NO AL 2x1 - Basta de domiciliarias a los genocidas! * SI NO HAY JUSTICIA... HAY ESCRACHE * A dónde vayan los iremos a buscar!

sábado, 16 de enero de 2016

Siguen los decesos impunes ¿Ni uno menos?

Murió impune un policía federal en una causa de Lesa Humanidad de La Plata

Reseñamos la muerte del subcomisario Alberto Larroca en la causa por el CCD de 1 y 60 . Analizamos el rol de la Policía Federal en la represión en La Plata. Y una reflexión sobre el agravamiento de la situación de los juicios por la tardanza del Estado en impulsar los procesos.


El pasado 18 de diciembre el titular del Juzgado Federal N°1 de La Plata, Laureano Durán, informó la muerte del imputado Alberto Larroca, 2° jefe de la Delegación La Plata de la Policía Federal, en la causa por el CCD de Caballería e Infantería de la Policía Bonaerense durante la dictadura. Además, el magistrado clausuró la instrucción y elevó el expediente a juicio oral.
El subcomisario Larroca, de 82 años, era oriundo de Trenque Lauquen y falleció en su casa del barrio CECO de Olavarría el 5 de octubre pasado, según si obituario “confortado por los auxilios espirituales”. Está acreditado que prestó funciones en la Delegación La Plata de la Policía Federal Argentina entre el 16 de marzo de 1976 y el 3 de enero de 1977. Al igual que su jefe en la delegación, Rafael Pochelú, los cabos de esa fuerza José Luis Benítez, Carlos Hugo Leguizamón y Roberto Gigli, y Carlos “el Indio” Castillo, estaba imputado desde diciembre de 2013 por los secuestros y tormentos de que fueron víctimas los militantes peronistas de una Unidad Básica del barrio de La Loma Luis Julián Farina, su esposa Nélida Leonor Balbi y Roberto Mario Carattoli.
De hecho en la causa consta información de todos estos represores a través de un incidente colateral al allanamiento del domicilio de la pareja Farina-Balbi. Al parecer, a raíz del extravío de la credencial del oficial Fontana en el operativo, Pochelú designó a Larroca para realizar un sumario administrativo. De la declaración de Fontana ante sus jefes surgen detalles del operativo: “un procedimiento antisubversivo, el 3 de abril de 1976 entre las 2 y las 5 horas, en una finca sita en calle 23 n° 221 de La Plata”, donde Fontana y otros 4 agentes allanaron y “detuvieron a su ocupante que identificaron como Luis Julián Farina, vinculado con la agrupación 'Montoneros'. Aproximadamente veinte minutos más tarde arribó al domicilio su concubina Nélida Leonor Balbi, a quien también detuvieron, acompañada de una persona de sexo masculino que identificaron como Roberto Mario Carattoli. Este último, para evitar ser detenido, intentó darse a la fuga emprendiendo veloz carrera por calle 23 en dirección al norte. Fue perseguido por parte de la comisión policial, que luego de unos 250 metros de ardua y peligrosa persecución consiguió herirlo de bala en su pierna izquierda a la altura del tobillo, reducirlo y detenerlo, secuestrándole además una pistola calibre 22, con su respectivo cargador y proyectiles 'punta hueca'”. Tras el operativo, los detenidos fueron trasladados encapuchados a la Delegación La Plata de la Federal, a la mañana siguiente entregados a las autoridades militares de la Jefatura del Área 113 y depositados en el CCD de la Brigada de Caballería de la bonaerense en 1 y 60. Pasaron 10 días allí, siendo sacados varias veces a torturar a Arana y devueltos a Caballería, para terminar blanqueados en la Unidad 9 los hombres y la mujer en la cárcel de Olmos.
Tanto Farina como Balbi dieron testimonios coincidentes en el marco del Juicio por la Verdad en julio de 2002 y en la causa “1 y 60” en junio de 2013. Sobre el primer lugar detención, Farina lo describió como una comisaría por el ambiente, el ruido, la radio que transmitía los datos y los números de documentos, y dijo “esto era, digamos, un ámbito Policial”. Balbi afirmó que los traslados a Arana y a Olmos los hacía personal militar, que tenía mando sobre la tropa, que era personal de la bonaerense. Respecto a los integrantes del operativo, ambos sobrevivientes afirmaron que el grupo que los detuvo en su domicilio estaba conformado por aproximadamente cinco personas, todos vestidos de civil, entre los que se encontraba quien luego supo que era “el indio” Castillo, de quien dijo que “Caminaba tipo robot, con el pelo caído sobre la frente y daba la impresión de que era quien comandaba el grupo...”, y que fue éste quien persiguió e hirió de bala a Carattoli en su intento de fuga. Señaló también que luego pudo identificar a Gigli como otro de los integrantes del grupo, y que fue él mismo quien lo sometió a sesiones de tortura mientras estuvo detenido en 1 y 60.
Llamado a indagatoria en diciembre de 2013, Larroca refirió ante el juez Manuel Blanco no recordar el hecho del 3 de abril de 1976, aunque sí dijo que conocía a Fontana -que estaba en Inteligencia-, a Leguizamón y al Comisario Pochelú, con quien señaló “no tenía muy buena relación ya que no congeniaban”. Dijo que como segundo de la delegación se encargaba del control del personal administrativo y realizaba guardias. Sin embargo trató de excusarse en que, pese a su posición jerárquica, no se enteraba de las cosas que sucedían en el lugar por no estar de acuerdo, y negó la instrucción del sumario en cuestión al decir: “ Yo nunca instruí un sumario administrativo, ni lo se hacer. Las firmas que están en el expediente yo no las reconozco como mías. Puede ser que lo haya firmado, pero no me acuerdo”. Pese a todo reconoció la Comunidad represiva existente entre la PFA y las Fuerzas Armadas, al decir que su jefe Pochelú “era quien tenía el poder de mando sobre la gente de inteligencia, exclusivamente él. El ejército y la Marina, el BIM 3, venían mucho a la Delegación y se reunían solamente con el jefe, con Pochelú”.

LA CAUSA 1 Y 60
La causa esta denominada con el nombre del represor de más alto mando en la cadena de responsabilidades, el coronel Alberto Jorge Crinigan, hombre ligado al área de inteligencia del Ejército desde el Batallón 601 y que estuvo activo en la fuerza hasta 2002.
Implica imputaciones sobre 22 represores por unas 190 víctimas. Algunos de estos represores ya fueron juzgados y condenados en el proceso por el CCD “La Cacha”, como Gustavo Adolfo Cacivio, Miguel Ángel Amigo, Ricardo Armando Fernández, Emilio Alberto Herrero Anzorena y Anselmo Pedro Palavezzati; otros citados sólo como testigos en el juicio “Circuito Camps” de 2012 por los hechos de la casa Mariani-Teruggi, como Héctor Reynaldo Amnchástegui, Juan Rafael Pochelú y José Clemente Forastiero; el referente da la CNU en nuestra zona, Carlos Ernesto “El Indio” Castillo; y un grupo de 14 genocidas que será juzgado por primera vez en esta causa: Alberto Jorge Crinigan, Oscar Antonio Gómez Migenes, Carlos Hugo Leguizamón, Roberto Arturo Gigli, José Luis Benitez, Alberto Larroca, Claudio Rubén Mejías, Tomas D'Ottavio, Raúl Ricardo Monzón, Adalberto Oscar Rincón, Juan Antonio Vidal, Alberto José Esteban Pulvermacher, Ismael Ramón Verón y Lucas Marcelo Castro.
El juicio será una importante ocasión para desentramar la red de conexiones que existieron entre las distintas Fuerzas Armadas, policiales, penitenciarias y parapoliciales, ya que el CCD de calle 1 y 60 conlleva casos de detenidos que eran trasladados allí desde y hacia unidades del Ejército y la Policía. Ya en el juicio “FT5” del año pasado se han ventilado varios casos de detenidos que eran llevados desde 1 y 60 ida y vuelta a los CCD de Armada y Prefectura. O bien que eran blanqueados hacia la Unidad 9 del Servicio Penitenciario. A su vez, se ha puesto en evidencia la actuación de elementos de la CNU tanto en los centros policiales como penitenciarios. Y los casos referidos a la actuación de la Policía Federal reseñados más arriba completan un cuadro donde no hubo fuerza represiva que no actuara en coordinación con detenidos llevados a la sede de 1 y 60.
Plano del CCD de 1 y 60
LOS GALLITOS EN ACCIÓN
El rol de la Policía Federal en la represión en La Plata, desde su sede en calle 15 y 49, tiene una causa específica en La Plata. En mayo de 2014 la fiscalía platense que instruye las causas contra los genocidas en nuestra región pidió la elevación a juicio de un grupo de policías federales que participaron de una cacería con el resultado de tres homicidios y tres desapariciones en 1977. Y como en el caso de Pochelú, Larroca y sus muchachos, la trama se reveló con el hallazgo de un documento interno donde el jefe del grupo disponía medidas sobre sus subordinados.
Los 9 ex “federicos” acusados en el requerimiento fiscal son el comisario y jefe de la Delegación La Plata de la PFA en 1977, Martín Eduardo Zuñiga, el inspector Rafael Oscar Romero, el sargento Horacio Alfredo Ortiz, los cabos José Carlos Sánchez y Jorge Alberto Blanco, los efectivos Carlos Omar Gómez y Adalberto Abel Maciel (ya fallecidos), y el subcomisario prófugo Emilio Alberto Rimoldi Fraga. Completa la lista el cabo Roberto Arturo Gigli, también imputado en la causa por el CCD de 1 y 60.
Todos están acusados por los homicidios de Adela Esther Fonrouge, Juan Oscar Cugura y de un hombre apodado “La Chancha”; la privación ilegal de la libertad, las lesiones graves y tormentos sufridos por Juan José Libralato; la privación ilegal de la libertad de Mauricio Emeraldo Mansilla y de Irma Guzman de Arteaga, y el robo de objetos en la casa de Mansilla.
La investigación detalla que en septiembre de 1977 la Policía Federal capturó en la Capital Federal al militante platense de la JUP Juan Carlos Rodríguez. La PFA logró su identificación gracias al aporte que le brindó su delegación de La Plata a través de los canales de inteligencia. Pero los aportes llegaban también a lo operativo: la noche del 11 de octubre del '77 una brigada de la Dirección General de Inteligencia de la Superintendencia de Seguridad Federal se constituyó en la delegación platense de la PFA con información sobre el domicilio de Rodríguez. Desde allí pidieron “zona liberada” al Área Operacional de la Subzona 113 y al Destacamento de Inteligencia Militar 101, allanaron diversos domicilios hasta completar la acción dos días más tarde y repartirse los detenidos con el Ejército.
La actuación del grupo imputado se reconstruyó a partir de un policial que revela los crímenes y que pide el ascenso para los policías. Suscripto por el jefe Zúñiga, el documento fundaba los ascensos en la ley orgánica de la Federal, que preveía reconocimientos para quien "lleve a cabo actos de arrojo o de habilidad profesional, cuyas consecuencias sean de gran importancia moral o material, y, en general el que ejecute acciones encomiables dignas de premio a juicio de la superioridad".

JUICIOS ETERNOS
Como sabemos, las causas llevadas adelante por el Estado argentino contra los represores de la última dictadura son delitos de lesa humanidad, lo que los hace imprescriptibles. Ahora bien, ello no quiere decir que tal carácter habilite a la justicia a realizar juicios infinitos, en un proceso general que dure 40 años.
Si tenemos en cuenta que de las 30.000 las víctimas que pasaron por más de 600 centros de detención clandestinos, en los que actuaron alrededor de 200.000 represores, sólo han sido procesados 2.100 represores y condenados unos 650 por unas 3.800 víctimas, veremos que falta la mayor parte de la tarea si lo que se quiere es justicia y no condenas aisladas.
Mayor es la preocupación si entendemos que falta juzgar a la mayoría de las segundas y terceras planas de policías, penitenciarios, militares, gendarmes, prefectos, y a la totalidad de los cómplices civiles del genocidio, sean estos empresarios, burócratas sindicales, parapoliciales, sacerdotes o dueños de medios de comunicación.
La tardanza del Estado en completar las imputaciones y avanzar en la investigación de la trama de complicidades viene siendo patente. Y es necesario aquí plantear que habiendo llegado a juicio casi la mitad de los procesamientos en 13 años, resulta claro, sobre todo por razones biológicas de los imputados, que la otra mitad no podrá esperar otros 12 o 15 años y quedará impune (como los 300 procesados que fallecieron en estos 13 años) si no se acelera el proceso.
De hecho, en todas las grandes causas que llegaron a juicio en La Plata hubo muertos impunes: En el proceso denominado “Circuito Camps” fallecieron el gobernador de facto Ibérico Saint Jean, el jefe del Destacamento de Inteligencia 101 Alejandro Agustín Arias Duval y el jefe de la Brigada de Investigaciones Rubén Oscar Páez. En el juicio por el CCD “La Cacha” de 2014 también faltó el principal acusado, precisamente Arias Duval. En la causa por los crímenes de la Armada y Prefectura en nuestra zona, llamado “Fuerza de tareas 5”, murieron sin llegar a juicio el prefecto Tomás Méndez y el segundo comandante del BIM3 Antonio Mocellini.
El esquema se repite en las causas en instrucción: en la residual por los homicidios de Marcelo Bettini y Luis Bearzi murió el represor Norman Miniot en abril 2014; en la misma fecha pero en causas Brigada de San Justo y Pozo de Quilmes falleció el genocida Lucas Belich; y en las más importantes que restan juzgar, Pozo de Banfield 2, Brigada de San Justo y Pozo Quilmes falleció el general Jorge Olivera Rovere en abril de 2015.
Y la tardanza también juega a favor de los genocidas que reciben beneficios de prisiones preventivas domiciliarias o en geriátricos, en regímenes que nadie controla, o bien excarcelaciones por motivos de salud o lisos y llanos apartamientos por incapacidad. Este elemento se profundizará en los próximos años si los procesos continúan así planteados.
Porque resulta que en lugar de acelerarse, el proceso general de juzgamiento viene decreciendo año a año, sin poder sostener el promedio de 20 juicios concluidos y 150 condenas cada 12 meses. Las voces que hoy contrastan el rol de garante de impunidad y olvido que por 15 años había mantenido el Poder Ejecutivo nacional, con los pequeños avances de los últimos años basan su convicción de la continuidad de los juicios en que la mayoría de la sociedad apoya simbólicamente estos procesos. Para nosotros, que no dejamos nunca de estar en las calles denunciando los crímenes de Estado de ayer y de hoy, estos 13 años están marcados por la segunda desaparición forzada de Jorge julio Lopez y el asesinato de Silvia Suppo, hechos sobre los que seguimos sin obtener respuesta del Estado Nacional y provinciales sobre estos gravísimo crimen perpetrados contra la continuidad de los juicios a los genocidas en nuestro país, y que cubrió con un manto de impunidad ese pretendido proceso de justicia. El expediente por la segunda desaparición de Lopez es un verdadero laberinto de la impunidad, que ningún gobierno se atreve a desandar. Quizás porque han pactado con las viejas prácticas de las fuerzas de seguridad provinciales y federales, que han asesinado a más de 4600 personas con gatillo fácil y torturas, y desaparecido a más de 200 en 32 años de democracia. Recordemos que este año la campaña de amenazas sobre el Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata tuvo sus efectos: el presidente del Tribunal, Carlos Rozansky, se excusó de participar en todas las causas en las que esté procesado el comisario Miguel Etchecolatz y que lleguen a sus manos para realizar los juicios orales. La pulseada comienza a ganarla Etchecolatz, símbolo de la represión en nuestra zona, que de alguna manera elije quién lo juzgará torciéndole el brazo a uno de los tribunales más prolijos de toda la justicia Federal de nuestro país.
Pero esta puesta en perspectiva histórica del Genocidio y de las consecuencias de la tardanza de 30 años del Estado en iniciar el juzgamiento de aquellos crímenes parece ser poca cosa frente a nuevas incertidumbres que se abren con la gestión de la derecha macrista, que ha dado sobradas muestras de que posee más apego por el emprolijamiento de la gestión para los negocios que por la Memoria contra el Genocidio. Así lo preanuncian los currículum del joven de la Fundación Konrad Adenauer y nuevo ministro de Justicia, Germán Garavano, como el de su próximo secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, hombre de la Daia en épocas de Rubén Beraja, mentor del pacto PRO-FPV para le gestión de edificio de la ESMA y quien le acercó a Macri a Jorge “Fino” Palacios.
En general, y siempre comparando lo que se ha avanzado con la dimensión histórica real de participación de agentes militares, policiales y civiles en la represión, es necesario un mayor impulso de avance en los procesamientos, así como mayor acumulación de las causas hacia la lógica del CCD o el Circuito represivo. Eso se logrará sólo con un mayor impulso político general del proceso juzgador, que debemos imponer en la agenda al nuevo gobierno, sumando a este reclamo todas las luchas contra la impunidad de los crímenes de Estado en democracia.
Lo único claro es que todas aquellas organizaciones de Derechos Humanos independientes del Estado y los gobiernos, que luchamos tantos años por reabrir estos procesos, no cejaremos en el reclamo a partir del nuevo escenario político nacional. Debemos redoblar la presencia en las calles y avanzar con mayor claridad en nuestros planteos políticos sobre los juicios. La primer prueba de ello será el 24 de marzo, cuando se estén cumpliendo 40 años de inicio de la dictadura. Y un primer balance lo tendremos en septiembre próximo, al cumplirse 10 años del segundo secuestro de Lopez.

HIJOS LA PLATA
Enero de 2016

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viernes, 15 de enero de 2016

7 AÑOS SIN LUCIANO ARRUGA - 4 DÉCADAS DE DESAPARICIÓN FORZADA

La desaparición forzada de personas se define técnicamente como la “privación de libertad cometida por un particular o agentes del Estado, y donde la institución ha prestado su apoyo o aquiescencia y se niega a informar o reconocer esa privación de libertad”.
Desde el caso del joven José Luis Franco, detenido por la policía santafecina en Rosario el 24 de diciembre de 1983 y cuyo cadáver apareció golpeado en un descampado; hasta el reciente caso de Gerardo Escobar, golpeado por patovicas y policías a la salida de un boliche en Rosario en agosto de 2015 y que apareció una semana después en las aguas del río Paraná, podemos afirmar que se han producido en Argentina al menos 212 casos de desaparición forzada de personas entre 1983 y 2015.
La continuidad de la práctica de desaparecer personas tras detenerlas se comprueba con el dato de que el 40% de los casos se registraron en las tres gestiones del matrimonio Kirchner. Digno de su “Maldita Policía” que nunca dejó de actuar, la provincia de Buenos Aires registra más de un 70% de los casos.
El hecho que marca a fuego esta práctica perversa, y que une 40 años de continuidades del aparato de poder organizado para reprimir, es la segunda desaparición forzada de Jorge Julio Lopez en septiembre de 2006, porque se trata de un sobreviviente del Genocidio expuesto como testigo en una causa de lesa humanidad que dio inicio al proceso de juzgamiento de los crímenes del Terror de Estado con renovada impunidad. Definen el caso el señalamiento de las organizaciones de DDHH a la propia Policía Bonaerense, el silencio del gobierno al respecto, pese a la gravedad material y simbólica que presenta, y la apertura de una nueva categoría: el ex detenido-desaparecido en dictadura, aparecido y vuelto a desaparecer en democracia.
Si en momentos de alto desarrollo de la conciencia popular y las luchas sociales la desaparición forzada se utilizaba especialmente como método de represión política de los oponentes, hoy vemos que los altos niveles de desigualdad y la continuidad de prácticas de control social hacen que las víctimas afectadas sean en su mayoría jóvenes pobres, con instrucción básica y sin empleo formal, que habitan las barriadas populares y son el “enemigo” creado en todas las políticas de gestión del delito.
En todo caso podemos afirmar que en el país de los 30 mil desaparecidos, y pese a estar tipificado en específico desde 2011, el Estado sigue negándose a investigar las desapariciones como tales, y en estos 32 años de democracia no ha habido un sólo funcionario estatal condenado por desaparición forzada de persona.

HIJOS LA PLATA


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miércoles, 13 de enero de 2016

MEMORIA SELECTIVA


Tras la represión a despedidos de la municipalidad de La Plata, una multitudinaria marcha de repudio se plantó contra lo que veníamos anunciando que continuaría al balojate ganara quien ganara: ajuste y represión.
Los organismos de Derechos Humanos independientes del Estado y los gobiernos (ayer y hoy) acompañamos la movilización. Sin embargo algunos oportunistas aprovecharon la movida para sembrar confusión y exageraciones deliberadas. El titular de la CTA, Hugo Yasky, aseguró que la represión del viernes 8/1 en La Plata es el signo de "un gobierno represor". En diálogo con la emisora platense Radio Estación Sur, Yasky afirmó que durante los gobiernos kirchneristas "no hubo represión" como la ocurrida contra trabajadores municipales y destacó: "Hubo paritarias libres, hubo posibilidad de que el movimiento sindical no solamente creciera en número sino también en militancia y eso no se podría haber hecho con un gobierno represor como el que ahora tenemos".
Sólo para refrescarle la memoria al dirigente K, y sólo mencionando las represiones con víctimas fatales, diremos en base al archivo de Correpi que durante la presidencia de Néstor Kirchner fueron dos los asesinados en la represión a manifestaciones o movilizaciones: Luis Marcelo Cuéllar, en 2003, en una marcha a la comisaría de Libertador Gral. San Martín, Jujuy, donde otro joven había muerto en la tortura, y Carlos Fuentealba, en Neuquén, durante la huelga docente. Pero además, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, la cuenta asciende a 19: El trabajador del ajo Juan Carlos Erazo, en 2008, en Mendoza; el joven Facundo Vargas, en Pacheco, durante una movilización contra el gatillo fácil; Sergio Cárdenas y Nicolás Carrasco, en 2010, en igual circunstancia, pero en Bariloche; los Qom Mario y Roberto López en 2010; Mariano Ferreyra, en el ataque a los trabajadores ferroviarios en 2010; los tres asesinados en la represión del Parque Indoamericano en 2010; en 2011, los cuatro muertos en el desalojo de las tierras del Ingenio Ledesma, en Jujuy y Cristian Ferreyra en Santiago del Estero. En 2012, la cifra creció con Daniel Solano, trabajador de la fruta desaparecido por negarse a denunciar a sus compañeros en Río Negro, Miguel Galván, campesino asesinado en Santiago del Estero, en 2013 con el caso de Gerardo Gabriel Tercero, asesinado por gendarmería en un corte de la ruta 50, en Salta. Y el caso más reciente, que Yasky debe recordar aunque no menciona, fue el de Ángel Verón, integrante del MTD No al Desalojo muerto a golpes por la policía de Capitanich en una cacería desplegada en octubre de 2015 en la Ruta 11 al km 997.
Como apuntó el periodista Oscar Castelonovo, la gestión Macri no tardó en tener su primer muerto a manos de la represión policial: Lucas Fuentes, de 20 años, fue asesinado en diciembre pasado en la comisaría de General Mosconi, Chubut, por denunciar los policías que lo habían torturado en la comisaría 3ª. Pero todavía las gestiones K siguen siendo las más represoras desde 1983 a la fecha, con más de 3 mil casos de personas asesinadas por los aparatos represivos federal o provinciales y más de 200 desapariciones forzadas.
Si el ajuste sólo cierra con represión, para los que pretenden volver a “resistir” tras 12 años de obsekuencia la desmemoria cierra con mentiras.

HIJOS La Plata
Enero de 2015

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martes, 29 de diciembre de 2015

Solidaridad con Chicha Mariani y Elsa Pavón.

Comunicado de prensa Justicia Ya La Plata.


Justicia Ya La Plata hace público por este medio su más amplia solidaridad con Chicha Mariani y con Elsa Pavón.
La incansable búsqueda por parte de una de las fundadoras de Abuela de Plaza de Mayo, Chicha Mariani, en lo personal y en lo de la inmensa mayoría del pueblo, pareció tener un final feliz con el encuentro de quien creyó era Clara Anahí. Sin embargo la confirmación del lazo sanguíneo vía ADN, hecha por un laboratorio privado cordobés, era una primera instancia a la que le faltaba la validación en la justicia. Errores y apresuramientos comunicativos llevaron a dar por corroborado el hallazgo de Clara Anahí Mariani Teruggi a pesar de faltar el paso por la justicia.
Sin embargo, queremos denunciar que sobre estos errores se han montado una serie de especulaciones políticas que intentan ocultar la responsabilidad del estado en el hecho que a 39 años Clara Anahí siga sin aparecer al igual que los más de 400 jóvenes a los que la dictadura genocida, de muy pequeños robó a sus madres y cambió su identidad. Responsabilidad que es del actual gobierno pero que también lo fue de los anteriores desde la recuperación de la democracia hasta hoy.
Pese a que el Estado debió velar por el efectivo cumplimiento de su responsabilidad, mediante la apertura total e irrestricta de todos los archivos, así como el de preservar el Banco Nacional de Datos Genéticos, ideado por Chicha Mariani, el gobierno anterior lo utilizo como coto político, en su pelea por la apropiación de los DDHH, utilización denunciada públicamente por la propia Chicha, por Elsa Pavón, Mirta Baravalle y otras abuelas, junto a sectores vinculados a la lucha por los DDHH.
Denunciamos que en instancias en que Chicha y su amiga y compañera en estos 39 años Elsa Pavón, necesitan de toda la solidaridad que el momento exige, esas denuncias han sido utilizadas en forma cobarde y artera para agraviar a Elsa y veladamente también a Chicha por sostener esta postura.
Exigimos la mayor transparencia del BNDG para que se pueda realizar una nueva prueba de ADN con nuevas muestras y con la presencia de Peritos de Parte, así como la reserva de una parte de las muestras para hacer una contra-prueba en un laboratorio independiente y que no haya actuado en este caso, como única garantía para encontrar resultados concluyentes.

*El estado es el responsable de que aparezca Clara Anahí y los más de 400 jóvenes con identidad desaparecida durante la dictadura.
*Apertura de todos los archivos
*Solidaridad con Chicha Mariani y Elsa Pavón.
NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS NO NOS RECONCILIAMOS


CONTACTOS DE PRENSA:
Nilda Eloy: 221-155865035
Carlos Zaidman: 221-155731407


Asociación de Ex - Detenidos Desaparecidos, María Laura Bretal, HIJOS La Plata, Asociación de Profesionales en Lucha (APEL), Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH), agrupación La Retaguardia, Centro por los Derechos Humanos Hermanos Zaragoza, Comité de Acción Jurídica (CAJ), Federación Universitaria de La Plata (FULP) y Liberpueblo.

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miércoles, 16 de diciembre de 2015

21 MESES SIN MAURICIO ANDRADA

Exigimos la inmediata elevación a juicio oral de la causa!
No premien a los asesinos!
JUEVES 17/12 – 10HS – Tribunales 7 Y 56


Desde el Colectivo Contra el Gatillo Fácil convocamos a concentrarnos en las puertas de los Tribunales, ubicado en 7 y 56, para exigirle al Poder Judicial y Político que se eleve a juicio la causa de Mauricio Andrada e Ismael Perusatto.

El 12 de febrero de 2014 el policía, integrante del grupo Halcón, Cristian Daniel Duarte asesinó con su arma reglamentaria a Mauricio Andrada (17 años) e Ismael “Beiby” Perusatto (20 años) en calle 71 entre 23 y 24 de La Plata. Duarte disparó 5 veces sobre los pibes, alegando la “legítima defensa” en un robo que aún no está probado. “Beiby” murió al instante, mientras que Mauri estuvo 40 días luchando por su vida. Falleció el 17 de marzo de 2014 en el Hospital San Juan de Dios.

Ante los cambios de gobiernos, seguimos exigiendo justicia y denunciando la profundización de las políticas represivas. Como siempre suceden en las causas judiciales donde están implicados agentes de las fuerzas de seguridad como principales asesinos de jóvenes pobres, avanzan de manera muy lenta y llenas de irregularidades. Sabemos que tenemos una justicia burguesa y patriarcal, a la cual presionaremos para que también defienda al pueblo trabajador.

El fiscal de la UFI Nº 6, Marcelo Romero, procesó a Duarte por “doble homicidio en ocasión de robo” (IPP: 06-00-006348-14), sin embargo el agente sigue transitando las calles platenses con su arma en la cintura. La justicia penal, a través del Juez de Garantías Federico Atencio, le creyó y lo sobreseyó en primera instancia afirmando que el error de Duarte fue “esencial, decisivo y excusable”. A primera vista se observan las contradicciones en las declaraciones testimoniales entre Duarte y un “supuesto testigo” que presenció el hecho (Rodolfo O. Galeano, ex agente policial de la Bonaerense).

Por su parte, Duarte señaló que los jóvenes lo hicieron caer al piso donde luego le propinaron patadas, y aseguró no ver a ninguna persona en el lugar al momento de disparar, asegura que fuero dos disparos a Mauricio y otros –sin especificar- a Ismael. Mientras que Galeano, “supuesto testigo del hecho”, declaró circular con su taxi por ese lugar y tener que hacerse a un costado de la calle al ver “semejante enfrentamiento”, y en ningún momento relató verlo a Duarte tirado en el piso recibiendo golpes. Una de las primeras irregularidades de la causa.
Se le suma el no cuidado del lugar del hecho para realizar las pericias correspondientes. Otra testigo, Mónica Alvino, indicó: “pude ver que los peritos en presencia de los testigos revisaron la mochila que tenía puesto el herido, la cual pude ver que contenía una gorra, también sacaron una bolsita, chiquita hecha con un trozo de nylon color verde claro, la cual fue desechada en el inodoro de una vecina del lugar”. Ante dicho panorama de la causa judicial, cómo se explica la decisión del juez Atencio de sobreseer al policía. Declaraciones contrapuesta, pericias irregulares, la gran mayoría de los testigos son agentes de seguridad y en ningún momento escucharon la voz de los familiares de los jóvenes fallecidos.

Por ello, la familia de Mauricio y el fiscal Romero apelaron la medida solicitando la resolución en juicio oral, argumentando que “la versión brindada por el imputado no es conteste con las conclusiones periciales arribadas en virtud de la operación de autopsia. El relato del testigo Galeano no resulta en un todo coincidente. El imputado posee conocimientos especialísimos respecto del resto de la ciudadanía en cuanto a sortear amenazas contra la integridad física”. La causa se encuentra, desde septiembre pasado a definir en la Sala 2 del Tribunal de Casación, a cargo del juez Fernando Mancini.

No se trata de un caso aislado sino que son miles los y las pibas que mueren por causa de gatillo fácil en nuestra ciudad. Recordamos a Omar Cigarán, Ezequiel Heredia, Juan Martín Yalet y muchos más. Los gobiernos pasan y la represión sigue.

Cabe recordar que lejos de apartarlo de la fuerza, en abril de 2015 el gobierno de Daniel Scioli ascendió a Duarte a teniente primero, con la aclaración de que reúne “las condiciones de idoneidad necesarias y los demás requisitos para su promoción”. Una vez más repudiamos al poder político que encubre y premia a los policías de gatillo fácil por la labor cumplida. Los gobiernos pasan y la represión sigue; no se tratan de prácticas de una sola institución (en este caso, policial) sino que la represión es una política de Estado.

Seguiremos acompañando a la familia de Mauricio, nos movilizaremos y estaremos en las calles cuando sea necesario. Exigimos al Tribunal de Casación, Sala 2, que confirme inmediatamente el procesamiento del asesino Duarte, apartado de la fuerza, y que se eleve la causa a juicio oral.

- JUSTICIA POR MAURICIO ANDRADA, ISMAEL PERUSATTO, Y TODOS LXS PIBXS ASESINADXS POR LA POLICÍA.
- APARTAMIENTO DE LA FUERZA Y JUICIO AL POLICIA CRISTIAN DANIEL DUARTE.
-BASTA DE GATILLO FACIL.
-NI UN PIBE, NI UNA PIBA MENOS.

CONTACTO DE PRENSA:
Julio (HIJOS La Plata) 0221 155892221 


COLECTIVO CONTRA EL GATILLO FACIL
(((Familiares y amigxs de Omar Cigarán-Mauricio Andrada-Andrés Nuñez, Casa por los DD.HH. Hermanos Zaragoza, Ceprodh, COB La Brecha, Colectivo Piedra Papel y Tijera, Corall Grupo Antirrepresivo, HIJOS La Plata, Olla Popular de Plaza San Martín, Patria Grande))).

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martes, 15 de diciembre de 2015

REGALITOS DE NAVIDAD

Tres represores beneficiados por la justicia platense en causas de Lesa Humanidad

Al reciente apartamiento del coronel Héctor Gamén en 3 causas, se suma el otorgamiento de domiciliaria a Juan Carlos Herzberg, revocado 1 mes atrás en la sentencia del juicio FT5, y el sobreseimiento de Luis Ponce en la causa residual de Comisaría 5ta, donde estaba procesado por el secuestro de Jorge Julio Lopez en 1976.

Por HIJOS La Plata

La justicia penal federal platense continua desplegando generosidades de fin de año sobre los represores de la última dictadura: este mes apartó de las causas por “incapaz” al jefe de operaciones e inteligencia del Ejército en nuestra zona, envió a su casa al marino Juan Carlos Herzberg, que suma 3 condenas y ya violó la domiciliaria ocultando un arsenal en su casa, y sobreseyó al policía Luis Raúl Ponce en la acusación por el primer secuestro de Jorge Julio López en su casa de Los Hornos.
Mientras en muchos sectores preocupa la continuidad en abstracto de los juicios a los genocidas, los tribunales de instrucción y el encargado de realizar los debates orales demuestran con sus decisiones la emergencia real de los procesos en La Plata, donde en 12 años sólo se ha condenado a 70 de los 160 represores procesados en estas causas. La tardanza del Estado en acelerar los procesos juega a favor de la impunidad biológica de los represores, y los criterios ambiguos para sostener las acusaciones, aportar prueba y conceptuar el debido cumplimiento de las condenas está llevando a un cuello de botella donde cada vez más genocidas quedarán fuera de futuro juicios.



El coronel desorientado
Como informábamos hace poco, e titular del juzgado Criminal y Correccional N°3 de La Plata, Ernesto Kreplak, decidió apartar el pasado 2 de diciembre al coronel Héctor Humberto Gamén, alias “Toto” o “Beta”, de las causas por los delitos cometidos en los CCD “Pozo de Quilmes, “Pozo de Banfield” y Brigada de San Justo. Lo hizo siguiendo un pedido de la defensa del represor, que arguyó una resolución del TOF 1 de CABA en la causa por el CCD “Sheraton” donde se, había dictaminado que no se encontraba en condiciones de estar a juicio.
Los hechos investigados en La Plata se le atribuyen por su responsabilidad de mando en el Comando del Primer Cuerpo del Ejército durante los primeros 2 años de la dictadura. De hecho, como segundo comandante de la Brigada de Infantería X, con sede en el barrio Hipódromo de La Plata, y como jefe de la Central de Reunión de Información (CRI) de La Tablada, Gamén coordinó las tareas de inteligencia y operaciones de las patotas militares y policiales en los CCD del Circuito Camps y los de la Zona I del Primer Cuerpo.
Los informes del Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema de junio de este año afirmaron que Gamén estaba clínicamente compensado y sin evidencias de patologías físicas agudas, pero se lo notaba “desorientado en tiempo y espacio y con marcha vacilante”. Un segundo informe, ya con peritos de parte, habría corroborado que sus facultades mentales “no encuadran en la normalidad psicojurídica”, que “reviste la forma clínica de Deterioro neurocognitivo moderado a grave” y que “no se encuentra en condiciones de afrontar su derecho de defensa en juicio”.
En este caso se ordenó que Gamén sea peritado trimestralmente para determinar si recupera su capacidad de ser sometido a juicio. El genocida sólo fue condenado en 2011, en el primer tramo del juicio por los crímenes cometidos en el CCD “El Vesubio”, y con su nueva situación zafó de tres procesos en la Plata y dos en Comodoro Rivadavia.


El marino escoriado
En la sentencia del juicio por los crímenes de la “Fuerza de Tareas 5” de la Armada, el Tribunal Oral Federal N°1 había condenado el 19 de octubre pasado a Juan Carlos Herzberg, ex director del Liceo Naval y comandante de dicha fuerza en dictadura, a 25 años de prisión como coautor del delito internacional de Genocidio. Además. Había revocado, por mayoría de los jueces Carlos Rozansky y César Alvarez, las domiciliarias a todos los represores juzgados en el debate.
En tal decisión pesó, en el caso de Herzberg, el hecho de haberse descubierto durante el juicio que el marino ocultaba en su casa, o en poder de sus familiares, municiones y 11 armas de fuego: 8 calificadas “de guerra”, entre las calibre 12/70, las pistolas Smith &Weson, la Beretta, la Browning, los Winchester y hasta un fusil Máuser.
Pero dos meses más tarde la sentencia fue morigerada por otra resolución del TOF 1, que con votos de los jueces Alvarez y Castelli le volvió a otorgar el beneficio de la domiciliaria e informó que los últimos partes médicos afirman que Herzberg “deambula con dificultad, no autoválido, requiere asistencia parcial para higiene, vestido y alimentación”, “sufrió un golpe en la Unidad 28 del SPF que le produjo escoriaciones en el rostro, y será operado de cadera en el Hospital Naval Pedro Mallo el 18 de diciembre”.
Los jueces, que a partir d ella salida de Rozansky de los juicios serán la nueva mayoría en próximos procesos, determinaron que cumpla arresto domiciliario hasta que sea operado “y en función de
la evolución post operatoria, deberá volverse a analizar la modalidad de cumplimiento de la condena”.
En tanto el juez Rozansky recordó en su voto el incidente de las armas y opinó que “los crímenes por los cuales fue condenado Juan Carlos Herzberg, resultan de una magnitud claramente superior a la de cualquier escoriación, patología física o a la edad que figura en su documento de
identidad”. Por ello votó por su alojamiento en cárcel común con todos los cuidados o en un hospital penitenciario, y agregó que “enviarlo a su domicilio, donde no tendrá mayores restricciones, como si tienen los miles de condenados por nuestra justicia, transforma en la práctica, en mera formalidad, las condenas impuestas”.
Herzberg fue condenado en 2010 a 10 años de prisión por la apropiación de la hija de desaparecidos María Natalia Suarez Nelson Corvalán, y en 2014 a otros 12 años por “complicidad en el Genocidio perpetrado durante la última dictadura” en 3 casos de secuestros juzgados en el proceso referido al CCD “La Cacha”. Con la nueva decisión, y pese a acumular 3 sentencias en su contra, volverá a mirar la vida desde el departamento de Luis María Campos al 1400 de CABA.
Varios hechos recientes, que no han tenido la suficiente trascendencia, vienen a relativizar todo el proceso de Memoria, Verdad y Justicia. El último refiere a Luciano Benjamín Menéndez, el “Chacal”, el jefe del Comando del Tercer Cuerpo del Ejército en dictadura, condenado 12 veces a perpetua y con 2 sentencias más de 20 años de prisión, el genocida con más condenas de los 148 juicios que se hicieron en los últimos 9 años; que goza de prisión domiciliaria por razones de salud fue descubierto por una chica, a las 4 de la tarde, sentado solo, suelto, libre y sin custodia en una sala de espera médica, y cuyo detalle puede verse en https://www.facebook.com/laucharevista/?fref=nf



El policía impune ayer y hoy
Pero los presentes de fin de año no terminan allí. En otra resolución que va pintando sus amplios criterios en la toma de decisiones, el juez Kreplak decidió sobreseer en la causa N°21, residual de Comisaría 5ta, al represor Luis Raúl Ponce de la acusación que cargaba por el secuestro de Jorge Julio Lopez en su casa de Los Hornos el 27 de octubre de 1976. Tanto en sus declaraciones en instrucción como en el juicio a Miguel Etchecolatz de 2006, Lopez había mencionado que en su secuestro había reconocido a un joven oficial de apellido Ponce, que manejaba el móvil donde lo trasladaron a Arana, así como el que lo llevó de la Comisaría 8va a la Unidad 9 para su blanqueo. Lopez agregó que creía recordar que el agente se llamaba “Jorge Ponce” y que lo conocía del barrio.
Ponce también está procesado en la causa por torturas seguidas de muerte al joven Andrés Nuñez, ocurrida el 27 de septiembre de 1990 en la Brigada de Investigaciones de La Plata, donde comandaba un grupo de calle. Tras estar más de 20 años prófugo, Ponce fue detenido en agosto de 2012 en Junín de los Andes con identidad falsa, y se encuentra a la espera de juicio alojado en la Alcaidía Roberto Pettinato. Llamado a indagatoria en diciembre de 2012 en la causa por Comisaría 5ta, Ponce negó las acusaciones y trató de argumentar que Lopez había mencionado a un “Jorge Ponce”, que él no se llamaba así y que nunca había vivido en Los Hornos.
Más allá del detalle, en la causa consta el testimonio del policía Gabriel Ernesto Gonzáles, integrante de la Dirección de Investigaciones al mando de Etchecolatz, que dijo que “éste le había ordenado tareas de coordinación con las diferentes unidades regionales que funcionaban en la provincia de Buenos Aires, razón por la cual debía viajar constantemente a bordo de un auto conducido por un chofer de apellido Ponce”. También consta el relato del policía Luis Marcelo Vera ante la Conadep en 1984, que había sindicado a Ponce (“morocho, de pelo negro, en ese entonces usaba bigote, mas bien morrudo”) y a un oficial “Jaime” como agentes que operaban en Arana, donde “se torturaba y se quemaban los cadáveres de las personas que fallecían durante la tortura o en 'enfrentamientos'”.
En el derrotero de la causa, la Cámara Federal había confirmado el procesamiento de Ponce por el secuestro de Lopez en diciembre de 2012, y en marzo de este año el anterior juez de la causa, Eduardo Di Lorenzo había cerrado la instrucción y elevado el proceso a juicio en conjunto con hechos de Arana y Brigada de Investigaciones no juzgados en el juicio “Circuito Camps” de 2012.
Sin embargo, el 11 de diciembre el Dr. Kreplak resolvió sobreseer a Ponce con el argumento de que la fiscalía no había sostenido la acusación. De hecho el Ministerio público se había opuesto a la elevación a juicio en relación a Ponce y había pedido reconfirmar las testimoniales de Gonzáles y Vera. Sin detallar que éstos se hayan desdicho, según los fiscales “si bien las pruebas reunidas podían sustentar el procesamiento, no resultaban suficientes para formular acusación”. Hasta se animaron a afirmar que no alcanzaba para sostener la acusación en un juicio oral “la sola consideración de los testimonios de la víctima Jorge julio Lopez”. Además de poner en cuestión la palabra de las víctimas, los fiscales desligan con ello su propia responsabilidad en el hecho de que Lopez no podrá reafirmar en debate sus dichos por estar nuevamente desaparecido.
Como detalle final, Kreplak se encargó de aclarar que “el proceso en orden al hecho descripto no afecta el buen nombre y honor del que hubiera gozado el imputado”. Con ello se olvida Kreplak de Jorge Julio Lopez y de Andrés Alberto Nuñez.
Por el caso de Jorge julio Lopez, por el que fue condenado sólo el comisario Etchecolatz en 2006, también está acusado Jorge Antonio Bergés, en el mismo expediente del que ahora fue separado Ponce. Y a más de 9 años de su segunda desaparición forzada, por lo cual no hay imputados ni procesados, se conforma una nueva burla a la memoria del compañero.

Hoy más que nunca, para juzgar de manera plena la participación de agentes militares, policiales, penitenciarios y civiles en la represión, es necesario un mayor impulso de avance en los procesamientos, y en su llegada al debate oral. Si en 12 años sólo se juzgó al 40% de los represores procesados en todo el país, resulta claro, sobre todo por razones biológicas de los imputados, que el 60 % restante no podrá esperar otros 12 o 15 años y quedará impune si no se acelera el proceso, como los 230 procesados que fallecieron en esta década.
Este 24 de marzo, a 40 años del golpe, debemos imponer este reclamo en la agenda al nuevo gobierno, sumando todas las luchas contra la impunidad de los crímenes de Estado en democracia.

HIJOS La Plata
Diciembre de 2015

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lunes, 14 de diciembre de 2015

Balance de los juicios a los Genocidas a diciembre de 2015

FIN DE UN CICLO


Presentamos a continuación un informe sobre los procesos contra los genocidas de la última dictadura llevados adelante desde la anulación de las leyes de impunidad en 2003 hasta diciembre de 2015. Destacamos sólo los procesos que han pasado por la etapa de juicio oral y tienen sentencia de primera instancia de un tribunal federal del país, porque dan una idea más acabada del número de condenas a que se ha llegado en estos años.

Los datos son de elaboración propia de HIJOS La Plata en base a información pública tanto de las investigaciones de los organismos de DDHH, como del Ministerio Público Fiscal( www.mpf.gov.ar y www.fiscales.gob.ar) y del Poder Judicial (www.cij.gov.ar). Nuestra base de datos puede consultarse en www.hijosprensa.blogspot.com.ar

Otro año de caída
Con 17 juicios parciales concluidos y 115 condenas en lo que va de 2015, las causas contra los genocidas se van desdibujando entre la repetición de imputados y el estiramiento indefinido de la obligación del Estado de investigar y condenar a los genocidas. El debate político por la continuidad de los juicios en el gobierno de Macri ha ocultado los déficit de un proceso que se ha estancado hace 3 años. Las magras cifras de condenas que arrojó el período 2013/2015 hizo detener en los hechos un proceso había crecido desde 2010. Si se había tocado un techo de juzgamiento en dos decenas de juicios con un centenar y medio de condenas por año promedio, este año fue menos productivo y termina de consolidar la caída general del proceso.
Lo más probable es que reste sólo 1 sentencia en lo que queda del año: el juicio realizado en Capital federal a los apropiadores de Pablo Athanasiu Laschan, y aunque todos sean condenados no cambia el panorama general.
Desde la caída de las leyes de impunidad al 10 de diciembre de 2015 el Estado argentino sólo efectivizó 148 juicios orales con sentencia en todo el país. En esos 148 juicios hubo 869 procesamientos, y como resultado se dictaron 778 condenas sobre 634 represores, 80 absueltos y 9 muertos impunes mientras duraba el proceso y 2 apartados durante el juicio, por un universo de 3858 víctimas. Esto quiere decir que en 12 años alrededor del 40% del total de los 2.100 procesados desde 2003 fue llevado a juicio, y un 30% de aquel número de procesados fue condenado. Es interesante aquí plantear que habiendo llegado a juicio casi la mitad de los procesamientos en 12 años, resulta claro, sobre todo por razones biológicas de los imputados, que la otra mitad no podrá esperar otros 12 o 15 años y quedará impune (como los 230 procesados que fallecieron en estos 12 años) si no se acelera el proceso. Pero resulta que en lugar de acelerarse, el proceso viene decreciendo año a año.
Además, si seguimos tomando como referencia los 600 Centros Clandestinos de Detención que funcionaron en todo el país durante la dictadura, los 643 condenados siguen representando, a más de una década de anuladas las leyes de impunidad, un poco más de 1 represor condenado por cada CCD. Para completar el cuadro, hay menos de 130 represores con condena firme, es decir confirmada por los tribunales superiores del país, siendo que en muchos casos eso define si se los aloja en cárcel común o en sus casas. Esto marca claramente que la pretensión punitiva de estos procesos lejos está de representar la dimensión real del aparato represivo del Terrorismo de Estado.
Entonces, comparado con los 200 mil represores implicados en el Terrorismo de Estado entre el ’76 y el ’83, e incluso, comparado con los cerca de 2 mil procesados, ese 32% de condenados es menos auspicioso que lo pretendido desde los sectores oficiales como una “política de Estado” basada en “Memoria, Verdad y Justicia”.

Cifras generales
Si analizamos lo que fueron las distintas zonas represivas de la dictadura y a las fuerzas que participaron del Terrorismo de Estado, y subdividimos el total de juicios y condenas efectivizados por zona y por fuerza represivas, la perspectiva es mucho más desalentadora. Y obtenemos que respecto a las 3 zonas represivas más importantes, en lo que corresponde al Ejército y las policías y servicios penitenciarios provinciales se han hecho:
- 37 juicios en jurisdicción del Comando del Primer Cuerpo (Bs.As. y La Pampa) con 198 condenas. Agregamos aquí el detalle de que en 2015 sólo se realizaron 2 procesos en este ámbito: la causa por la represión en Junín y contra agentes del Batallón 601 por asociación ilícita.
- 30 juicios en jurisdicción del Comando del Segundo Cuerpo (NEA) con 150 condenas. Nuevamente, en 2015 sólo hubo 2 procesos en esta jurisdicción: la causa contra el subjefe de policía de Formosa y la conocida como “Saint Amant 2” en Rosario.
- 44 juicios en jurisdicción del Comando del Tercer Cuerpo del Ejército (NOA) con 264 condenas. Es esta la jurisdicción donde más juicios hubo este año (7 procesos), a la vez que donde más condenas ha habido en general, incluidas las 28 de este año sólo en el juicio que se realizó en San Luis.
Es lógico que las cifras sean mayores en esas jurisdicciones porque concentraron mayor número de centros clandestinos y de efectivos por ser las zonas más pobladas y de mayor actividad organizativa militante. Pero si revisamos otras jurisdicciones como la del Comando del Cuarto Cuerpo de Ejército, que incluyó 8 partidos del noroeste bonaerense vemos que el juzgamiento fue de 13 procesos con 53 condenas, la mayoría por hechos del CCD Campo de Mayo. Este año sólo concluyó en esta jurisdicción el juicio N°11 por hechos de aquella sede de mando militar, referidos a crímenes cometidos desde la Comisaría de Villa Ballester.
Y en el caso del Comando del Quinto Cuerpo, que abarcaba a toda la Patagonia, sólo se realizaron 10 juicios que condenaron a 71 policías y militares: 3 procesos en Neuquén, 3 en Chubut, 3 en Bahía Blanca (el último compartió imputaciones con efectivos de la Armada) y 1 en Río Negro.
En cuanto a los crímenes de la Armada, sólo se logró condenar a un total de 50 marinos, 9 prefectos y 8 civiles cómplices de esas patotas. Este año se logró la condena a 5 marinos y 3 prefectos en La Plata, en el juicio a la Fuerza de Tareas 5; además de 9 marinos y 4 prefectos sentenciados en la causa “Fracassi” de Bahía Blanca; la apropiadora de Javier Penino Viñas y los de Florencia Reinhold Siver, delitos cometidos desde la Escuela de Mecánica de la Armada. Precisamente, continúa su curso el tercer tramo por los crímenes de la Escuela de Mécánica de la Armada, que lleva 3 años de audiencias, donde han muerto impunes casi una decena de represores, y que se ha convertido en el proceso judicial más complejo de las historia penal argentina.
Además sólo 13 fueron los integrantes de la Fuerza Aérea y sus patotas condenados a la fecha: este año se sentenció a 2 oficiales de la 5ta Brigada Aérea en el juicio desarrollado en San Luis, y a 5 oficiales de la Fuerza Aérea y un civil de Inteligencia de esa fuerza en la causa Mansión Seré 2 en San Martín. Y hubo sólo 11 integrantes de Gendarmería condenados, en CABA, Córdoba, Tucumán y San Martín.
Por último, en 2015 hubo 2 novedades importantes: el ex juez Manlio Martínez fue el primer ex funcionario judicial de la dictadura condenado por secuestros, prevaricato y asociación ilícita; mientras que los espías del Batallón 601 Leonardo Sánchez Reisse, Rubén Osvaldo Bufano y Arturo Ricardo Silzle, que habían llegado procesados por 3 secuestros extorsivos de empresarios entre 1979 y 1981, fueron absueltos por mayoría por el TOF6 de Capital, que entendió cosa juzgada, y transformó el proceso en el primer juicio en que todos los procesados fueron dejados en libertad.

Grises y negros
Curiosamente venimos escuchando desde los sectores del kirchnerismo que cada año que se iniciaba sería realmente “el año de los juicios”, valoración propia de quien analiza en abstracto el proceso en lugar de ir a los números concretos. Si tomamos los últimos 5 años veremos que lejos de crecer exponencialmente, el proceso anual de juzgamiento tuvo un pico en 2012 y desde entonces viene decreciendo tanto en cantidad de juicios como de condenas anuales. Ni siquiera se ha podido mantener aquel tope de dos decenas y media de juicios con un centenar y medio de condenas cada año. El proceso venía creciendo desde las 19 juicios con 114 condenas de 2010, pasando a 21 procesos finalizados con 86 condenas en 2011. Como decimos, en 2012 fueron 25 juicios llegados a sentencia con 131 condenas, y en 2013 aunque se estancó en 23 juicios concluidos creció a 161 condenas. Fue a partir de allí que comenzó a decaer el proceso, llegando en 2014 a 20 juicios con 96 condenas y en 2015 a sólo 17 procesos con 115 condenas, es decir que se volvió a los promedios de 2010, cuando se había pegado el gran salto.
Es tan inocultable el estancamiento de la tendencia que el optimismo que trasmitía el habitual informe sobre el estado de las causas que el Ministerio Público Fiscal publica cada fin de año, se reflejó en un relevamiento estrictamente estadístico este año, dejando de lado los análisis detallados de otros años y sin siquiera alertar sobre el hecho básico de que más procesamientos con menos juicios por años generan un cuello de botella difícil de sortear. (1)
Ni siquiera se ha cumplido el prometido “salto cualitativo” de los juicios respecto a la cantidad de represores juzgados en cada debate: en los últimos 4 años el 45% de los procesos se han hecho contra 1 a 3 represores; mientras que los “mega-juicios” (10 represores o más) han caído a 3 sobre 20 en 2014 y 4 sobre 17 en 2015.
Poco se ha avanzado también en lo que respecta a los juicios por la apropiación de los hijos de los compañeros desaparecidos, contemplados en las figuras de supresión de identidad, retención y ocultamiento de un menor, falsificación de documento público y supresión de identidad. Como dijimos, este año sólo llegaron a sentencia los casos Penino Viñas y Reinhold Siver, mientras quedan casi 400 casos de restitución de identidad por resolver.
En donde se ha comenzado a desandar años de impunidad es en la comisión de delitos sexuales como parte del plan represivo, pero como un delito autónomo al de tormentos. Y si bien esta posición sigue siendo resistida por la mayoría de los tribunales del país, a los 2 represores condenados hasta el momento (Musa Azar y Miguel Garbi en Santiago del Estero) en los últimos años se han sumado condenas por violación y abuso deshonesto en los juicios Vesubio 2, Villa Urquiza de Tucumán, Mansión Seré 2, Armada de Bahía Blanca y Comisaría de Villa Ballester.
Sin embargo falta mucho para lograr imponer un criterio amplio de violencia sexual, que no se reduzca solo a las violaciones o abusos, sino también la exposición a la desnudez, los insultos, el ir al baño con un hombre mirando, la higiene personal, y todo lo que implicaba ser objeto de cosificación dentro del CCD. Estas violaciones a los derechos humanos de las mujeres han sido invisibilizadas durante mucho tiempo, por la vergüenza, la culpa, el temor y la estigmatización de las que son objeto las mujeres afectadas. Hoy es tiempo de que la justicia recepcione de una vez por todas estos hechos para dar cuenta completa de o que sucedía en los CCD.

Domiciliarias y reconciliación
El polémico editorial del diario La Nación, publicado insidiosamente horas después de resuelto el balotaje presidencial, ha reinstalado el debate sobre la significancia profunda de los juicios al igualar primero a todos los organismos de Derechos Humanos con el proyecto político del kirchnerismo, y al intentar luego confundir al pueblo sobre el proceso de juzgamiento con supuestas “nuevas violaciones de derechos humanos”. (2)
La derecha, que se ha cansado de quejarse de que los organismos defendemos “los derechos de los delincuentes”, sale ahora a pedir a los “políticos responsables” y a “los jueces compenetrados de su misión” actuar “en consonancia con la verdad histórica y los principios básicos del derecho penal”, es decir el retardo de los juicios y la impunidad biológica de los peores asesinos de nuestra historia tranquilos y en sus casas.
Pero el reclamo de la “tribuna de doctrina” de los Mitre no es el único eje cuestionador de la cárcel común: a ellos se suma un sector de los familiares y víctimas de terrorismo encabezados por Graciela Fernández Meijide y Norma Morandini, que confunden la reconciliación impune con el cumplimiento igualitario de la ley. (3)
Recordamos que este debate tiene un grave antecedente de septiembre de 2014, cuando la Corte Suprema reabrió la polémica por las domiciliarias a los genocidas, tras flexibilizar su propio criterio y otorgarle, por razones médicas, la domiciliaria a Roque Pappalardo, condenado a perpetua por el TOF de Mar Del Plata en marzo de 2012 por el asesinato del abogado laboralista Carlos Moreno. El cambio de criterio fue patente, porque hasta ahora la Corte priorizaba la cárcel común al contemplar que los genocidas conservan poder y capacidad logística de fugarse y complicar las investigaciones.
Sobre esas grietas se montan los sectores que buscan impunidad para cuestionar todo el proceso como una revancha. Con este antecedente cabría preguntarse entonces cuánto pesarán a partir del nuevo escenario político los reclamos del vocero de la derecha, cuando el propio Estado ha reconocido que en esta década el 40% de los represores judicializados cumplió arresto domiciliario, mientras hoy queda un 25% del total de 2.100.


La Plata sigue impune
Para La Plata el año 2015 sumó 8 condenas condenas en el juicio por la estructura represiva de la Armada y Prefectura en nuestra zona, conocido como “Fuerza de Tareas 5”. Pero el juicio siguió marcando el clásico desgüace de las causas. Tras tener 10 años la causa en sus manos, la justicia sólo procesó a un puñado de marinos y prefectos de la cadena de mandos. Varios sobrevivientes, que hacía años habían aportado su testimonio a la causa, así como víctimas de secuestro y homicidio cuys familiares fueron convocados al juicio no fueron tenidos en cuenta en el proceso. Muchos de esos casos fueron incluidos al final del debate por la intervención de nuestra querella de Justicia Ya y sin el acompañamiento de la fiscalía. Y antes de que la causa llegara a juicio oral murieron impunes 2 represores: el prefecto Tomás Méndez y el segundo comandante del BIM3 Antonio Mocellini.
Una vez más, sólo a través del pedido de nuestra querella de Justicia Ya, se logró poner las cosas en su preciso lugar: por primera vez en estos juicios logramos las condenas de los represores como co-autores del delito internacional de Genocidio. Porque si bien en otros fallos la sentencias marcaron que estos delitos se habían cometido en el “marco de un genocidio” que si bien fue un avance no definía que quienes habían sido los autores de estas atrocidades eran los responsables directos del genocidio, luego y más cercano en el tiempo logramos las condenas como “complicidad en el genocidio”, la complicidad, a nuestro entender, tampoco marcaba claramente al genocida, todos lo habían ayudado pero específicamente ninguno era genocida. De ahí que consideramos a este fallo que ubica claramente a este grupo como parte de los GENOCIDAS responsables con participación activa y directa en el genocidio.
Quedó también en evidencia con este juicio el rol activo en la represión de los directorios de las empresas más importantes, la complicidad de la burocracia sindical y la desidia sobre los lugares utilizados por la Armada y prefectura en Berisso y Ensenada, que se encuentran abandonados, sin señalizar o reutilizados en franca especulación inmobiliaria.
Con esto suman 70 los genocidas condenados en La Plata desde la reapertura de las causas, menos de la mitad de ellos sentenciados a perpetua. La cifra sigue siendo poco representativa para una zona que contó con al menos 15 CCD y miles de víctimas de la represión, y mucho más para una jurisdicción federal donde se juzgan los delitos cometidos en los 29 CCD de la Bonaerense de Camps, más las responsabilidades de como las patotas del Ejército, la Armada, el Servicio Penitenciario y agentes civiles de Inteligencia o grupos paraestatales como el CNU.
Pero además hay en La Plata unas 25 causas fragmentadas en instrucción con procesamientos que incluye nada más que a un centenar represores a ser juzgados en próximos juicios. Es decir que, aun presuponiendo la efectiva condena de todos los represores procesados en la jurisdicción federal La Plata, no superaríamos los 170 genocidas condenados en el horizonte de juzgamiento que el Estado propone.


Conclusión
La puesta en la balanza de estos 12 años de juicios ha tenido tantos vaivenes como los alineamientos políticos de la última década. Incluso la pretensión del secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda, referida a concluir los juicios en 2015 (4) parece hoy un mal chiste, cuando no un manotazo de ahogado, de quien quiere maximizar su tarea antes de irse, pero que de ninguna manera es practicable porque no puede hacerse a las apuradas lo que no se planificó anteriormente.
Hasta el juez Daniel Rafecas ha reconocido que en estos juicios “el modelo procesal aplicable, es vetusto y concede demasiadas ventajas defensistas que demoran permanentemente el progreso de la causa hasta el juicio oral”. (5)
Esas voces, que destacan el abandono de aquel rol de garante de impunidad y olvido que por 15 años había mantenido el Poder Ejecutivo nacional, basan su convicción de la continuidad de los juicios en que la mayoría de la sociedad apoya los juicios. Para nosotros, que no dejamos nunca de estar en las calles denunciando los crímenes de Estado de ayer y de hoy, estos nuevos 12 años están marcados por la segunda desaparición forzada de Jorge julio Lopez y el asesinato de Silvia Suppo, hechos sobre los que seguimos sin obtener respuesta del Estado Nacional y provinciales sobre estos gravísimo crimen perpetrados contra la continuidad de los juicios a los genocidas en nuestro país, y que cubrió con un manto de impunidad ese pretendido proceso de justicia. El expediente por la segunda desaparición de Lopez es un verdadero laberinto de la impunidad, que ningún gobierno se atreve a desandar. Quizás porque han pactado con las viejas prácticas de las fuerzas de seguridad provinciales y federales, que han asesinado a más de 4600 personas con gatillo fácil y torturas, y desaparecido a más de 200 en 32 años de democracia. Recordemos que este año la campaña de amenazas sobre el Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata tuvo sus efectos: el presidente del Tribunal, Carlos Rozansky, se excusó de participar en todas las causas en las que esté procesado el comisario Miguel Etchecolatz y que lleguen a sus manos para realizar los juicios orales. La pulseada comienza a ganarla Etchecolatz, símbolo de la represión en nuestra zona, que de alguna manera elije quién lo juzgará torciéndole el brazo a uno de los tribunales más prolijos de toda la justicia Federal de nuestro país.
Pero esta puesta en perspectiva histórica del Genocidio y de las consecuencias de la tardanza de 30 años del Estado en iniciar el juzgamiento de aquellos crímenes parece ser poca cosa frente a nuevas incertidumbres que se abren con la gestión de la derecha macrista, que ha dado sobradas muestras de que posee más apego por el emprolijamiento de la gestión para los negocios que por la Memoria contra el Genocidio. Así lo preanuncian los currículum del joven de la Fundación Konrad Adenauer y nuevo ministro de Justicia, Germán Garavano, como el de su próximo secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, hombre de la Daia en épocas de Rubén Beraja, mentor del pacto PRO-FPV para le gestión de edificio de la ESMA y quien le acercó a Macri a Jorge “Fino” Palacios.
En general, y siempre comparando lo que se ha avanzado con la dimensión histórica real de participación de agentes militares, policiales y civiles en la represión, es necesario un mayor impulso de avance en los procesamientos, así como mayor acumulación de las causas hacia la lógica del CCD o el Circuito represivo. Eso se logrará sólo con un mayor impulso político general del proceso juzgador, que debemos imponer en la agenda al nuevo gobierno, sumando a este reclamo todas las luchas contra la impunidad de los crímenes de Estado en democracia.
Lo único claro es que todas aquellas organizaciones de Derechos Humanos independientes del Estado y los gobiernos, que luchamos tantos años por reabrir estos procesos, no cejaremos en el reclamo a partir del nuevo escenario político nacional. Debemos redoblar la presencia en las calles y avanzar con mayor claridad en nuestros planteos políticos sobre los juicios. La primer prueba de ello será el 24 de marzo, cuando se estén cumpliendo 40 años de inicio de la dictadura. Y un primer balance lo tendremos en septiembre próximo, al cumplirse 10 años del segundo secuestro de Lopez.

A 40 años del golpe genocida seguiremos luchando por:

- CÁRCEL COMÚN, PERPETUA Y EFECTIVA A TODOS LOS GENOCIDAS. JUSTICIA POR TODOS LOS COMPAÑEROS.
- JUICIO A LAS BANDAS FASCISTAS QUE ACTUARON PREVIO AL GOLPE, A LOS CÓMPLICES EMPRESARIALES, ECLESIÁSTICOS Y DE LA BUROCRACICA SINDICAL.
- RESTITUCIÓN DE NUESTROS HERMANOS APROPIADOS. NO AL TRASLADO DEL BANCO NACIONAL DE DATOS GENÉTICOS.
- JUICIO Y CASTIGO A LOS RESPONSABLES DEL SECUESTRO Y DESAPARICIÓN DE JORGE JULIO LÓPEZ.
- BASTA DE AMENAZAS A LOS TESTIGOS EN LOS JUICIOS. JUSTICIA POR SILVIA SUPPO.
- BASTA DE GATILLO FÁCIL. FUERA LA POLICÍA DE NUESTROS BARRIOS.
- BASTA DE REPRESION Y PERSECUSIÓN A LOS QUE LUCHAN. LIBERTAD A TODOS LOS PRESOS POLÍTICOS. AMNISTÍA O DESPROCESAMIENTO A LOS LUCHADORES POPULARES.


30.000 COMPAÑEROS DETENIDOS-DESAPARECIDOS
¡¡¡PRESENTES!!!
¡¡¡AHORA Y SIEMPRE!!!

HIJOS LA PLATA


(1) http://infojusnoticias.gov.ar/upload_archivos/10484_100091_InformeLesa_final.pdf
(2) http://www.lanacion.com.ar/1847930-no-mas-venganza
(3) https://www.youtube.com/watch?v=ItE-Y2vExdo
(4) http://memoria.telam.com.ar/noticia/fresneda-aspira-a-que-los-juicios-concluyan-en-2015_n2549
(5) http://www.revistaharoldo.com.ar/nota.php?id=65

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¡Cuidado! Genocida suelto


El ex médico de la policía bonaerense Jorge Antonio Bergés fue uno de los tantos criminales siniestros que colaboraron con la última dictadura militar. Este nefasto personaje participó en la tortura y desaparición de muchos compañeros y compañeras. Además, asistió los partos de compañeras detenidas y fue el responsable de, al menos, 16 apropiaciones de bebés nacidos en cautiverio. En el año 1986 Bergés fue condenado a prisión pero las leyes  de obediencia debida y los indultos lo dejaron en libertad. En el año 1987, fue declarado persona no grata en Quilmes, ciudad donde reside actualmente. En el año 2004 fue nuevamente condenado a 7 años de prisión junto con el ex comisario Etchecolatz. Sin embargo, desde enero del 2014 y de manera poco clara, la justicia le otorgó a Bergés la posibilidad de cumplir su condena en su domicilio de Quilmes Oeste.
Creemos que esto es un nuevo retroceso en la lucha por la memoria, verdad y justicia. No admitimos que los responsables de tanto dolor para nuestro pueblo gocen del beneficio de la prisión domiciliaria. Este es otro de los tantos casos donde la justicia no se realiza, donde el Estado no la garantiza. Es necesario que todos los colaboradores de la dictadura paguen con prisión común los crímenes de lesa humanidad cometidos. Crímenes contra los que luchamos aún en la actualidad. No olvidamos que durante los últimos 12 años hubo cantidad de casos de tortura y desapariciones, de los que este gobierno que se retira es responsable. Julio López, Luciano Arruga, Marita Verón y los pibes que todos los días son víctimas de gatillo fácil son la contracara de un Kirchnerismo que tanto discurso hizo de los DDHH.
En Quilmes quien fuera intendente de facto entre 1979 y 1981, Julio Cassanello, sigue cumpliendo funciones en el estado dentro del Poder Judicial. Recordemos también, que el “Pozo de Quilmes”, ex centro clandestino de detención, donde Bergés actuaba, todavía hoy funciona como una comisaría. 
Otro caso que pone de manifiesto la necesidad de seguir denunciando la represión institucional es el de los conocidos acuerdos entre las fuerzas represivas, los servicios de inteligencia y las universidades. El rector de la UNQUI, Mario Lozano, firmó este año un convenio con la AFI (Agencia Federal de Inteligencia) para legitimar el espionaje y la persecución de militantes populares, profundizando la criminalización de la protesta social. Convenio que sigue la línea que marcó a nivel nacional la aprobación de la “Ley antiterrorista”, el proyecto X y la designación de Cesar Milani, quien hasta hace pocos meses fuera Jefe del Ejército, acusado por la desaparición del soldado Ledo durante la última dictadura militar. legado que dejó el gobierno saliente y el cuál entendemos que retomarán quiénes ocupen los sillones de aquí en adelante. Muestra del rumbo que tomará el próximo gobierno en materia de DDHH es la columna editorial del diario La Nacion del día 23 de Noviembre, donde retoman de manera totalmente repudiable la teoría de los dos demonios y piden beneficios para los genocidas condenados.
El Estado no es garantía de Memoria, Verdad y Justicia, y demuestra constantemente defender intereses opuestos al interés común de todo nuestro pueblo. Es por eso que la lucha debemos darla en las calles. Exigimos que se respeten los derechos humanos de ayer y de hoy. Exigimos justicia por todos los crímenes del Estado contra el pueblo.

Convocamos a una movilización y señalización del domicilio de Bergés, reclamando:

Cárcel común para Jorge Antonio Bergés y todos los asesinos y torturadores.

Apertura de los archivos de la última dictadura.

Desmantelamiento de los edificios utilizados como centros clandestinos de detención.

Justicia por todas las víctimas de gatillo fácil y la represión de Estado.

No a la impunidad de ayer y de hoy!

30.000 compañeros detenidos-desaparecidos,
¡PRESENTES! ¡AHORA Y SIEMPRE!

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domingo, 13 de diciembre de 2015

La justicia platense apartó al represor Héctor Gamén de las causas de Lesa Humanidad

¿NI UNO MENOS?
Por HIJOS La Plata


El genocida fue segundo jefe de la Brigada de Infantería X y titular de la Central zonal de Inteligencia del Ejército que diezmaron con sus patotas la zona sur del conurbano. Se le dictó “incapacidad sobreviniente”. Sólo fue condenado por sus crímenes del CCD “El Vesubio”. Con esto queda fuera de los más importantes juicios que se vienen en La Plata uno de los peces gordos de la represión en nuestra zona.

El titular del juzgado Criminal y Correccional N°3 de La Plata, Ernesto Kreplak, informó el pasado 2 de diciembre su resolución sobre el incidente planteado por la defensa del coronel Héctor Humberto Gamén, alias “Toto” o “Beta”, sobre su incapacidad para continuar afrontando los procesos en su contra.
La defensa, a cargo del abogado Gerardo Ibañez, había pedido la suspensión de la acusación contra Gamén en la causa por el Pozo de Quilmes y había citado una resolución del TOF 1 de CABA en la causa por el CCD “Sheraton” que en octubre pasado y luego de una “profusa labor pericial”, había dictaminado que el represor no se encontraba en condiciones de estar a juicio, por lo cual pedía al tribunal platense que resuelva en consecuencia.
Gamén fue condenado a prisión perpetua en 2011, en el primer tramo del juicio por los crímenes cometidos en el CCD “El Vesubio”, y compartió sentencia con Hugo Pascarelli y 5 penitenciarios Federales. De aquella sentencia zafó el jefe del CCD, Pedro Durán Sáenz, que murió durante el debate oral.
Pero además, Gamén estaba procesado con prisión preventiva en 3 causas del Circuito Camps: las referidas a las Brigadas de Investigaciones de Quilmes, Banfield y San Justo, que están cercanas al juicio oral. Y llevaba 2 procesamientos más en Comodoro Rivadavia como jefe de la IX Brigada de Infantería en la subzona 53.
Los hechos investigados en La Plata se le atribuyen por su responsabilidad de mando en el Comando del Primer Cuerpo del Ejército durante los primeros 2 años de la dictadura. De hecho, como segundo comandante de la Brigada de Infantería X, con sede en el barrio Hipódromo de La Plata, y como jefe de la Central de Reunión de Información (CRI) de La Tablada, Gamén coordinó las tareas de inteligencia y operaciones de las patotas militares y policiales en los CCD del Circuito Camps y los de la Zona I del Primer Cuerpo.
La mentada “profusa labor pericial” sobre Gamén refiere a un primer informe del Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema fechado en junio de este año, donde las doctoras Elena Foschini y María Chamot concluyen en que si bien el imputado estaba clínicamente compensado y sin evidencias de patologías físicas agudas, se lo notaba “desorientado en tiempo y espacio y con marcha vacilante”. Un segundo informe, ya con peritos de parte, habría corroborado que sus facultades mentales “no encuadran en la normalidad psicojurídica”, que “reviste la forma clínica de Deterioro neurocognitivo moderado a grave” y que “no se encuentra en condiciones de afrontar su derecho de defensa en juicio”. Sin objeciones del fiscal que interviene en la causa de CABA, Martín Nikilson, el tribunal porteño ordenó suspender el proceso contra Gamén y ordenó que sea peritado trimestralmente para determinar si recupera su capacidad de ser sometido a juicio.
En este último sentido, existe un antecedente en los 148 juicios que concluyeron desde anuladas las leyes de impunidad, donde el represor Aldo Carlos Máspero, procesado por crímenes cometidos en el CCD “La Cueva” de Mar del Plata, había sido declarado incapaz en 2012, pero un año más tarde recobró la lucidez y fue llevado a juicio y condenado a perpetua en 2014 en el tercer tramo de aquel proceso.
La decisión del juez Kreplak de apartar a Gamén en causa “Pozo de Quilmes” se hizo extensiva esta semana a los expedientes por el “Pozo de Banfield” y Brigada de San Justo, donde compartía la preventiva desde hace más de 3 años con otros 30 represores. Con esto queda fuera de los más importantes juicios que se vienen en La Plata uno de los peces gordos de la represión en nuestra zona. Durante el juicio por “el Vesubio”, al que Gamén asistió a todas las audiencias en libertad, se conoció un dato revelador de su legajo: su superior inmediato, el general Juan Bautista Sasiaíñ, reconocía que tenía poder de decisión sobre matar o preservar la vida de un secuestrado al corroborar “su participación de hecho o de asesoramiento en todas las decisiones en que hubo que decidir el destino de los delincuentes subversivos. En esto siempre estuvo en primera línea. No hay General de Brigada que no lo haya visto apretar la cola del disparador”.

Como venimos sosteniendo, la tardanza del Estado en juzgar a los genocidas y la pereza que presenta la situación actual de la política de Juicio y Castigo, la palpable improvisación en la ejecución de herramientas que completen y aceleren el proceso, nos produce a muchos un efecto inverso al que debería generar la de una pretensión de Justicia: la sospecha de que cada juicio que se concreta fuera no la posibilidad de continuar avanzando con otras investigaciones por demás lejanas, sino la clausura del necesario esclarecimiento de responsabilidades sobre hechos, víctimas y verdugos que han sido arbitrariamente relegados de los debates que se han efectivizado.
El reciente debate político por la continuidad de los juicios en el gobierno de Macri ha ocultado los déficit de un proceso que se ha estancado hace 3 años. Las magras cifras de condenas que arrojó el período 2013/2015 hizo detener en los hechos un proceso había crecido desde 2010. Si se había tocado un techo de juzgamiento en dos decenas de juicios con un centenar y medio de condenas por año promedio, este año fue menos productivo y termina de consolidar la caída general del proceso.
Y como sabemos, para juzgar de manera plena la participación de agentes militares, policiales, penitenciarios y civiles en la represión, es necesario un mayor impulso de avance en los procesamientos, y en su llegada al debate oral. Si en 12 años sólo se juzgó al 40% de los represores procesados, resulta claro, sobre todo por razones biológicas de los imputados, que el 60 % restante no podrá esperar otros 12 o 15 años y quedará impune si no se acelera el proceso, como los 230 procesados que fallecieron en esta década.
Eso se logrará sólo con un mayor impulso político general del proceso juzgador, que debemos imponer en la agenda al nuevo gobierno, sumando a este reclamo todas las luchas contra la impunidad de los crímenes de Estado en democracia.

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miércoles, 2 de diciembre de 2015

Barañao y el Banco de Datos Genéticos



Con Lino Barañao, ministro de Ciencia y Tecnología de los K que mantendrá su empleo con Macri, no sólo Monsanto y los laboratorios se aseguraron la continuidad de sus intereses en ese ministerio.
Vale recordar que con Barañao se ejecutó uno de los zarpazos más descarados de los gobiernos K contra el movimiento de derechos humanos: el desguace del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) y su traslado del Hospital Durand al edificio del ministerio, en Palermo.
El BNDG es un preciado botín. Fue creado en 1984 por la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo, encabezadas por "Chicha" Mariani. Desde entonces fue un instituto público dedicado a identificar a los hijos apropiados por la dictadura y también casos ocurridos en democracia, en forma gratuita. Un centenar de nietos fueron identificados gracias al BNDG.
En 2009, el kirchnerismo hizo aprobar en el Congreso un recorte de las competencias del BNDG y su traspaso a la órbita del ministerio de Ciencia. Su pretensión es convertir el BNDG en la plataforma para el desarrollo de la "medicina genómica" (personalizada) en sociedad con el capital privado. Para "coordinar" el traspaso Barañao nombró a Hernán Dopazo, un lobbista de los grandes laboratorios. Recientemente fueron designados, mediante de un "concurso hecho a medida", dos accionistas de laboratorios genéticos privados.
Familiares, organismos de derechos humanos independientes como el Colectivo Memoria Militante, Hijos La Plata y Apel, junto con Abuelas históricas como "Chicha" y Elsa Pavón, denunciamos este operativo, que aún sigue su trámite en la Justicia. El gobierno porteño de Macri, por su parte, primero guardó silencio cómplice. Más tarde, bloqueó un proyecto de declaración contra el traslado del BNDG presentado en la Legislatura por Marcelo Ramal, del Partido Obrero en el Frente de Izquierda. Luego, dejó correr el traslado ilegal de muestras y equipos. Finalmente, ratificó a Barañao. Las conclusiones son evidentes.
Estela Carlotto y las Abuelas oficialistas apoyaron a Barañao. Con su continuidad, Macri ratifica la orientación social de la ciencia pública al mismo tiempo que explora un punto de apoyo entre los organismos de derechos humanos que acompañaron su gestión.
No al desguace del Banco Nacional de Datos Genéticos. No al traspaso.

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