 2016
MEMORIA SELECTIVA
Tras la represión a despedidos de la municipalidad de La Plata, una multitudinaria marcha de repudio se plantó contra lo que veníamos anunciando que continuaría al balojate ganara quien ganara: ajuste y represión.
Los organismos de Derechos Humanos independientes del Estado y los gobiernos (ayer y hoy) acompañamos la movilización. Sin embargo algunos oportunistas aprovecharon la movida para sembrar confusión y exageraciones deliberadas. El titular de la CTA, Hugo Yasky, aseguró que la represión del viernes 8/1 en La Plata es el signo de "un gobierno represor". En diálogo con la emisora platense Radio Estación Sur, Yasky afirmó que durante los gobiernos kirchneristas "no hubo represión" como la ocurrida contra trabajadores municipales y destacó: "Hubo paritarias libres, hubo posibilidad de que el movimiento sindical no solamente creciera en número sino también en militancia y eso no se podría haber hecho con un gobierno represor como el que ahora tenemos".
Sólo para refrescarle la memoria al dirigente K, y sólo mencionando las represiones con víctimas fatales, diremos en base al archivo de Correpi que durante la presidencia de Néstor Kirchner fueron dos los asesinados en la represión a manifestaciones o movilizaciones: Luis Marcelo Cuéllar, en 2003, en una marcha a la comisaría de Libertador Gral. San Martín, Jujuy, donde otro joven había muerto en la tortura, y Carlos Fuentealba, en Neuquén, durante la huelga docente. Pero además, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, la cuenta asciende a 19: El trabajador del ajo Juan Carlos Erazo, en 2008, en Mendoza; el joven Facundo Vargas, en Pacheco, durante una movilización contra el gatillo fácil; Sergio Cárdenas y Nicolás Carrasco, en 2010, en igual circunstancia, pero en Bariloche; los Qom Mario y Roberto López en 2010; Mariano Ferreyra, en el ataque a los trabajadores ferroviarios en 2010; los tres asesinados en la represión del Parque Indoamericano en 2010; en 2011, los cuatro muertos en el desalojo de las tierras del Ingenio Ledesma, en Jujuy y Cristian Ferreyra en Santiago del Estero. En 2012, la cifra creció con Daniel Solano, trabajador de la fruta desaparecido por negarse a denunciar a sus compañeros en Río Negro, Miguel Galván, campesino asesinado en Santiago del Estero, en 2013 con el caso de Gerardo Gabriel Tercero, asesinado por gendarmería en un corte de la ruta 50, en Salta. Y el caso más reciente, que Yasky debe recordar aunque no menciona, fue el de Ángel Verón, integrante del MTD No al Desalojo muerto a golpes por la policía de Capitanich en una cacería desplegada en octubre de 2015 en la Ruta 11 al km 997.
Como apuntó el periodista Oscar Castelonovo, la gestión Macri no tardó en tener su primer muerto a manos de la represión policial: Lucas Fuentes, de 20 años, fue asesinado en diciembre pasado en la comisaría de General Mosconi, Chubut, por denunciar los policías que lo habían torturado en la comisaría 3ª. Pero todavía las gestiones K siguen siendo las más represoras desde 1983 a la fecha, con más de 3 mil casos de personas asesinadas por los aparatos represivos federal o provinciales y más de 200 desapariciones forzadas.
Si el ajuste sólo cierra con represión, para los que pretenden volver a “resistir” tras 12 años de obsekuencia la desmemoria cierra con mentiras.
HIJOS La Plata
Enero de 2015
martes, 29 de diciembre de 2015
Solidaridad con Chicha Mariani y Elsa Pavón.
Comunicado de prensa Justicia Ya La Plata.
Justicia Ya La Plata hace público por este medio su más amplia solidaridad con Chicha Mariani y con Elsa Pavón.
La incansable búsqueda por parte de una de las fundadoras de Abuela de Plaza de Mayo, Chicha Mariani, en lo personal y en lo de la inmensa mayoría del pueblo, pareció tener un final feliz con el encuentro de quien creyó era Clara Anahí. Sin embargo la confirmación del lazo sanguíneo vía ADN, hecha por un laboratorio privado cordobés, era una primera instancia a la que le faltaba la validación en la justicia. Errores y apresuramientos comunicativos llevaron a dar por corroborado el hallazgo de Clara Anahí Mariani Teruggi a pesar de faltar el paso por la justicia.
Sin embargo, queremos denunciar que sobre estos errores se han montado una serie de especulaciones políticas que intentan ocultar la responsabilidad del estado en el hecho que a 39 años Clara Anahí siga sin aparecer al igual que los más de 400 jóvenes a los que la dictadura genocida, de muy pequeños robó a sus madres y cambió su identidad. Responsabilidad que es del actual gobierno pero que también lo fue de los anteriores desde la recuperación de la democracia hasta hoy.
Pese a que el Estado debió velar por el efectivo cumplimiento de su responsabilidad, mediante la apertura total e irrestricta de todos los archivos, así como el de preservar el Banco Nacional de Datos Genéticos, ideado por Chicha Mariani, el gobierno anterior lo utilizo como coto político, en su pelea por la apropiación de los DDHH, utilización denunciada públicamente por la propia Chicha, por Elsa Pavón, Mirta Baravalle y otras abuelas, junto a sectores vinculados a la lucha por los DDHH.
Denunciamos que en instancias en que Chicha y su amiga y compañera en estos 39 años Elsa Pavón, necesitan de toda la solidaridad que el momento exige, esas denuncias han sido utilizadas en forma cobarde y artera para agraviar a Elsa y veladamente también a Chicha por sostener esta postura.
Exigimos la mayor transparencia del BNDG para que se pueda realizar una nueva prueba de ADN con nuevas muestras y con la presencia de Peritos de Parte, así como la reserva de una parte de las muestras para hacer una contra-prueba en un laboratorio independiente y que no haya actuado en este caso, como única garantía para encontrar resultados concluyentes.
*El estado es el responsable de que aparezca Clara Anahí y los más de 400 jóvenes con identidad desaparecida durante la dictadura.
*Apertura de todos los archivos
*Solidaridad con Chicha Mariani y Elsa Pavón.
NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS NO NOS RECONCILIAMOS
CONTACTOS DE PRENSA:
Nilda Eloy: 221-155865035
Carlos Zaidman: 221-155731407
Asociación de Ex - Detenidos Desaparecidos, María Laura Bretal, HIJOS La Plata, Asociación de Profesionales en Lucha (APEL), Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH), agrupación La Retaguardia, Centro por los Derechos Humanos Hermanos Zaragoza, Comité de Acción Jurídica (CAJ), Federación Universitaria de La Plata (FULP) y Liberpueblo.











