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viernes, 17 de marzo de 2017

JUICIO POR ANDRES NUÑEZ - cuarta audiencia

CUARTA JORNADA
Por HIJOS La Plata

En la cuarta audiencia del juicio a Luis Raúl Ponce por la desaparición de Andrés Núñez declararon un antropólogo que realizó las tareas de exhumación e identificación de los restos de Andrés, la esposa del imputado y el propio Ponce, que realizó una ensayada escena de autovictimización impune.


En primer lugar Alejandro Incháurregui, integrante del Equipo Argentino de Antropología Forense, realizó un testimonio técnico: explicó las tareas habituales del equipo y las realizadas en agosto de 1995 por orden del juez Ricardo Szelagowsky en la estancia El Roble de General Belgrano. Describió las tareas para ubicar el tanque australiano en desuso donde se inhumaron los restos, así como las prácticas de preservación, exhumación y reconocimiento.
Relató que en el lugar se demarcaron tres cuadrículas de tierra, que en las dos primeras el resultado fue negativo y que el hallazgo se produjo en la tercera. Se encontraron restos óseos de una mano, del cráneo y un diente. Los restos presentaban signos de haber sido calcinados, lo cual hace más compleja la identificación, aunque no es imposible determinar varias características como sexo, edad, estatura y causales de muerte. Sin embargo por la posición en que fue ubicado el cuerpo, quemado con palos y gomas, pudo recuperarse debajo de los restos algunas de las pertenencias de Andrés, como parte de una mochila, de una campera y de los elementos para emparchar la bicicleta que siempre llevaba consigo. Como estudio complementario en 1995 se realizó una pericia por especialistas de la Facultad de Bioquímica de la UBA, que dieron como resultado más de un 91% de correspondencia con la filiación de Andrés.

A continuación se dio el turno a los testigos propuestos por la defensa. La esposa de Ponce, Nélida Segovia, desplegó un relato que, pese a sus pretensiones, poco ayudó a la situación de su esposo. Dijo que recordaba bien la noche de los hechos porque Ponce llegó a su casa de noche y afligido porque otros “se habían mandado una cagada en la Brigada”. Según Segovia él había salido esa noche a realizar otros operativos y cuando regresó a la sede policial encontró a tres agentes borrachos que le confesaron lo sucedido con Andrés. Instaló aquí la teoría de que ante la incertidumbre de los agentes de la Brigada el juez Amílcar Vara había mandado a desaparecer el cuerpo. Además describió convenientemente una supuesta enemistad entre su marido y Vara, que hasta “lo amenazó con echarlo de la Policía”. A pregunta de la fiscal Rosalía Sánchez de por qué no había declarado esto antes en la causa y sí ahora que el acusado es Ponce, respondió “no creí que fuera importante”. Por último reconoció que su marido se profugó en junio de 1995 por sugerencia de su abogado Alejandro Casal, y que ella a los dos años se fue con él.


El último en hablar fue el propio acusado, Luis Raúl Ponce, que dijo que pidió la palabra porque venía escuchando muchas mentiras que lo involucran. Dijo que conocía al juez Vara desde antes de ser designado como magistrado porque desde el área de Investigaciones trabajaba con él algunas causas. Que Vara le decía “cabezón”, que daba órdenes ilegales, armaba causas, cambiaba carátulas de expedientes a gusto y que tenía una gran amistad con el jefe de la Brigada, Pedro Costilla. Describió su tarea en la dependencia como jefe de Operaciones, organizando y coordinando los “grupos de trabajo” y dijo que con la llegada de Costilla, que venía del ámbito de Inteligencia, todo cambió: los grupos se dedicaban más a hacer calle para armar causas, apretar personas y obtener beneficios que a realizar investigaciones de delitos complejos. Según Ponce Costilla centralizaba todas las decisiones y tenía su grupo operativo cerrado con los agentes José Ramos y Víctor Dos Santos, a los que definió intencionalmente como lejanos a él y cercanos a Vara.
Según este asesino, su pelea con Vara se debió a que en cierta oportunidad detuvo a un hombre de Vara que realizaba defraudaciones, ante lo cual le dijo que se cuidara porque tenía familia.
Ponce trató de hacer prevalecer su versión de que la noche del asesinato de Andrés él no estaba en la Brigada, y que lo único que vio fue cuando entró a la oficina contigua a la guardia y se encontró a Jorge Guevara, de 16 años, esposado y golpeado. Guevara le habría dicho que le apretaban las esposas y él en un gesto humanitario habría ordenado que se las aflojen. Recordemos que en su testimonio al inicio del juicio Guevara relató con detalle las torturas con submarino seco y golpes que le propinaban los agentes de la dependencia, entre ellos Ponce, para que se hiciera cargo de un robo. Ponce agregó cínicamente que a los sumo le había dado un empujón para que se calmara. En este delirante relato, siguió diciendo que había salido a las 10 de la noche a Punta Lara a detener a un conocido ladrón de la zona y regresó a las 4 y media de la mañana. Según esta puesta en escena, cuando llegó encontró a los agentes José Ramos y Alfredo González llorando y drogados, quienes le confesaron que “se nos murió un tipo”. Cuando llegó el jefe de la dependencia, Pedro Costilla, habría dicho que no hagan nada, que ya había hablado con Vara y les recomendó desaparecer el cuerpo. En estoica posición, Ponce habría dicho “conmigo no cuenten” y se habría ido.


Al colmo de las confesiones, el asesino reconoció que había coimeado al juez Vara con 4.500 dólares que pidió prestados para que lo dejara libre en  el caso de Andrés, según él víctima de una extorsión de Vara que “era capaz de cualquier cosa”. Tras el hallazgo del cuerpo de Andrés en 1995 el juez Szelagowsky le dictó la captura, ante lo cual decidió fugarse porque lo iban a hacer cargo sólo a él.
Varias preguntas lo dejaron al descubierto. La fiscal Sánchez le preguntó con qué dientidad estaba como prófugo y dijo que había comprado un DNI falso en José C. Paz a nombre de Raúl Peralta (su segundo nombre y el apellido de su madre. Dijo que en el operativo en que lo detuvo la PSA por error en Bariloche (buscan al prófugo de lesa humanidad Cesar Heriberto Peralta) “me quisieron matar”. Que ante la supuesta ruptura del protocolo que cometieron en un procedimiento al pararlo con el auto “me pusieron una pistola en la cabeza y arranqué. Paré tres veces para entregarme y me seguían tirando”. Insistió en que hasta ahora “sólo me condenaron por alterar mi identidad”.
El presidente del tribunal, Claudio Bernard, le preguntó por qué, si es que era inocente, en lugar de ponerse clandestino no denunció la situación y eligió al mismo abogado que también representaba a quienes él decía que eran los responsables del crimen de Andrés. Respondió: “Quizás me equivoqué. No tenía plata para pagar a otro abogado, y Casal me dijo que no había nada contrapuesto. Vara me sobrepasaba como juez y estaba amenazado”.
En un último intento de victimización Ponce dijo: “¿Hasta cuándo voy a seguir perdiendo todo? Lo último que perdí fue mi libertad”. Esperamos que esa pérdida sea perpetua, definitiva y de cumplimiento efectivo de condena.

En la quinta audiencia del miércoles 22/3 está acordada la realización de los alegatos de la fiscalía, la querella y la defensa. Luego solo queda escuchar el veredicto del tribunal, aún sin fecha.

Andrés Alberto Nuñez, fue secuestrado, asesinado y ocultado su cuerpo el 28 de septiembre de 1990 por el accionar del personal de la Brigada de Investigaciones de La Plata de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Por más de 5 años la familia no pudo hallar sus restos, hasta que uno de los policías implicados, José Daniel Ramos, colaboró para beneficiarse en la causa e indicó el lugar de inhumación clandestina en un campo de la localidad bonaerense de General Belgrano. Hasta el momento, y tras 26 años de luchar por justicia, sólo se ha conseguido parte del reclamo: se ha condenado a perpetua a 2 de los policías responsables (Víctor Dos Santos y Alfredo González), un tercero está siendo juzgado en estos días tras estar prófugo por 22 años y ser capturado en 2012 (Luis Raúl Ponce), un cuarto que permanece prófugo desde diciembre de 1993 (Pablo Martín Gerez), cuatro agentes más siendo investigados por encubrimiento (los efectivos Carlos Veiga, Ernesto Zabala, César Carrizo y Pedro Costilla) y un ex juez penal de La Plata co-imputado por encubrir el caso (Amílcar Benigno Vara) murió impune en marzo de 2014.

LAS AUDIENCIAS SON ORALES Y PÚBLICAS. SE DESARROLLAN DE 10 A 14 HS EN EL FUERO PENAL DE LA PLATA CALLE 8 ENTRE 56 Y 57.
PARA CONCURRIR NO ES NECESARIO ACREDITARSE PREVIAMENTE.
SOLO SE DEBE SER MAYOR DE EDAD Y CONCURRIR CON DNI.
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