Basta de domiciliarias a los genocidas! * SI NO HAY JUSTICIA... HAY ESCRACHE * A dónde vayan los iremos a buscar!

jueves, 2 de mayo de 2013

LO QUE EL AGUA NOS MOSTRÓ



En una sociedad donde se nos acostumbró a armarnos de nuestro memorial colectivo a través de los distintos crímenes que (siempre por acción y a veces por omisión) se descargan sobre nuestro pueblo, la desidia que el Estado de clases practica en ese remate de calamidades tiene varios signos distintos. Pero desde las "24 horas por Malvinas" y el "Programa Alimentario Nacional" podemos decir que perdimos la inocencia.
Parte de esa amplia indiferencia la encontramos en el proceso de reapertura de las causas a los genocidas (360 represores condenados en 10 años), pero particularmente en la política oficial de restitución de identidad de hijos de desaparecidos: sólo la quinta parte de los casos denunciados resueltos, condena de algunos apropiadores en ausencia de paradero de varios de los jóvenes apropiados y utilización política del Banco Nacional de Datos Genéticos.
Mientras aún con el agua al cuello y avalado por el ministro Casal, el criminal subsecretario Albarracín leía la lista de personas fallecidas en este crimen social que significaron las inundaciones en La Plata , se mencionó a Lucila Ahumada (se dijo “Lucía”), una de las Abuelas de Plaza de Mayo de nuestra ciudad. La conmoción en medio de la bronca se disparó al cielo. Su nieto Ramón fue parte de HIJOS cuando combatíamos la impunidad del Menemato. Su hijo Daniel Inama, y su nuera, Noemí Macedo (embarazada de 6 meses), eran militantes revolucionarios y fueron secuestrados en noviembre del ‘77 y llevados al CCD “Club Atlético”. La pareja y su bebé están desaparecidos. Ese fue el origen de la búsqueda de Lucila, que concluyó encerrada por la desidia oficial: sin su nieto apropiado y sin escapatoria bajo 1,70 m de Proyecto Nacional.


Pero la desidia oficial golpeó también en uno de los archivos que mayor aporte a la memoria popular y colectiva hizo en nuestra ciudad, el de Chicha Mariani. Allí vimos al declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO convertido en una masa hedionda de legajos de represores, expedientes, biblioratos, material sobre la nieta Clara Anahí, fotografías de Diana y Daniel, grabaciones de los juicios, recortes periodísticos, diarios, revistas y libros.
Ni siquiera los 89 años de edad de Chicha y sus 37 años de una lucha por encontrar a su nieta pudieron doblegarla. Hubo que convencerla para que salga a la terraza porque no quería dejar sus cosas bajo el agua. También llovieron voluntarios del barrio y de las organizaciones de DDH a emprender una tarea titánica. Atrás vinieron los “especialistas” de Archivos y Comisiones de la Memoria , a confirmar una evaluación abierta de lo que se perdió o se salvó, no sólo para Chicha sino para la lucha contra la impunidad en nuestra ciudad. Otra vez la desidia: sin su nieta apropiada y con el trabajo de una vida arruinado.


La práctica de la solidaridad individual con los inundados, combinada con el más rancio punterismo barrial bruerista-camporista y la presencia de Gendarmería y Ejército que nos propone el Estado, desnuda su propia improvisación en el tema. Y si alguno se subió a la lancha del oportunismo para salvar su pequeña conciencia, o seleccionó y embaló las culpas oficiales para blanquearlas en la fosa común de la caridad, deberá entender que jamás se podrá indultar nuestro olvido de este crimen social.

HIJOS LA PLATA

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